Se convirtió en la reina de Río de Janeiro, pasando a situarse en una de las dos mejores, junto a Mireia Belmonte, deportistas femeninas de la historia de nuestro deporte.

Porque a Ruth Beitia hay que unirle a  sus indudables dotes atléticas, su gran capacidad de competir y una personalidad que llega a la gente. Es humilde y también sincera. Porque antes de comenzar este Mundial de Inglaterra aclaró sus objetivos.

2017 ha sido un año muy complicado para la cántabra. Ha pasado cuatro meses peleando con el psoas, un músculo del muslo que le ha traído a mal traer toda la temporada. Por eso llegó a Londres con una única intención: conseguir la clasificación para la final.

Y como Ruth, ya está dicho, es una competidora nata lo consiguió en el tercer intento, saltando 1,92 lo que la dejaba entre las doce finalistas. Primer objetivo cumplido. Una vez más.

Este domingo llegó el momento decisivo. Liberada de la presión con la que se presentó en este Mundial, de Beitia, a pesar de sus limitaciones físicas, se podía esperar cualquier cosa.

Pasó a la primera los saltos de 1,84 y 1,88, pero con su sonrisa perenne los 1,92 este día fueron insuperables para la cántabra. Y el estadio la despidió como merecía, aplaudiéndola.

Nada se le puede criticar. Ruth Beintia, quince medallas internacionales en su haber, no llegó en las condiciones físicas necesarias a este Mundial. Ella lo sabía y se marcha con su objetivo cumplido. Lo de esta final apenas es un borrón en su carrera. Ruth Beitia no pudo luchar por medalla en el Mundial pero sigue siendo la reina de la altura.

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