Michelle Bachelet ha entregado de nuevo la banda presidencial al empresario de derechas, Sebastián Piñera. Como sucedió en 2010, luego de su primer mandato, ni la socialista ni su coalición de centroizquierda lograron mantener el poder en Chile.

Los chilenos dan una segunda oportunidad a la derecha, que luego de la Administración transformadora de Bachelet tiene entre sus principales misiones impulsar nuevamente el crecimiento económico y retomar la política de los acuerdos, que marcaron los primeros gobiernos democráticos desde 1990. Con un renovado Parlamento, donde ningún sector político tiene mayorías, sólo se podrá gobernar con grandes consensos.

La primera actividad pública del presidente será visitar por la tarde un centro de niños y jóvenes en riesgo social. En el municipio de La Pintana, una zona popular del sur de la capital, Piñera pretende entregar una simbólica señal en favor de la infancia. En un país con una deuda histórica con los menores a cargo del Estado, con escándalos de muertes y de violaciones a los derechos humanos en centros del Servicio Nacional de Menores (SENAME), el mandatario busca alcanzar un primer consenso político transversal en esta materia. En una gestión que acaba en 2022, el presidente espera llegar a acuerdos en seguridad ciudadana, modernización del Estado y en la compleja misión de convertir a Chile, un plazo de ocho años, en el primer país de Latinoamérica en alcanzar el desarrollo.

Su primer Gobierno (2010-2014) estuvo enfocado en la gestión y la reconstrucción del país, después de un terremoto que destruyó el centro-sur de Chile pocos días antes de asumir. Realizó un buen Gobierno, con un crecimiento promedio de un 5,3%, pero fue un presidente impopular que tuvo que enfrentar las movilizaciones estudiantiles que, en buena parte, marcaron el destino de la política chilena.

En esta segunda Administración, Piñera recibe un país distinto. No existe ningún consenso sobre si Chile avanzó o retrocedió en estos últimos cuatro años, porque el legado de Bachelet sigue siendo el principal asunto de debate de política chilena. Pero en el mandato que termina (2014-2018), la socialista llevó adelante una Administración transformadora. Junto con una reforma que garantizó el derecho a la educación superior para el 60% de los estudiantes de menores recursos, su Gobierno realizó una reforma tributaria y laboral. Cambió el sistema electoral binominal, implantó nuevas reglas contra la corrupción y realizó transformaciones en materia de libertades individuales, como la despenalización del aborto en las tres circunstancias, que no existía en Chile desde 1989. En los últimos días de su mandato dejó presentado un proyecto de nueva Constitución, que generó polémica por su oportunidad. “Hoy Chile es un mejor país, es más justo, equitativo y libre”, señaló este sábado en Facebook en su último mensaje oficial.

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