Si el ministro del Interior y su director general de Tráfico sabían de la gravedad y las consecuencias del temporal de nieve que se avecinaba el día de reyes, malo. Si no lo sabían, pues mucho peor.

Juan Ignacio Zoido es un político sin reflejos, acostumbrado por su formación jurídica a cogérsela con papel de fumar y para colmo su actuación como responsable de la seguridad de los ciudadanos de este país, está quedando como la de un gobernante sin iniciativa, que siempre cumple órdenes de más arriba, no importándole quedar ante la opinión pública como un distinguido guardia de tráfico con sueldo, escolta y coche de ministro.

Por la foto que se ha publicado del palco del Sánchez Pizjuán en el derby Sevilla-Betis, observamos que su semblante es serio, como en un funeral aunque haga como que aplaude. Claro que no se sabe muy bien si por las noticias que le llegaban de los ciudadanos atrapados con sus coches en la AP-6 o por los cinco golazos que esa tarde tuvo que encajar el equipo de sus amores frente al eterno rival de Heliópolis. Me inclino a pensar en lo primero, ergo si en su ADN hubiese una pizca de instinto político, habría saludado a los presidentes anfitriones, se habría hecho la foto y hubiese andado un kilómetro escaso para coger el Ave a Madrid, tras decirle a Gori, “niño, que nos vamos, que no me quedo a ver el partido”.

Zoido parece que aún no se ha enterado de que ya no es alcalde de Sevilla y no tiene pinta de que vuelva a serlo.

Juan Ignacio ya no es @zoidoalcalde

Pero no, Zoido parece que aún no se ha enterado de que ya no es alcalde de Sevilla (y no tiene pinta de que vuelva a serlo). Ni siquiera será candidato alguien de su cuerda ya que su pulso brutal con Javier Arenas en el PP de Sevilla lo perdió contra todo pronóstico. Juan Ignacio Zoido parece que aún no se ha enterado de los problemas importantes de su competencia en sitios como Cádiz, Algeciras, Almería, Motril, Málaga, Archidona… mucho más serios que los que tiene Sevilla, un poner.  Pero él erre que erre, mucha visita protocolaria de largos fines de semana “caribeños” que tanto criticamos a otro juez, al desaparecido presidente del Supremo que dimitió. Así, entre actos oficiales montados con calzador y reuniones protocolarias con el mundo social y cofrade, en el álbum de fotos sevillanas del ministro del Interior la Delegación del Gobierno o cualquier iglesia o hermandad, son sus photocales habituales.

El caso de su amigo, paisano y protegido Gregorio Serrano, Director General de Tráfico, es ligeramente distinto porque montar algo cada fin de semana en Sevilla relacionado con Tráfico, como no sea un control de alcoholemia, es bastante complicado y no es plan.

Así, mientras el ministro ocupaba butaca en el derby sevillano, Serrano hizo lo que ha contado públicamente, coordinar todo desde el despacho de su casa, como cuando mandaba en Marcasevilla o en la Feria de Abril, en contacto permanente con la sede central de la DGT y es de suponer que con el ministro que estaba en Nervión, encajando goles. Si el ministro que es el que más manda estaba en el futbol, él estaba como otras muchas veces en su vida, enganchado al teléfono y dando cuenta a juaninasio de cómo iba la cosa. La confianza entre ambos es total desde hace años.

tuit_gregorio_serrano_Nevada

Claro que Serrano tiene derecho a estar el día de Reyes con sus hijos en Sevilla, pero argumentar esa circunstancia personal revela algo más grave e inquietante: que el gobierno no dispuso de información real con antelación para emplearse a fondo desde que empezaron a caer los primeros copos de nieve. Y si la tuvo no hizo lo que debía en aplicación del protocolo correspondiente.  Si a ese sarcástico tuit de Serrano que tanto ha incomodado en el PP, le añadimos que se agarró como un clavo ardiendo a la imprevisión de muchos conductores, el cóctel es políticamente imbebible.

Quienes conocen a Serrano están convencidos que sí el Director General de Tráfico hubiese conocido la que se nos venía encima, sin dudarlo hubiese pillado un Ave urgente para estar en Madrid ante las pantallas, “Gori siempre fue un currante nato” recuerdan “y el estar en la misma ciudad que el ministro le aportó cierta seguridad sobre que estaba actuando bien, al fin y al cabo estaba con su amigo que fue quien le nombró”. De igual forma los defensores de Serrano destacan que muchos quieren dar la sensación de que el director general es un superhombre y que debió estar ante las pantallas de la DGT en todo momento, cuando la realidad es bien distinta. Son los cargos técnicos de la DG de Tráfico los que de verdad saben cómo afrontar estas situaciones de crisis. Muchas veces el político lo único que hace es estorbar en estas situaciones de emergencia.

Esta vez a Gregorio Serrano, tras la polémica y el cabreo generalizado por el desastre de la AP-6, se le ha puesto cara de quedarle pocos telediarios en el puesto.

