Una década después de que sufriéramos la mayor debacle económica desde el crack del 29, Mallorca vive una demanda insaciable de inmuebles que está empujando con fuerza al sector de la construcción.

La crisis del ladrillo se llevó por delante empresas y puestos de trabajo. Sin embargo, los analistas afirman que este año ya se está construyendo en Mallorca al mismo ritmo que se hacía en 2007. Es decir, en la isla balear se va al mismo compás al que se marchaba justo un año antes de que la burbuja inmobiliaria estallase como un globo.

Se buscan villas

En estos momentos se buscan, sobre todo, inmuebles de lujo. Las propiedades de First Mallorca intentan surtir de casas con mucho valor añadido. Son villas y fincas de altostanding. Están destinadas a un público muy selecto que invierte en propiedades de gran valor.

Lo cierto es que si antes de la crisis las transacciones derivadas de la construcción en la isla rozaban los 5000 millones de euros, el año pasado se cerró con una cifra muy alentadora: 4500 millones de euros.

Los inversores nacionales, pero sobre todo los que llegan de otros países, han puesto sus ojos en el paraíso de Mallorca. Sencillamente quieren comprar, pero no hay para todos. Ahora mismo la diferencia entre oferta y demanda, en porcentaje, va a un 40-60. Esto hace muy rentable volver a invertir en ladrillo en suelo mallorquín.

Los más interesados en hacerse con un inmueble en Mallorca parecen ser los alemanes, quienes siempre han mostrado su debilidad por las Islas Baleares. Casi el 60 % de las casas vendidas en 2007 fueron a parar a manos germanas. La segunda posición la ocupan los británicos, quienes no pueden competir con su 16 % de transacciones inmobiliarias en la zona.

Problemas con los terrenos

Aunque la demanda sea tan acusada, Mallorca plantea un problema a la hora de conseguir terrenos en los que esté permitido edificar. No obstante, muchos constructores sugieren a las autoridades que regulen una fórmula que les permita dar respuesta a las oportunidades de negocio.

Parece que la solución no puede pasar por construir más, sobre todo por cuestiones de eficiencia y por el carácter del PGOU. No se trata de recalificar terrenos en una isla que perdería todo su encanto con una invasión masiva de ladrillo y cemento.

No obstante se oyen alternativas que no parecen muy descabelladas. Algunos constructores y grandes empresas proponen a las autoridades que se les permita la rehabilitación de espacios construidos y zonas turísticas y hoteleras prácticamente abandonadas.

En este sentido habrá que tener mucho cuidado con cómo se realizan estas operaciones. Cabe destacar que antes de la crisis se paralizaron muchas edificaciones por incumplir, precisamente, las normativas vigentes.

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