¿Estamos tontos o qué? El asalto al poder del que algunos hablan ilusionadamente ya se produjo hace mucho, aunque no lo ha efectuado ni el pueblo ni ningún otro ente romántico, sino los peones de quienes manejan la pasta, que casi siempre suelen vencer en estas batallas. El dictamen previo a la sentencia que los tribunales europeos dictarán sobre las cláusulas-suelo en España es una evidencia. Y no muy difícil de interpretar. Quizá el Tribunal, en último término, tenga la vergüenza de hacer justicia y aplicar el fundamento jurídico del mismo que describe como práctica irregular cobrar estas clásulas y, por tanto, obligar a devolver el dinero acumulado ilegítimamente; afirmar o proponer que esto no se debería hacer porque supone un fuerte golpe económico a los bancos y por tanto un riesgo a las cuentas de todos es, sencillamente, consolidar un modelo delictivo con patente de corso, literal, para piratear a mayor gloria nuestra, los robados. ¿Cómo no van a tener alas para hacer lo que se les pone en la punta de la nariz? A mí, verbigracia, me han llamado y me han enseñado un documento para “mejorar” las condiciones de mi hipoteca a cambio de renunciar a cualquier tipo de reclamación, con dos detalles sin importancia: no me permitieron sacar a la calle el documento de la oficina de mi caja… y en realidad las condiciones eran un empeoramiento de las firmadas pero como son sin suelo me suponían una leve mejoría actual que, claro, con cambios futuros los intereses podrían incluso empeorar mi cuota, paralizada hace una década, esto es: a cambio de no denunciar ni reclamar lo mío, me ofrecen pagar más. ¿Qué defensa tengo frente a esto? No son listos, son poderosos.

Otra evidencia de este asalto es la sentencia del Constitucional que reconoce que el Gobierno puede regular la atención médica a los simpapeles porque “[…] la universalidad no puede confundirse con un derecho a la gratuidad en las prestaciones y los servicios sanitarios”; si la justicia se mide en función de las cuentas del Estado, esta sentencia ni quita ni pone rey, sólo ayuda a su señor. ¿Cómo se puede plantear cobrar facturas enormes por asistencias graves a gente que no tiene donde caerse muerta? La indiferencia de contable cabrón del Gobierno es inhumana pero la consolidación de este racismo económico por parte del sistema judicial, que ha dejado a 750.000 personas sin tarjeta sanitaria, demuestra que la separación de poderes es algo que los mismos poderes sólo contemplan en la teoría, porque algunos nombran a quienes interesan y otros sentencian creyéndose ya parte de los que nombran. La viabilidad del sistema no es cosa de jueces sino de políticos, el Poder Judicial debería preocuparse de hacer cumplir las leyes sin tomar parte, así lo reclaman en este asunto Médicos del Mundo o Amnistía Internacional y otras tantas ONGs que consideran la sentencia un escándalo lamentable y favorecedor de la discriminación.

Atender médicamente a alguien, tanto como educarlo, proporcionarle los mínimos para poder vivir dignamente con su libertad e integridad física… deberían ser derechos humanos consolidados y exigibles en cualquier lugar del planeta Tierra, hay fondos para ello, es más: deberían ser el punto de partida para dejar moverse a las diferentes economías patrias, quien no lo respete no debería poder invertir ni ser partícipe de inversión y sus capitales limitados en los territorios nacionales, ésta es la única forma de obligar a los que tienen intereses económicos a ceder no por humanidad sino por puro egoísmo rentable, el único idioma que entienden. Y ahí los Tribunales deberían ser firmes y ejercer sin pasión y con contundencia: no con el Poder, sino reivindicando ser un poder en paralelo, garantía de que no nos pisoteen. ¿Hacia dónde vamos?

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es

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