Han transcurrido 55 años desde la publicación del primer artículo el primer artículo médico que describía clínicamente el ndrome del Niño Apaleado. A pesar de la visibilización que supuso para las niñas y niños maltratados, todavía existe un gran desconocimiento de estas entidades clínicas entre los profesionales sanitarios. 

Ante las carencias que persisten hoy en día en la prevención, detección y atención a los casos, SAMUR-Protección Civil celebra su “V Jornada de Atención al maltrato infantil desde la emergencia, organizada conjuntamente por el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad de Madrid.

Entre los objetivos de la Jornada se encuentra el análisis de la intervención coordinada en las distintas fases de la asistencia al maltrato infantil en sus distintos ámbitos: sanitario, servicios sociales y legal. Además, el encuentro permitirá profundizar en la atención y prevención de este problema de salud de graves consecuencias.

Desde el año 2000 SAMUR-PC cuenta con un procedimiento específico para atender este tipo de casos y ha formado en la detección de indicadores del maltrato infantil a toda su plantilla, lo que ha permitido que este servicio de emergencia detecte, atienda y notifique desde el ámbito sanitario una media de 200 casos al año en una situación de vulnerabilidad grave, de los 500 que se producen anualmente en la Comunidad de Madrid, solo por detrás del Hospital Niño Jesús. Gracias a este procedimiento, el servicio municipal de emergencias extra hospitalarias ha notificado, en colaboración con Servicios Sociales y Policía Municipal, más de 2.200 casos de niñas y niños que requerían apoyo y seguimiento. Desde su creación se han ido sumando recursos, contando actualmente con la atención 24 horas de un psicólogo especialmente formado, los 365 días del año.

Este procedimiento se considera el estandarte de todos los protocolos de carácter socio-legal en SAMUR-PC, sirviendo como ejemplo para el resto, como los relativos a Violencia de Género o al colectivo de Mayores Vulnerables.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, por cada caso de maltrato infantil detectado existen entre siete y ocho casos más que pasan desapercibidos. El 30% de las víctimas notificadas por SAMUR-PC son menores de 3 años. Sin embargo, debido a la multitud de factores que contribuyen al maltrato, no se puede hablar de un determinado perfil de víctima, encontrándose en todos los estratos de la sociedad, ya sea maltrato físico, psicológico o abuso sexual.

“Entre los indicadores que denotan en el niño una situación de riesgo se encuentra un desfase entre el peso y la edad del menor, un comportamiento triste, asustadizo, apático, inclinación y apego al personal sanitario o lesiones que nos son señaladas como recientes y que son antiguas o que se ubican fuera de las zonas habituales en personas de su edad”, señala Rosa Suárez, Jefa de División de SAMUR-PC y una de las responsables de la Jornada.

Para poder detectar estos signos resulta fundamental la formación. En el año 2016 SAMUR-PC formó a todo su personal con simulacros que, con la colaboración de actores, reproducían las situaciones que los sanitarios pueden encontrarse en la atención de emergencias. “A veces acudimos a atender a adultos y notamos que en ese entorno doméstico los menores se encuentran en una situación de riesgo”, apunta Suárez. “Una vez que se ha sufrido, el maltrato suele ser continuado e in crescendo, con consecuencias fatales para el desarrollo de los menores, que pueden terminar asimilando este patrón de conducta y reproducirlo en el futuro”.

El protocolo de SAMUR-PC vincula estrechamente el trabajo de los sanitarios con el de los Servicios Sociales del Ayuntamiento y los Agentes Tutores de la Policía Municipal, a los que se notifican los indicios detectados e inician una investigación de cada caso para valorar si el menor puede seguir con su familia. Solo en el caso de que exista un riesgo grave se procede al traslado directo del menor a un centro hospitalario.

“Hay una retroalimentación entre los sanitarios y el resto de servicios, lo que permite saber que esa detección ha tenido resultados y motiva a los profesionales para continuar atentos a la problemática”, explica Suárez, que destaca a su vez la ausencia de recursos en el entorno familiar para educar a los menores. “Muchas familias creen que están haciendo lo correcto, por eso nuestra función también es la de instruir en el trato a los niños, cómo cuidarlos, fomentando factores de protección”.

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