El presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, durante un acto en el colegio Mediterrani de Elche.

El presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, va a cumplir cuatro meses en su cargo. Cuatro meses en los que ha pasado de todo en el fútbol español: la destitución de un seleccionador nacional, un Mundial para olvidar, innovaciones tecnológicas como la instalación del VAR en los estadios, la amenaza de una huelga de jugadores y hasta una demanda judicial que parece impulsada por el viejo estamento futbolístico español, siempre tan reticente a los cambios por los que apuesta un presidente joven y con ideas nuevas como él. No han podido pasar más cosas en tan poco tiempo. Y sin embargo Rubiales se mantiene con la firmeza de ese defensa central de nervios de acero que ve cómo le atacan los extremos por ambas bandas. “Me mantengo al margen, soy respetuoso. Llevo sufriendo un tiempo falsedades, pero mi camino es el de la verdad y el del trabajo, lo demás está en el juzgado”, ha asegurado respecto a la investigación abierta contra él en un Juzgado de Valencia por el supuesto desvío de fondos de la AFE para pagar la reforma de su vivienda particular. Precisamente hoy está prevista la declaración de la arquitecta que acusó a Rubiales de no haberle abonado el importe de la obra.

Rubiales es ese presidente que quiere devolver la honradez al fútbol español tras décadas de “villarato”, el dirigente que pretende potenciar el deporte base y aficionado, el hombre que aspira a situar el fútbol femenino en lo más alto (algo que le honra, ya que ninguno de sus antecesores se lo había planteado siquiera). Un presidente del pueblo futbolero, un presidente sin hipotecas con la élite y los círculos de poder. Pero también un presidente cuestionado. No en vano, desde su llegada a la Federación en mayo de este año, Rubiales ha tenido que enfrentarse a sonadas polémicas, como la destitución del entrenador de la Selección Española de Fútbol, Julen Lopetegui, a pocos días del Mundial de Rusia. Tras el fiasco de la Roja, el país se ha dividido entre los “rubialistas” (aquellos que apoyaron desde el principio la decisión del presidente de cesar a Lopetegui por su alta traición de fichar por el Real Madrid) y sus detractores, que no le perdonan la desestabilización que sufrió la Selección, la nefasta gestión de Fernando Hierro y el ridículo deportivo y político. Entre estos últimos se encuentran sin duda algunos de sus mayores archienemigos, los que se la tienen jurada y los que todavía sueñan con descabalgarlo de la presidencia de la RFEF. Son los que se frotan las manos con la investigación que planea por Valencia.

La nómina de conjurados es amplia y el primero de la lista es Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional, cuyas relaciones con Rubiales siguen siendo más que tensas. No es necesario recordar que cuando el actual presidente de la RFEF le ganó las elecciones a su principal contrincante, Juan Luis Larrea, Tebas le envió una felicitación envenenada en la que le acusaba de “no estar capacitado” para llevar las riendas del fútbol español. El magnate de la Liga Profesional, al igual que otros directivos de la Federación, considera a Rubiales algo así como un futbolista del montón que tuvo escaso recorrido en los equipos en los que jugó y que ni siquiera cuenta con una preparación intelectual suficiente para el cargo que desempeña. Sin embargo, en pocos meses Rubiales ha demostrado ser un gestor independiente, con ideas claras y propias y el pulso firme para tomar decisiones arriesgadas.

Muchos son los que quieren cargarse a Rubiales, el defensa incómodo del Levante UD que llegó a presidente, de ahí que sus enemigos estén muy pendientes de las próximas declaraciones en el Juzgado de Instrucción Número 6 de Valencia. El titular de este órgano judicial abrió diligencias previas a raíz de la querella presentada contra el presidente por otro de los candidatos a presidir la RFEF: Miguel Ángel Galán, que fue quien acusó a Rubiales de costear la reforma de su casa con fondos de los futbolistas de la AFE. El juez rechazó la querella de Galán al entender que no era parte afectada, aunque la tramitó como denuncia al apreciar indicios de administración desleal. “Si se demuestra la denuncia, Rubiales no puede seguir ni un minuto más en la presidencia”, ha asegurado como si se tratara de calentar las horas previas de un partido de alto riesgo.

Las élites económicas del fútbol no están con Rubiales, quizá porque no les interesa tener en el cargo a alguien que pretende aplicar criterios de racionalidad muy alejados de la especulación que arrastra el fútbol. Por eso Florentino Pérez lo espera con el arma cargada. El presidente del Real Madrid no se habla con él desde la sonada destitución del seleccionador nacional, Julen Lopetegui, pocos días antes de comenzar el Mundial de Rusia. Lopetegui tenía un contrato firmado con el club blanco para hacerse cargo del equipo una vez que finalizara la copa mundial y ese acuerdo fue considerado como una traición por Rubiales, que tomó la decisión de cesar de forma fulminante al técnico vasco. Muchos acusaron a Florentino de querer desestabilizar a la Roja, cuyo fracaso fue manifiesto a lo largo de todo el campeonato, de manera que el presidente del Real Madrid quedó como el malo de la película. Que le colgaran esa etiqueta de “antiespañol” no lo ha perdonado el dirigente de la Casa Blanca, que es otro de los que se la tienen jurada a Rubiales.

La conjura para derrocar al futbolista modesto que consiguió abrirse paso a codazos entre directivos con mucho más dinero, poder e influencia que él parece perfectamente tramada. La investigación judicial abierta en Valencia se antoja un trance fundamental para el futuro en el cargo del hombre que pasará a la historia por haber sido el entrenador que destituyó al seleccionador nacional a pocos días de un Mundial. Algunos ya dan por derrotado al presidente y afinan sus candidaturas para unas hipotéticas nuevas elecciones. Pero que no canten el gol antes de tiempo. Porque ahora hay VAR y se puede revisar la jugada.

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