Quien haya visto jugar a dos niños al fútbol sobre la acera de una calle o en un parque sabrá de lo que le hablo o, incluso, puede sentirse identificado recordando su infancia. Les oirá llamarse a sí mismos con los nombres de los mitos que ven a todas horas en la televisión como nosotros hacíamos a su edad. Si se fija uno pitará penalti y tras una discusión, sin moviola, lo tirará. Y hay dos opciones que dependen de quien sea el dueño del balón, que tenga que ser gol o que no. Si tiene que ser gol, se tirará las veces que sea necesario hasta que entre y si no tiene que serlo, no lo duden, o será alta o poste o no me has avisado o pasaba un coche y estaba despistado.  Solo será buena la que el portero pare. Es curioso, en el mundo infantil cabe perfectamente la segunda oportunidad. Esa bendita inocencia que te lleva a sufrir con tus héroes, a comprobar que son humanos y que también fallan. A desear tener la capacidad de empujar el tiempo hacia atrás y que no sea realidad lo que sufres sintiéndolos abatidos, desplomados. Nunca he sido del Athletic, pero yo era de Dani. ¿Dani? Daniel Ruiz Bazán, mítico capitán de los leones de la década de los 70 y buena parte de los 80, vizcaíno de Las Encartaciones, de estos vascos que desprenden bonhomía por todos los poros de su piel. Era el especialista que tiraba los penaltis y los colocaba todos en las redes. Bueno, todos no. En la primera final de la Copa del Rey, tras la muerte del Dictador, jugaban el Athletic y el Betis. Partido emocionante y que, tras prórroga incluida, llegó a la tanda final de penaltis. Y ahí estaba yo, en la seguridad de que Dani acertaría con el quinto y levantaría la copa. Y esa fue la situación que se planteó, un regalo de la historia para cualquier jugador. Fue decidido a ejecutar la suerte, realizó su conocida “paradiña”, golpeó hacia su izquierda y….Esnaola, José Ramón, un guipuzcoano tenía que ser, lo paró. No olvidaré las imágenes de abatimiento de mi ídolo y por mucho que desee que no hubiera ocurrido, que el árbitro lo mandara repetir, nada pasó. Ya no importó para mí quien ganó la final (lo hizó el Betis). Hoy tenemos youtube y todo se encuentra y por muchas veces que lo busque, Dani sigue fallando el penalti, Cardeñosa no convierte su gol ante Brasil, Julio Salinas se la sigue tirando al cuerpo a Pagliuca y todavía no he sido capaz de ayudar a Perico Delgado a llegar a tiempo a la salida del tour en Luxemburgo.

Volver el tiempo hacia atrás sólo pasa en las películas. En la realidad, las segundas oportunidades no existen porque no hay dos situaciones iguales. Si te has equivocado, no podrás corregir el error cometido. Compensarás, cambiarás el rumbo, pero un jarrón roto no se puede recomponer.

El 12 de mayo del 2010, en apenas ciento veinte segundos, Zapatero leyó los folios once y doce de su discurso y enunció nueve medidas demoledoras, que rompieron los puentes entre el PSOE y mucha de su gente. Ciento veinte segundos para destrozar la confianza ganada en años de trabajo y lucha. No es cuestión aquí de discutir si se hizo o no lo correcto, si incluso la voladura de algunos puentes es anterior a la fecha, si faltaron dimisiones o explicaciones. Lo cierto, lo real, es que desde esa fecha, una gran parte de la gente que votaba socialista, le dio la espalda. La reforma de la Constitución fue otra patada en la espinilla.

No se puede volver al pasado. Lo votado, votado está. Pero la vida te sigue presentando oportunidades para tomar decisiones, para plasmar tus decisiones en votos. Y esas decisiones, con sus consecuentes votos, no reparan las anteriores que tuviste que tomar, pero sí te permiten volver a mirar a los ojos de los que dejaron de creer en tí. Hay muchas razones, muchas, mas bien todas, para votar NO  a Rajoy. Este artículo no pretende exponerlas, ni detallar las consecuencias de votar contra el PP. Este texto sostiene que votar NO es, además de una decisión política, un reencuentro entre el PSOE y su gente. Es un primer paso, una llave de futuro. Es un no ideológico, un no de conciencia. Harto de tener que ser responsables. Ya lo hemos sido muchas veces y nos han quemado vivos. No es suficiente el no, pero era necesario y obligatorio. Ahora toca reconstruir puentes de confianza y volver a ser el instrumento necesario de conquista de derechos y libertades que el PSOE siempre ha sido para los millones de españoles que le votan y para los millones de españoles que dejaron de hacerlo. Si abrimos el partido y nos convertimos en río, el agua correrá y lo hará con mucha fuerza.

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Logroñés, 1966. Maestro y pedagogo. Licenciado por la Universidad de La Rioja y por la UNED, respectivamente.

Dedicado, casi tres décadas, a la enseñanza privada como profesional autónomo.

Militante socialista y adscrito a la corriente de opinión del PSOE, Izquierda Socialista en La Rioja, siendo miembro de su Comisión Permanente Regional. Concejal en el Ayuntamiento de Azofra en la actual legislatura.

Columnista ocasional en la prensa regional Diario La Rioja y en el Boletín de la corriente Izquierda Socialista en La Rioja “Socialismo es Progreso”.

Habitual en las redes sociales y opinador político, social, deportivo, etc. muy activo. Apasionado de la Historia y de todo lo que no le deje indiferente o cree que no puede dejar indiferente a nadie como la justicia social, la recuperación de la Memoria Histórica, las continuas reformas educativas, etc.

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