Sus compañeros de Esquerra Republicana de Catalunya dicen que el ex juez Santiago Vidal siempre ha ido por libre, “haciendo honor a su condición de juez”. Y eso le ha perdido. Sus manifestaciones han generado un auténtico terremoto en la sociedad civil catalana y han hecho más daño a la Generalitat que todos los ataques que se están llevando a cabo contra el procès desde Madrid. En unas conferencias llevadas a cabo, Vidal dijo textualmente: “en este momento el Govern de la Generalitat de Catalunya tiene todos vuestros datos fiscales. ¿Eso es legal? Pues no, porque eso está protegido por la Ley de Protección Bases de Datos del Gobierno español”. Y, a renglón seguido, añadió que “tontos no somos, ya sabemos que no nos lo facilitarán de manera voluntaria. Y eso sirve para el censo electoral y sirve para tantas y tantas cosas. Si esto fuera una negociación democrática, tranquila, respetuosa con los derechos de las dos partes, entre dos naciones, pues haríamos como hicieron en su día Inglaterra y Escocia, es decir, pactaríamos cuándo se nos entrega todo este material”.

El propio Vidal, que ha dimitido, un tanto forzadamente, como Senador “para no interferir el procès”, manifestó que se han malinterpretado estas palabras. Es verdad que parece derivarse otra interpretación. Como si el ex senador quisiese demostrar con hechos las dificultades que está suponiendo la puesta en marcha del referéndum soberanista comprometido para este año. “En cualquier caso, no valen excusas, – señala un portavoz de Gestha, el sindicato de técnicos de la AEAT-. Esos datos no los pueden sacar de la Agencia Tributaria. Son absolutamente confidenciales”. Y es que ha quedado la sensación de lo que dijo Vidal: “estamos fichados”.

Santiago Vidal no está bien visto en círculos catalanistas. Su militancia obedece al hecho de haber sido apartado de la carrera judicial por el Consejo General del Poder Judicial al imponérsele una sanción de tres años de inhabilitación por redactar un borrador de constitución catalana. Entonces era magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona. Profesor de Derecho Penal y Criminología de la Universidad Autónoma de Barcelona, miembro de la asociación progresista Jueces para la Democracia y un verdadero experto en violencia de género. Sus sentencias progresistas sobre esta materia y la discriminación racial le han hecho muy popular en Catalunya.

Y de ahí, precisamente, viene el error cometido a partes iguales por el CGPJ, por una parte, y por él mismo, de otra. Vidal se dedicó al “proselitismo” en la judicatura catalana y se granjeó la enemistad de muchos compañeros, entre otros del anterior presidente de la Audiencia, Pablo Llarena, hoy destinado en la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Enemigos aparte, Vidal manifestó haber sido “padre de la futura constitución catalana”. Y, como tal, junto a otros nueve magistrados, participó en el acto de presentación del borrador que habían redactado.

Eso produjo la apertura de un expediente por parte de sus superiores. Un expediente que ha sido muy criticado en los ámbitos jurídicos por considerar que, de esa manera, “le convirtieron en una víctima del sistema”.

Su partido, Esquerra Republicana, decidió, entonces, incorporarlo a la política activa. Le quisieron presentar como cabeza de lista en las municipales al Ayuntamiento de Barcelona. Al final fue en la lista, pero en el último lugar. Nadie ha explicado las razones del cambio. Para no dejarle en paro, fue contratado por la Consejería de Justicia en calidad de “personal no eventual”. Luego sería presentado en la candidatura al Senado en las elecciones de 2015, y, posteriormente, en las de junio de 2016. Salió elegido, pero ha tenido que dejar el escaño tras la polémica generada.

El problema de Santiago Vidal sólo es uno. Su lucha permanente en su fuero interno entre la defensa de “la legalidad actual”, aunque esta proceda “del gobierno español”, y su catalanismo. Cuando era juez se le llamó al orden en más de una ocasión debido a sus manifestaciones en las que criticaba la lentitud de la justicia. Paradójico es el caso en el que se le sancionó por llamar “juez caracol” a su compañera Juli Solaz, instructora del Caso Millet, por su tardanza en instruir el saqueo al Palau de la Música en el que estaba implicada Convergencia, el socio de Esquerra en la Generalitat. Se cuenta en círculos políticos de Barcelona que el propio Artur Mas se quejó a Oriol Junqueras por estas manifestaciones.

Nunca se supo si hubo o no “tirón de orejas” a Vidal. Ahora sí que lo ha habido. Hasta el punto de que se ha quedado sin trabajo.

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