Robert Walser, aquel oficinista ‘bartlebyano’

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El suizo Robert Walser es uno de esos escritores que el barcelonés Enrique Vila-Matas incluiría sin dudarlo un instante, más que en un manicomio como realmente le sucedió en sus últimos años, en el mítico grupo de los Bartleby sin remisión. Siruela presenta por primera vez agrupados en un solo volumen los relatos que el autor de Los hermanos Tanner o El paseo enfocaba en el gris universo del trabajo diario en la oficina. Por algo el propio Walser probó en sus propias carnes el trabajo de oficinista en su juventud. De aquellas primeras experiencias estos trabajos literarios cargados de excelentes dosis de perspicacia, hondura y sensibilidad extrema.

La literatura del escritor suizo está cimentada en los valores del cumplimento del deber y del esfuerzo como vías para lograr la liberación ante el peso de las responsabilidades. De ahí ese afán bartlebyano tanto de su propia experiencia personal como de muchos de sus personajes. El trabajo físico les sirve para olvidar sus responsabilidades y apostar por el “no” antes que por el “sí” como vía para lograr sus propósitos más elevados.

Walser, uno de los escritores en lengua alemana más importantes del pasado siglo, es mundialmente conocido, además por la quincena de libros que firmó, por sus constantes y recurrentes problemas mentales, que también marcaron el pulso de su impecable literatura. Ingresó en el sanatorio mental de Herisau en 1933, con 55 años, después de sufrir reiterados episodios de alucinaciones, terrores nocturnos y ataques de ansiedad. Su primer ingreso por problemas psiquiátricos fue en una clínica de Berna, donde permaneció interno desde 1929.

Uno de sus escritos más peculiares fue el de los microgramas, conjunto de 526 hojas redactadas a lápiz con letra minúscula y atosigante por todos los rincones de las páginas, que Walser escribió entre los años 1924 y 1932. Tras quince largos años de trabajo de descifrado, Werner Morlang y Bernhard Echte pudieron presentar esta obra como libro en sí. El propio autor confesó que había empezado a utilizar el lápiz para librarse del “tedio de la pluma”. ¿Una rareza más o una genialidad? Decidan. Siruela ha publicado prácticamente toda su obra en los últimos años.

El día de Navidad de 1956, mientras daba uno de sus habituales paseos por los alrededores del manicomio, Robert Walser encontró la muerte en plena nevada.

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