En los momentos históricos decisivos, llámense primera o segunda transición de lugares tan difíciles como España, “protagonizar” o “mirar” no es una opción sin consecuencias para los políticos. Incluso Rajoy, del que tantos y tan erróneamente dicen que solo espera, se dedica sin pausa a mover las  piezas de su lado del tablero. Porque si siendo espectador te obstinas en intervenir puedes hacer el ridículo. En cambio, si teniendo que actuar te sientas a mirar, puedes terminar en la irrelevancia. Ponga usted los adjetivos que considere adecuados a las cuatro candidaturas que deseaban mucho más de lo conseguido el 21D.

Si bien los problemas de Catalunya en España vienen de lejos, la gravedad alcanzada tiene que ver con el nuevo contexto político. Pondré el acento en lo siguiente:

1.    El 20 de noviembre de 2011 el electorado del resto de España colocó en La Moncloa al PP, el mayor atizador de odios contra Catalunya en democracia. Una práctica suficientemente acreditada de los de Rajoy, principalmente a partir de la derrota electoral del 14M de 2004, que jamás asumieron, y ya se sabe el mucho daño que los malos perdedores ocasionan hasta en las mejores familias. Sobre todo si terminan saliéndose con la suya.

2.     Para dificultar más el entendimiento con Catalunya, el 19 de junio de 2014 un bipartidismo que ya estaba tan sentenciado como el Movimiento Nacional tras la muerte de Franco en 1975, decidió rejuvenecer la nómina de los inquilinos de La Zarzuela, con el peligro de ruina siempre inherente a las segundas generaciones en cualquier negocio. No es ocioso recordar que por aquellas fechas el PSOE estaba neutralizado, buscando relevo a un Rubalcaba perdedor. El caso es que no se aprovechó la ocasión para someter el sistema político español a un conciliador referéndum, algo que hubiera sido muy oportuno a la vista de la consulta anunciada para el 9N de ese mismo 2014 en Catalunya, donde cada vez se hablaba más tanto de república como de independencia. Pero eso resultaba insoportable para el autoritarismo “absoluto” imperante que, tras la secuencia electoral 20D/15+26J/16, solo ha cambiado a “relativo”.

3.    Consecuencia de lo anterior, una Corona desprestigiada por el caso Noos en manos de un político como Rajoy, necesitado de blindaje ante la Justicia por los muchos y muy graves casos de corrupción abiertos, se ha prestado sin condiciones ni la menor prudencia contra un odiable fácil como son los catalanes. Cómo resistirse a recordar que en los últimos 542 días, es decir, desde el referéndum del Brexit, el IBEX35 nunca ha caído tanto como el 4 de octubre de 2017, precisamente el siguiente a ese en el que, a las 21 horas, Felipe VI pronunció su versión, sin duda supervisada por el presidente del PP, del “¡A por ellos!”.

Hablando de actores y espectadores sorprende que tanto la nueva como la vieja izquierda españolas se hayan dejado desquiciar por el desparpajo de Ciudadanos, un partido que tiene en el Congreso menos de la mitad de diputados que Podemos pero que casi ha enviado a los de Iglesias al patio de butacas del teatro catalán. Tal como están transcurriendo los acontecimientos, procede reconocer que hacía falta mucho valor para implicarse en la solución de ese conflicto en lugar de solo pedir imposibles desde la oposición, como un referéndum pactado que una de las partes no contempla en ningún caso. Lo cierto es que los de Iglesias y Errejón, más juntos entonces que ahora, siendo 4 de marzo de 2016 decidieron ser espectadores y esperar sentados a que el cadáver del PSOE pasara por delante de su puerta en unas nuevas elecciones, en lugar de presentarle a Rajoy una carta de despido que únicamente sus diputados no quisieron firmar.

