El que podía haber sido un ejemplo de transición pacífica parece que apunta ahora hacia una crisis regional preocupante. El jefe de la diplomacia senegalesa Mankeur Ndiaye se ha pronunciado sobre la demanda de nuevas elecciones del presidente gambiano Jammeh y ha afirmado que “Senegal exige que el presidente saliente respete incondicionalmente la opción democrática expresada libremente por el pueblo gambiano, que organice la transición pacífica del poder y asegure la seguridad y la integridad física del nuevo presidente electo”.

Senegal rodea por completo al pequeño país africano. Comparten ambos cultura, idioma, creencias y tradiciones, pero les separa la colonización. Senegal fue territorio francés mientras Gambia, una cuña en territorio senegalés alrededor del río Gambia, lo fue británico.

La población senegalesa en Gambia es numerosa e influyente. No son pocas las voces que piden la intervención senegalesa en su país hermano para que se respete la voluntad de las urnas.

Existen precedentes en la intervención senegalesa en los asuntos gambianos. En 1981, la rápida intervención del ejército senegalés, evitó el golpe de estado de Kukoi Samba Sanyang para derrocar al presidente Kairabe Diawary. En aquel entonces, se saldó con la huida de Sanyang a Libia.

Hubo un momento en que ambos países se fusionaron para crear Senegambia, pero el experimento duró tan sólo 7 años (1982-1989).

 

La aceptación de la derrota por Jammeh, una ilusión

La semana pasada Diario16 publicaba, no con cierta sorpresa, que Yahya Jammeh había aceptado su derrota en las elecciones del pasado jueves 1 de diciembre tras 22 años de férreo régimen nacido de un golpe de estado. No era lo normal, y así se ha demostrado.

En un anuncio en la televisión estatal el viernes, Jammeh dijo que había cambiado de opinión y quería “elecciones frescas y transparentes que fueran oficiadas por una comisión electoral temerosa de Dios e independiente”. Anunció que iba a impugnar las elecciones ante la Corte Suprema de Gambia. Tras el anuncio, tropas del ejército se desplegaron por Banjul, situando sacos de arena en cruces estratégicos, aunque la situación en las calles sigue siendo tranquila.

Ante este panorama, la portavoz de la oposición gambiana, Isatou Touray, criticó la “violación de la democracia” y pidió que la gente “permanezca tranquila, lúcida, vigilante y no retroceda”.

La embajada estadounidense en Banjul instó al ejército a seguir mostrando “respeto por el imperio de la ley y el resultado de las elecciones presidenciales. El pueblo de Gambia ha hecho una elección clara para el cambio y un nuevo comienzo.”

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha exigido a Jammeh que acepte la derrota.

adama-barrow-gambia-690x450
El ganador de las elecciones, Adama Barrow.

 

La oposición estaba en lo cierto

Tras admitir su derrota en las elecciones, Jammeh dijo que iba regresar a su granja en Kalinai junto a la frontera con Senegal para “comer lo que cultivo y cultivar lo que como”, su lema político favorito de tantos años de autarquía.

Jammeh proponía en el fondo una especia de ley de punto y final que la oposición no ha admitido. La coalición de siete partidos que derrotó al dictador, no se mostró dispuesta a que Jammeh se fuera de rositas.

Fatoumata Jallow-Tambajang, arquitecta de la coalición opositora y considerada madre de la nación, se mostró firme esta semana en rechazar el mensaje de impunidad de Jammeh.

Jallow-Tambajang denunció que Jammeh en esta finca tenía los “bunkers y tesoros” para iniciar un movimiento de insurgencia y debía impedírsele salir del país. “No puede irse. Si se va, se nos va a escapar “, dijo. “Ahora dice que quiere ir a Kanilai pero cualquier día nos dice que quiere ir al extranjero y decimos ahora que no”.

“No confiamos en él. Cuanto más lo dejemos, más posibilidades tendrá de escapar del país e incluso organizar una insurgencia. Él es capaz. En Kanilai, tiene bunkers. Tengo fuentes confiables que dicen que tiene bunkers. Me han informado de manera fiable que tiene un tesoro en Kanilai, que está sentado en un tesoro, en oro, como dicen”.

La coalición ganadora, encabezada por Adama Barrow, un ex agente inmobiliario que trabajó en Argos en Londres, sospechaba que Jammeh quería trasladar todo el armamento y los soldados que tenía a su finca en la frontera con Casamance, en el sur de Senegal.

Barrow, ha expresado varias veces durante esta semana el temor por su seguridad. Una de sus primeras declaraciones fue en el sentido de volver a Gambia al seno de la Commonwealth y echar atrás los planes de Jammeh para que Gambia abandonara la Corte Penal Internacional.

Jammeh había convertido a Gambia, el país más pequeño de África, en una especie de Corea del Norte africana. En 2009 proclamó su país como república islámica. Un año antes, Jammeh anunció que su gobierno legislaría leyes contra los homosexuales “más estrictas que las de Irán”. Aunque poco, lo único que inclina la balanza a su favor fue la prohibición de la mutilación genital femenina en noviembre de 2015, lo que convirtió a Gambia en vigésimo primer país del continente en ilegalizar la ablación.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

4 × 4 =