La periodista y escritora madrileña Rosa Montero (1951) no tiene un sillón en la Real Academia Española porque la que limpia, fija y da esplendor al español prefirió dejar vacante sine die el sillón M de Montero antes que otorgárselo a ella y todo lo que representa para toda una generación de periodistas, escritores, feministas y luchadores por la igualdad y la dignidad de una profesión tan necesitada de iconos representativos. Rosa Montero es indudablemente uno de ellos. Ahora, el Ministerio de Cultura salda una deuda al otorgarle el prestigioso Premio Nacional de las Letras y de paso se congracia con una profesión no demasiado amante de las mordazas.

Esta autora de novelas, libros de entrevistas, articulista, cvolumnista, ensayista y periodista histórica de la Transición no ha podido evitar la alegría al conocer la noticia, y vía Twitter ha mostrado su satisfacción por el galardón: “Ahhhhhh!!!! Me acaban de dar el Premio Nacional de las Letras. ¡Estoy tan emocionada! Gracias gracias gracias”.

Rosa Montero es sin duda una bandera representativo de aquellos que quisieron vulnerar fronteras entre dos géneros que se deben mucho más de lo que parece: el periodismo y la narrativa de ficción. La escritora madrileña ha evolucionado con el paso de los años y de las novelas publicadas, una quincena, hacia la exploración de nuevos caminos estilísticos, y también se ha dejado querer por ese nuevo campo tan venerado hoy como denostado de la autoficción. La ridícula idea de no volver a verte (2013) es un bellísimo ejemplo de ello, donde a modo de confesión íntima y sin concesiones aborda la muerte de su pareja sin caer en la complacencia o el discurso lacrimoso sin más.

Su última incursión ha sido sorprendente y muy bien acogida por su legión de seguidores, que siempre han estado ahí fuese cual fuese el camino elegido por Montero para explorar en el campo de la literatura, siempre teniendo bien presente que el periodismo tampoco lo ha abandonado por completo. Pocos pensaban que la ciencia-ficción sería un refugio que relanzara su carrera narrativa. La artífice del éxito es su protagonista, la replicante Bruna Husky, una treintañera a la que le quedan solo cuatro de vida antes de caer, como sus compañeros replicantes, fulminada por el inexorable TTT (Tumor Total Tecno), un cáncer que termina con su paso por el Madrid de 2109 a los 10 años de existencia artificial.

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