Referido al respeto de los derechos humanos y la condena de las atrocidades y las violaciones que de ellos se hicieron en sus historias del siglo XX, en cierta medida Argentina y Alemania se parecen. Si bien no son equiparables el genocidio nazi y el genocidio que perpetraron las Fuerzas Armadas, sin lugar a dudas ambos marcaron sus respectivas historias y a sus respectivos pueblos.

Mientras que en el caso europeo el juicio de los responsables del nazismo no lo hizo la justicia alemana sino tribunales conformados ad hoc por las fuerzas de ocupación, o algunas de ellas al menos, en el caso sudamericano fue la propia justicia argentina quien se encargó de enjuiciar y condenar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad.

Pero el tiempo pasó y los caminos que siguieron dichos países se invirtieron, mientras Alemania sigue buscando justicia tras más de 60 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, Argentina, luego de 34 años de democracia, alterna entre la persecución de justicia y quienes quieren dejar el tema atrás o incluso reivindican el accionar de la represión ilegal.

El último cruce de caminos ocurrió a finales del año pasado. Por un lado en Alemania se declaraba apto para ingresar en prisión al llamado ‘contador de Auschwitz’, el ex miembro de las SS Hitlerianas Oskar Gröning, de 96 años de edad. Para ello se rechazó una alegación contra el ingreso en la cárcel por razones de edad y en atención a su precario estado de salud, presentada por la defensa del acusado tras serle ratificada la condena por el Tribunal Supremo en 2016. Gröning mostró su arrepentimiento tras declararse moralmente cómplice, y pidió perdón a los sobrevivientes y familiares de las víctimas de la acusación particular, además de lamentar no haber actuado en consecuencia ante unos crímenes de los que, dijo, fue perfectamente consciente.

Argentina, por otro lado y al mismo tiempo, otorgaba el beneficio de arresto domiciliario al genocida Miguel Etchecolatz, porque como decíamos en ‘La biblia y el calefón’ , ‘tiene 88 años y padece diversas enfermedades, como hipertensión arterial, adenoma de próstata -que requiere de cauterización permanente- y deterioro cognitivo irreversible, y agregó que además, como si esto fuera un aliciente, es el geronte con mayor edad en institución carcelaria en todo el ámbito penitenciario federal.’

El tiempo pasó y se dio vuelta la taba, y Argentina pasó de ser ejemplo de justicia para con los violadores de los derechos humanos y, fundamentalmente, como decía Raúl Alfonsín, de garantizar el respeto de los derechos humanos hacia adelante, hoy en día comienzan a ganar poder quienes creen que una etapa a dejar atrás aun asumiendo una ‘claudicación ética’, al decir del propio Alfonsín.

Por su parte Alemania supo renacer de sus cenizas, hacerse cargo de su historia y trató de remediarla en la medida de sus posibilidades, sin revanchismo pero entendiendo que los responsables de las peores violaciones a los derechos humanos de la historia deben asumir sus responsabilidades y purgar condena por sus delitos, porque sólo entonces se podrá construir una sociedad basada en la justicia y la igualdad ante la ley.

Lamentablemente lo que hoy pasa en Argentina no es nuevo y quizás no es más que un nuevo movimiento del péndulo que, sobre la cuestión de los derechos humanos, parece regir su accionar, iniciado con el Juicio a las Juntas, más adelante los Indultos, luego la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y los Indultos, la reanudación de los juicios y finalmente esta decisión judicial de conceder el beneficio de arresto domiciliario a Etchecolatz.

Como el mar, estamos en tiempo de baja mar… pero no hay que desesperar, la pleamar siempre vuelve.

 

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