Después del contundente y por momentos brillante discurso de réplica del líder de la oposición, ha quedado claro que el socialista Pedro Sánchez sí tiene un plan, y evidentemente este no pasa en absoluto por dejar gobernar a Mariano Rajoy ni al PP a cualquier precio, probablemente ni siquiera a cambio de la promesa más utópica imaginable proveniente del proyecto conservador.

Los dos noes que el PSOE le propinarán entre este miércoles y el viernes al candidato del PP a la Presidencia del Gobierno se prolongarán en el tiempo hasta el 31 de octubre (tiempo límite antes de que el Rey vuelva a disolver las Cortes) aunque Rajoy haya insistido en seguir intentándolo para evitar las elecciones de diciembre.

A estas alturas de la parálisis política, todas las formaciones en liza –sobre todo las dos principales implicadas, PP y PSOE– tienen un ojo puesto en el 25 de septiembre, fecha de las elecciones autonómicas en Galicia y Euskadi. De los resultados en estas dos comunidades se extraerán nuevas conclusiones de cara a posibles nuevos apoyos y alianzas.

Después de este primer intento fallido de investidura de Rajoy, las cartas finalmente se han puesto sobre la mesa desde todos los flancos. Sánchez solo sobrevivirá como líder del PSOE mientras mantenga su distancia frente a los cantos de sirena del proyecto continuista de Rajoy y también si al mismo tiempo es capaz de contener las andanadas de algunos pesos pesados de su propio partido que apelan a una responsabilidad más que cuestionable en forma de abstención.

Rajoy, mientras tanto, intenta sobrevivir también con una huida hacia ninguna parte, en medio de un partido con una mayoría parlamentaria totalmente insuficiente para salir adelante en medio de un otoño judicial que pondrá al PP en las portadas de los periódicos de medio mundo. “Es todo un código penal, señor Rajoy”, le recordó desde el estrado Sánchez al candidato popular en referencia a las imputaciones a las que deberá responder el PP y muchos dirigentes y ex altos cargos ante la justicia española.

Con el inequívoco y visceral discurso de Sánchez en la Cámara Baja, el líder socialista se presenta ante los suyos –sobre todo los más díscolos, barones e históricos sobre todo– con una inusual contundencia, de ahí que los cantos de una posible y reclamada abstención seguramente se aplaquen después de esta intervención.

El candidato Rajoy desveló veladamente en su primer turno de réplica a Sánchez la estrategia a medio plazo que el PP tiene en el horizonte: insistir en el mensaje de que es el PSOE el único que bloquea la posibilidad de que haya un Gobierno en España después de nueve meses de parón institucional. Del mismo modo, el líder conservador quiere hacer llegar el mensaje a la opinión pública de que el ‘no’ del PSOE no es del partido en sí sino de su líder Pedro Sánchez unilateralmente, de ahí que quiera volver a sembrar por enésima vez la duda de que otro líder –o lideresa– socialista sí posibilitaría con su abstención un gobierno conservador en España.

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