El diálogo es el intercambio de mensajes entre dos o más personajes, haciendo que la trama progrese. A través de él, los personajes revelan aspectos de su personalidad e informan directamente al lector de la situación, el conflicto y la acción narrativa.

Aunque no lo parezca, el diálogo es siempre una imitación elaborada de la realidad, nunca la realidad misma, ya que debe cumplir con una serie de requisitos para que sea eficaz. Atento a estos trucos:

Evita la cháchara. En cada frase de tus personajes ha de haber una intencionalidad. Hablan para decir algo que sea psicológicamente revelador o aporte una variante al devenir de los acontecimientos. Por ejemplo, si alguno de ellos dice “noto algo raro”, su intención podría ser: mostrarse como una persona suspicaz, llamar la atención de otro personaje para que confiese algún acto, participar en una escena, anticipar un determinado final, denunciar un lugar infectado, etc. Si dice: “noto algo raro, te lo aseguro”, se busca demostrar que el otro personaje desconfía.

Sé preciso. Los diálogos han de estar pensados minuciosamente. Por ello te aconsejo escribir borradores para después “podarlos” hasta que aclares las palabras oscuras, suprimas lo irrelevante y mejores el vocabulario. El diccionario de sinónimos te resultará muy útil para no repetir palabras o acudir con frecuencia a la frase hecha.

Busca la naturalidad. Ni transcribas al papel la conversación de la gente de la calle (no queremos un diálogo insustancial, soez y con errores y fallos en la expresión) ni seas rebuscado, barroco o pedante. En el medio está la virtud.

Ponle ritmo. Procura que tus diálogos sean fluidos, se lean solos, como si estuvieras presenciando una conversación de verdad. La clave está en adecuar tu elaboración literaria a lo aparentemente coloquial. Y no olvides que el ritmo será diferente en función de la situación vivida por los personajes. No es lo mismo una conversación placentera en el campo, que un tenso interrogatorio policial.

Dale coherencia. Tus personajes siempre han de expresarse en función a su personalidad y condición social. Si son personas de campo, tendrás que recurrir al lenguaje rural, como hicieron muchos de los autores de la generación del 55 (o despectivamente generación de la berza), Miguel Delibes, Jesús Fernández Santos, Alfonso Grosso, Ignacio Aldecoa, López Pacheco, etc. En cambio si has diseñado un personaje con tendencia a la verborrea y cursilería, éstas tendrán que estar presentes en sus intervenciones.

Abre incógnitas. Los diálogos deben ser reveladores, sugerentes, abrir caminos, inspirar nuevas respuestas e informar sobre la personalidad del hablante.

Mantén la veracidad. Sería aconsejable que tus diálogos dieran la sensación de durar lo mismo que los reales. Si no es así y resultan demasiado breves, el lector tendrá que deducir lo que falta a lo largo del relato. Y si por el contrario, duran demasiado, es probable que el lector se salte líneas de conversación para llegar a lo importante. Por cierto que este último caso lo puedes evitar moviendo a los personajes, cortando repentinamente sus palabras, incitándolos a una reflexión, un silencio, un cambio de posición o un gesto.

Encadena bien las réplicas. Equilibra, reparte bien las intervenciones de tus personajes y cuida que ninguno se desconecte del tema central de la conversación. De lo contrario, podrían parecer monólogos independientes. Por otro lado, la réplica de un personaje a otro no tiene por qué ser la respuesta a esa pregunta (–¿Qué día es hoy? / –Tengo hambre…). También puedes recurrir a la réplica que sea solo un gesto, un movimiento, un silencio, o incluso, no hacer nada. En esa ausencia de reacción puede estar la réplica.

Efecto pregunta-respuesta. Cada frase ha de provocar una respuesta, y viceversa. De manera que la pregunta de un personaje afectará a la respuesta de su interlocutor, y esa respuesta a la siguiente pregunta o comentario del primer personaje. Es la llamada progresión narrativa.

Ahora te invito a que acudas a estos trucos para escribir un relato a base de diálogos y sin apenas narrador. Solo así, practicándolo mucho, podrás llegar a dominarlo.

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