Desde el punto de vista político, que Serrano coordinase por teléfono móvil y desde su tablet en Sevilla las operaciones del imposible rescate de los atrapados en Castilla-León, le ha colocado en una situación más complicada que cuando tuvo que hacer frente a lo de su piso oficial en un pabellón de la GC, al poco tiempo de ser nombrado en el cargo. Esta vez a Gregorio Serrano, tras la polémica y el cabreo generalizado por el desastre de la AP-6, se le ha puesto cara de quedarle pocos telediarios en el puesto. En las imágenes de televisión se le ha visto muy descolocado y serio, motivos no le faltan desde luego.

La secuencia gubernamental en la crisis del día de Reyes ha sido grotesca. El ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, que ocupa el mismo sillón que tuvo Magdalena Álvarez – hoy en un banquillo por los Eres – se escurrió en el minuto uno echando la culpa a Iberpistas (Abertis), la concesionaria del servicio que desde 2011 ha prescindido del 23% de la plantilla, aumentando lógicamente su facturación y beneficios empresariales.

El titular de Justicia, Rafael Catalá, salió por su cuenta pidiendo “perdón” a los ciudadanos afectados. Zoido y Serrano son, por tanto, los malos de esta película les guste o no, las victimas políticas de la gran nevada que como es lógico acabará en el Congreso donde, tranquilidad, las reprobaciones tienen menos efecto y valor que aquellos duros antiguos que tanto en Cádiz dieron que hablar.

El teletrabajo

Las redes sociales, o sea el rugir de lo bueno y lo malo de la calle, están ardiendo con la polémica. Aquí nadie se refiere, por ejemplo, a la polémica adjudicación en su día de la AP-6 a Iberpistas. No, los memes y las coñas, han estado centradas en que el DG de Tráfico “trabajó” desde su despacho “en Sevilla”. Y muchos se han rasgado aquí las vestiduras coincidiendo, por cierto, con la oficialización del llamado “teletrabajo” por parte de la Junta de Andalucía para los funcionarios autonómicos que usarán dos horas y media semanales para “trabajar” en su propio domicilio. Todo ello como argucia legal para sortear la sentencia del TC que invalidó las 35 horas semanales para los integrantes de la función pública andaluza.

Pero el trabajo a distancia parece que está permitido para los funcionarios, – incluso para Puigdemont, según algunos – pero no para un Director General de Tráfico que, para colmo, en un alarde de sinceridad infantiloide riñe a los que no llevaban cadenas, agua, bocatas ni batería suficiente en el móvil.

A los tres días de la nevada, Rajoy no ha abierto aún la boca.

Sería de utilidad e interés que quienes critican que Serrano “estaba en Sevilla” nos explicasen qué cosas no pueden afrontarse a través de las líneas de fibra óptica de las que, efectivamente y sin chauvinismos, fuimos pioneros antes de la Expo 92 y, por el contrario, necesitan de la presencia física en Madrid de quien imparte instrucciones tras recibir toda la información. ¿Dónde está el problema? El que es incapaz en Madrid lo es en Sevilla, en Barcelona o Baracaldo.

A Gregorio Serrano se le puede y se le debe criticar por las cosas que ha dicho en plena crisis en un tono como si estuviese en la barra de Trifón con los amigos, de cañas un sábado a mediodía. Pero no parece de justicia que se le critique por realizar sus funcionesdesde Sevilla, mediante las tecnologías de la comunicación que, por otra parte, utilizan a diario decenas y decenas de cargos públicos en España, sin que nadie cuestione la validez de esa forma de trabajar. Más bien lo contrario, “no sabes lo útil que me resulta usar la firma electrónica en casos de urgencia” confesaba hace tiempo un alcalde viajero.

Tras la gran nevada, el estado de cabreo de los afectados y la puesta en evidencia de que ha habido errores graves a la hora de preservar la seguridad de los ciudadanos, han situado al gobierno de Mariano Rajoy en una delicada situación. Sus incendiarias proclamas de hace unos años pidiendo la dimisión de la ministra socialista de Fomento, Magdalena Álvarez, cuando la nevada de la era Zapatero se han hecho virales y hablan por sí mismas. A los tres días de la nevada, Rajoy aún no ha abierto la boca.

Si se la piden, Zoido dará la cabeza de Serrano

El contexto político, por tanto, es perfecto para que ruede alguna cabeza en esta crisis y todos los indicios apuntan al ahijado político de Zoido, el eslabón más débil de todos, porque sobre sus espaldas recae la destilación política de la furia de los usuarios afectados, canalizada ahora por los partidos políticos. Llegado el caso de tener que poner la cabeza de Serrano en bandeja, nadie duda de que Juan Ignacio Zoido hará lo que le manden, como siempre.

Y ya que todo ha terminado, especialmente para los ciudadanos bloqueados por la nieve, ahora es el momento de concienciar a los automovilistas y no de reñirles como a reclutas por no llevar cadenas. Millones de euros se gasta la DGT cada año en campañas de publicidad y muy pocos pueden recordar una en la que se insista en las medidas a tomar ante los riesgos de un viaje por las carreteras de nuestra particular Invernalia.

También es la hora de exigir responsabilidades a quien permitió el acceso a la autopista de miles de coches (por supuesto tras pagar el peaje) sabiendo como ya se sabía de la imposibilidad de transitar. Ahí ha estado el mayor problema esta vez.

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