Perder a un hijo, es sin duda, una de las peores experiencias por las que se puede pasar en la vida. Es el principio del fin porque la ley natural, la de que los padres precedan en la desaparición a sus hijos, se invierte y el mundo quede al revés. Blanca Tejero (doctora en Psicología, terapeuta clínica y profesora de Psicología en la universidad UNIR, lo sabe bien. “Te sientes rota, sin posibilidad de poder recomponerte”, cuenta. Y es que ella pasó como terapeuta de acompañar a muchos pacientes y formar a sus alumnos en procesos de duelo, a vivir el suyo propio tras perder a Verónica, su hija adolescente, por un linfoma de Hodgkin.

Ahora Blanca, a pesar de lo vivido, ha encontrado sentido y respuesta a tanto dolor. Y lo más importante: ha vuelto a renacer. “Vivir es el mejor homenaje que se puede hacer a quienes ya no están. Hay que vivir por uno mismo y como recuerdo a quienes tanto se quiere y no tienen la suerte de estar vivos”, explica. Por ello, además de dar charlas a padres que están pasando por lo mismo, y seguir recibiendo en su consulta a pacientes, ha escrito El amor lo puede todo (LID Editorial) un libro en el que cuenta su conmovedora historia de amor, de superación y valentía y que busca dar consuelo a corazones doloridos. “Con mi testimonio quiero ayudar a quienes estén pasando por este doloroso momento a que vuelvan a encontrar y recuperar las ganas de vivir. Es una hoja de ruta a través de la cual se puede salir del sufrimiento y no simplemente sobrevivir a él”, destaca.


 

¿Hasta dónde llega a doler el fallecimiento de un hijo?

El fallecimiento de un ser querido supone una de las pérdidas más importantes que se pueden tener. Si esa persona es tu hijo la perdida es mayor en intensidad. Literalmente, no es un símil o metáfora, te duele tanto el alma y cada parte de tu cuerpo, que el dolor te paraliza y llega a lo más profundo de tu ser. Te sientes rota, sin posibilidad de poder recomponerte y piensas que nunca podrás dejar de sentir ese dolor tan insoportable que te ahoga y asfixia. Es difícil poder sentir e imaginarte ese dolor si no lo has vivido, por eso hace tanto daño que te digan la frase de “me imagino cómo te sientes y cuanto te duele…” porque no es verdad si no lo has vivido. No puedes tener la percepción de ese dolor porque es impensable que pueda existir un dolor así.

 

¿En tu caso temiste más a la locura o a la depresión?

En mi caso particular temí más la locura que la depresión. No sé cómo se desajustaron todos los patrones que regían mi vida y que hasta ese momento parecían adecuados para ello. Aparentemente y de cara al exterior mi vida casi seguía igual y mi apariencia era de casi normal, si no era porque mi cara que reflejaba la tristeza que me invadía. Internamente me sentía en una gran montaña rusa y en los momentos de bajada sentía como el vagón donde iba montada podía descarrilar y salirse de la vía por donde tenía que circular. En esos momentos vives en un lugar en el que solo hay sombras oscuras. Un sitio terrorífico al que no me gustaría volver, donde sentí lo que parece inimaginable poder sentir.

 

¿Se vive diferente esta experiencia siendo madre o padre?

En el cómo se vive esa experiencia intervienen muchos factores no sólo si eres hombre o mujer o si quieres más o menos a la persona que pierdes. También afecta el cómo sepas gestionar las emociones, cómo te enfrentes a los problemas o incluso la capacidad para hacer frente a la realidad. Creo que la diferencia no existe tanto por los roles o el sexo que tengamos como por las personas que representan esos roles. Si no tenemos en cuenta la personalidad de cada padre y todos los factores comentados sí que la experiencia puede ser más dolorosa para la madre porque ha existido un mayor apego madre- hijo, el tiempo dedicado y las experiencias vividas han sido más desde que era un bebe. Si es el padre el que ha tenido una mayor dedicación a la crianza de ese hijo desde su nacimiento entonces el apego habrá sido mayor con él que con su madre y las diferencias comentadas se inclinarían más hacía el padre. No creo que sea justo ni real pensar o sopesar quién sufre más ni cuánto. Lo justo es pensar que todos sufren al pasar por las experiencias de esas pérdidas y que cada uno lo hará y resolverá de manera diferente

 

¿Crees que llegar hasta dónde tú has llegado, a reinventarte y volver a la vida, es un paso que solo dais una pocas personas? 

Todas las personas que han tenido una perdida tienen que realizar un camino de transición y duelo. En ese camino, que todo el mundo inicia pero no todos finalizan, cada persona lo recorre y vive de una manera. Dependiendo de muchos variables como circunstancias personales, vivencias, personalidad o resiliencia, los dolientes van recorriendo de forma diferente el camino. El camino es duro por eso mucho se van quedando en las diferentes paradas que tiene el recorrido, algunas veces temporalmente otras para siempre, o llegan a la última estación que es la verdadera vuelta a la vida.