Para taparme la boca cada vez que les recuerdo la maldita fecha, me insisten ahora muchos de Podemos que los de Rivera, con 32 diputados, son más peligrosos que los del PP con 137. Esto equivale a afirmar que Suarez era peor que el tándem Arias-Fraga durante la anterior transición, una afirmación que no compartirían. Por edad, muchos de mis críticos no están obligados a saber que don Adolfo, con tal de ganar las generales de 1979, el 27 de febrero de aquel año se volvió tan anti-comunista de palabra como lo eran aquellos franquistas que además amenazaban desde el aparato del Estado. Fue cuando el discurso que pronunció en TV para cerrar la campaña electoral, unas palabras que estoy seguro que Felipe González, que buscaba con su demagogia los votos de los de Carrillo, no olvidará jamás. Pero Iglesias, aunque tampoco lo viviera, debería tener en cuenta aquel comportamiento de Suarez en sus análisis. Con el recuerdo interesado de los miedos colectivos instalados a sangre y fuego desde 1939, el de UCD consiguió quitar votos al PSOE a izquierda y derecha. Viró a estribor desde el centro político coyuntural que ocupaba sin competencia, lo mismo que ahora está haciendo el Rivera posterior a la no investidura de Sánchez y tras borrar lo de “socialdemocracia” de los estatutos de C’s, pues ha resultado ser un caladero de votos menos interesante para él que el de un PP que va de fracaso en fracaso.

Lo cierto es que el 1 de marzo de 1979 UCD ganó las generales, el PCE consiguió sus mejores resultados y el PSOE entró en crisis. También Arrimadas ha sido la más votada en el centro geográfico de esta nueva transición, llamado Catalunya. Y, por lo demás, cuanto me recuerda el odio que hoy Iglesias le profesa a Rivera a aquel que González no disimulaba contra Suarez. Pero alguien debería decirle a Pablo que un líder no debe alimentar emociones irracionales en sus seguidores. Y más cuando, por una parte, tiene en medio a un Sánchez que resiste y, por otra, no asoma en el horizonte ningún 23F que le pueda allanar el camino hacia La Moncloa, lo que además necesitaría una conjura interna que haga dimitir al catalán del liderazgo en Ciudadanos, tal como previamente le ocurrió a Suarez. Más bien todo lo contrario.

Seamos justos. Otro que, por cobarde, él y todo su PSOE, no se atreve a asumir la gestión de la crisis catalana y prefiere hacer de espectador es el muy mentado Pedro Sánchez. Sus diputados, más los de Podemos y unos nacionalistas no unilateralistas que en este momento no podrían rechazar su oferta ni tampoco poner condiciones, suman más de 175 para expulsar a Rajoy de La Moncloa. Se trata de un presidente derrotado en Catalunya que no hace más que repetir que no va a convocar elecciones generales anticipadas, demostrando con ello que cualquier día las convoca para volver a capitalizar el anti-catalanismo como último recurso, y por tercera vez consecutiva manejando la “fiesta” de la democracia desde el Gobierno, una ventaja que no se le puede conceder. Además, contra una izquierda sin mensaje y dividida hasta para competir por el Senado, camino del desastre. En cambio, si tras la censura se eligiera un presidente de transición el PP quedaría fuera de los ministerios y de visita casi diaria a los juzgados, con lo que la derecha acudiría dividida, y en parte derrotada, a unas elecciones generales. Y hasta podría ocurrir que el Congreso de los Diputados comenzara a debatir algunas leyes y sirviera de algo.

Ser protagonistas de la historia hoy significa para PSOE y Podemos presentar la moción de censura. O seguir mirando. No hay margen para otra. Intentadas sin éxito las peticiones directas a los dos partidos de la izquierda, he oído que se puede pedir un deseo poniendo una vela a San Antonio. Creo que lo haré pero, si ni aún así conseguimos la censura, las tempestades que amenazan los muchos vientos que hemos dejado cultivar a los peligrosos que gobiernan nos obligarán a llamar a la puerta de Europa, acompañados por un Puigdemont que ya lo ha intentado. Pediremos que se nos intervenga políticamente: Señora Merkel, por favor, vivimos en un país incapaz de arreglar en libertad y sin violencia sus propios problemas.

Cierro tras interrumpirme para escuchar en formato navideño al mismo Felipe VI al que me refería al principio. El número de veces que ha pronunciado la palabra “España” me trae más que nunca a la memoria la imprescindible sabiduría popular: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

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Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y dos nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015, con unos 170 artículos publicados, sin ningún compromiso, en diversos medios.

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