En asuntos poblacionales vinculados a conflictos laborales, hemos de poner en relación los hechos demográficos con los problemas sociales. Es decir, para conocer los “por qué” y sus consecuencias es necesario analizar el contexto de la población en cuestión.

Así, resulta que en España habitan casi un millón de mujeres mas que de hombres. Es decir, que las tasas de fecundidad e inmigración nos dicen que, según el Movimiento Natural de Población, residen en España un total de 22.813.635 hombres y 23.654.467 mujeres

Ahora bien, si consideramos el número de personas ocupadas, (personas trabajando), según datos del INE durante el cuarto trimestre de 2016, vemos que desarrollan una labor remunerada un total de dieciocho millones y medio de personas, de las cuales existe una diferencia de género de más de un millón y medio a favor de hombres en contraposición con las mujeres.

Pero si continuamos descendiendo un poco más y nos centramos en el colectivo de la Guardia Civil, tenemos que, de una población de ochenta mil personas, aproximadamente, el porcentaje de representación femenina es de un paupérrimo 7%, pudiendo por tanto hablar de exclusión de género .

Pero pensemos en como se aborda este problema por las personas que desarrollan las políticas que marcan las líneas en la Institución. Así nos encontramos con que el anterior Director General, ahora en Red Eléctrica, afirmó que las condiciones de acceso eran las mismas para hombres y mujeres, y que por tanto ya no se podía hacer más. Supongo que eso es lo más cómodo de pensar, pues nada se ha de hacer y nada se ha de cambiar. Además no se encontrará objeción alguna a este planteamiento en un entorno totalmente masculinizado. En el año 2015 las mujeres representaban algo menos de la tercera parte del total de quienes ocupaban los órganos superiores y los altos cargos de la Administración General del Estado (hasta Director/a General), pero en la Guardia Civil el 100% de los altos mandos son hombres, y jamás se ha puesto al frente a una Directora General.

Si hablo de todo esto es para poner de relieve el drama de Alicia, una guardia civil destinada en Salamanca, que ha tenido que soportar cómo delante de sus compañeros era apartada del servicio mientras preparaba un control de carretera, y enviada a su domicilio por “atreverse” a usar su propio chaleco antibalas. Esto, tras advertir a su superior jerárquico que el chaleco oficial era para uso masculino y no adaptado a su fisionomía y complexión, impidiéndole la libertad de movimientos y el desarrollo efectivo de su trabajo.

El calvario de Alicia no terminó ese día, más bien empezó, pues su “atrevimiento” le costó la apertura de un procedimiento en Juzgado Togado Militar por un delito militar de insubordinación. Sí, ya se que no estamos en guerra, pero aún existen en nuestro país ciudadanos de segunda en nuestra democracia, donde el uso de un uniforme sirve de excusa para aplicar tal legislación militar, aun en tiempos de paz. Pues bien, precisamente en este mes de enero se cerró el proceso judicial militar contra Alicia, y la Jueza decidió archivar la causa, afirmando en el auto que los chalecos oficiales de la Guardia Civil discriminan a la mujer: “A juicio de esta Juez, es evidente que la razón de la actitud de la Guardia Dª Alicia no fue otra que poner de manifiesto la dificultad que le entraña la prestación del servicio haciendo uso del chaleco antibalas oficial, la discriminación en la adquisición de los equipos de trabajo para el desempeño de la actividad policial –inexistencia de chalecos antibalas específicos femeninos- y la incidencia negativa en su seguridad y salud con ocasión de los equipos de trabajo”.

Queda mucho por hacer, aún el calvario de Alicia no ha terminado, pues podría darse la situación que por los mismos hechos ahora sea el mismo mando que la relevó aquel día del servicio por utilizar su propio chaleco, quien le abra un expediente disciplinario. Precisamente ahora, que la Guardia Civil viene a atender la reivindicación de la asociación profesional AUGC en la compra de chalecos adaptados a las distintas fisionomías.

Sería infinitamente mejor, que en lugar de esforzarse en aplicar el Código Penal Militar, la Guardia Civil se centrase en abordar la falta de perspectiva de género y aplicar políticas de personal que pongan fin a la segregación. Es necesario trabajar para convertir a este cuerpo de seguridad en una institución moderna y plenamente adaptada al siglo XXI, así lo demandan los hombres y las (escasas) mujeres que la componen, para beneficio de la sociedad en su conjunto, y para acabar con la coexistencia de ciudadanos de primera y de segunda en nuestro país.

 

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Guardia civil destinado en la unidad de Tráfico de Tenerife, es el secretario de comunicación y portavoz de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), mayoritaria en la Guardia Civil. Ingresó por vocación y pronto se convirtió en un luchador ingénito en la defensa de los derechos de los y las guardias civiles, para conseguir el cambio hacía una Guardia Civil plenamente democrática y del siglo XXI. Actualmente desarrollando el Trabajo Fin de Grado de Sociología, por la universidad de La Laguna, en la realización de un estudio sobre la percepción de ciudadanía de los guardias civiles y su relación con la sociedad.

2 Comentarios

  1. Y un huevo. En los 25 años que llevo en el Cuerpo solo he visto beneficios a las mujeres solo por serlo: las pruebas físicas para el acceso a la Guardia Civil son mas suaves (en el caso de ascensos algunas ni las realizan del todo), en mi primer destino a los hombres se les adjudicaba fusil (4,5 kg de peso) y a las mujeres subfusil (2,5 kg), se destinaba a hombres a cuarteles penosos y a mujeres a cuarteles mejores, he visto hombres sancionados por tener un accidente con un vehículo oficial y a mujeres destrozar medio coche y no pasar nada (todo ello en medio de un mar de lagrimas ante el capitán), he soportado burlas de “compañeras” diciendome que como son pocas y hacen falta en todas partes podían ir a donde quisieran mucho más rápido que yo (y lo malo es que es verdad), la mayoría cuando se quedan embarazadas se dan de baja al cabo de 1 mes (una tuvo dos hijos y no la vimos el pelo en 3 años), si el marido trabaja piden jornada reducida y 12 años sin hacer un solo turno completo, los mandos no se atreven con ellas por miedo y salvo unas pocas que cumplen tanto o más que cualquier hombre, si le ponen un poco de “cara” viven de p.m. Y así podríamos seguir un largo rato. Existen casos de discriminación por razón de género, sí, como en todas las profesiones, pero el artículo es mas falso que una moneda de 6 céntimos. La Dirección General ordenó hace poco tiempo utilizar en el servicio exclusivamente material adjudicado y no el particular, si la guardia no puede usar los de dotación es mejor que no realice ese servicio que exponerse a que resulte herida en un tiroteo (¿quien homologa su chaleco?) y que encima se acuse al mando de obligarla a realizarlo sin medios adecuados. El artículo aprovecha la ocasión para lo de siempre: la naturaleza militar y la sindicación, pero realista, poco o nada.

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