 

¿Cuándo se enciende la luz para decir basta a estar muerta en vida?

Es muy difícil poder decir en qué momento te das cuenta que tu cabeza ha dicho ¡basta quiero salir de aquí! La toma de esa decisión no es en un momento específico ni por un motivo especial sino por la suma de muchos factores que se han producido a lo largo de ese camino. Lo que es verdad es que se produce sobre todo tras encontrar un motivo para volver a la vida. Ese motivo tiene que ser lo suficientemente importante y valioso que compense el dolor y el esfuerzo que tienes que realizar para salir, reinventarte y volver vivir. Todos necesitamos un motivo para vivir.

 

Por paradójico y difícil que parezca todo lo que te ha pasado te ha dado una nueva vida… 

Como bien dices por muy paradójico que parezca la mayoría de las personas que pasamos por este proceso reconocemos que ya no somos las mismas personas y que ahora nos gustamos más que antes. Yo me siento muy orgullosa del momento en que ahora estoy porque después de haber sufrido tanto he vuelto a la vida, soy otra persona interior y exteriormente. Externamente en mi cara y mi cuerpo queda reflejado el dolor sufrido, he perdido en frescura pero he ganado en serenidad. Internamente me siento más madura, tranquila, capaz de ir dirigiendo mi vida hacia donde quiero que vaya y cada día aprendo aceptar la existencia que vivo, me guste o no, con sus cosa buenas y malas.

 

¿La vida es un acto de valentía? ¿De levantarnos a pesar de una caída tan profunda como la de perder a alguien?

Hay que ser muy valiente para levantarte cuando te has caído desde tan alto, para sacar fuerzas e iniciar un nuevo día, para salir de esa cama que te protege y aísla. Es muy fácil abandonarte en esas circunstancias porque simplemente te tienes que dejar, y no luchar. Todos los días, para enfrentarte a esa nueva mañana, que puede que no quieras que ni exista, necesitas mucha fuerza para decirte: ¡tú puedes! Sin embargo es necesario levantarse y seguir. Seguir en la vida a mi si me parece un acto de valentía.

 

¿Qué gesto necesita una madre o un padre en el momento más duro de su vida?

Lo que más puedes agradecer es ver en otras personas el gesto que te demuestre que sienten, comprenden y les interesa de verdad el dolor que tienes. No necesitas que te pregunten porque te tienen que preguntar y cuando les vas a contar te interrumpen, cambian de conversación y no te dejan contestar. No necesitas que te digan frases inútiles y no ciertas del tipo “te sentirás mejor cuando pase el tiempo”, porque es menospreciar lo que te pasa. No necesitas verles tan afligidos que parece que no aguantan tu dolor porque si no nunca más se lo contarás. Necesitas alguien que resista tu silencio, tu lloro que no te quiera consolar, simplemente que te acompañe en ese momento tan difícil que estás viviendo.

 

¿Qué le dirías a quien acaba de perder a alguien?

Después de mi experiencia yo suelo decir muy poco, suelo dar un entrañable abrazo para que sienta que estoy con ella. Suelo mirarle a los ojos y decirla tanto con mi mirada como con mis palabras, que pueda llamarme en el momento que quiera, el día que quiera, cuando lo necesite y para lo que necesite, siempre estaré para ella.

 

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Es periodista, editora en @lideditorial y responsable de Comunicación y RR.PP de @juanmerodio. Además es Máster en Producción Radiofónica (RNE), Biblioteconomía y Documentación (Universidad Complutense) así como Mujer y Liderazgo (Aliter). Fue becaria Erasmus y Leonardo en Roma. Ha desarrollado su carrera durante 25 años a caballo entre el periodismo, la comunicación, la organización y presentación de eventos. Colabora con El Español, 20 minutos y Diario 16. Es madre de dos hijos y cree que el liderazgo y la defensa de los derechos y los valores sociales, en especial los de las mujeres, han de partir de uno mismo.

2 Comentarios

  1. Tristemente he vivido esta trance, terrible, mi hijo falleció de muerte súbita mientras jugaba un partido de futbol. Mi marido, médico, no lo aceptaba, lloraba y, yo, tenia que hacerme la valiente, intentando animarle; nunca lo conseguí. Su tristeza me conmovia. Le duró hasta su muerte. Entonces fui yo la que me hundí…Me quedaban dos posibilidades, “irme” al más allá o, llenar mi vida de actividades de ayuda a quienes lo necesitaran. Fue duro pero, ahi estoy, mis tiempos son varios, con un antes y despues de…

    • Gracias por tu comentario Montserrat. Creo que como dice Blanca, tu respuesta a la vida es el mejor homenaje a tu querido hijo. Un abrazo. Nuria.

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