En los últimos años han florecido un buen puñado de festivales en Madrid, que han demostrado que este tipo de propuestas pueden funcionar perfectamente en la capital. Uno de ellos es el Festival Río Babel, que debutó en 2017, y que el pasado fin de semana celebró su segunda edición.

Río Babel se caracteriza por ofrecer una buena variedad de artistas y estilos musicales, en un espacio reducido e íntimo, en una pequeña zona exterior de Ifema. En esta edición ha sumado 15.000 asistentes entre sus dos jornadas: lo suficiente para disfrutar de un buen ambiente, y lo justo para sentirse cómodo en todo momento y no sufrir ningún tipo de agobio. Además, el pack de dos abonos que ofrecía la organización permitía disfrutar del festival en compañía a un precio asequible.

Hay que reconocer que el primer día del festival quedó un pelín desangelado tras la cancelación de Molotov (y además hay que decir que la organización no informó adecuadamente sobre este contratiempo ni en su web ni en sus redes sociales), y su reemplazo Nathy Peluso no colmaba ese nivel por muy divertido que sea su show. Por lo tanto, todo el protagonismo de esta jornada recayó sobre Bunbury, quien durante hora y media mostró tanto sus grandes cualidades de estrella de rock (voz a un gran nivel, y unos movimientos y pose llenos de vitalidad que le salen con total naturalidad), como la estupenda solvencia de su banda. Tras la buena recepción de su nuevo disco, “Expectativas”, se le vio muy cómodo interpretando numerosos temas de dicho álbum y de toda su carrera en solitario, además de algunos clásicos de la etapa de Héroes del Silencio, entre ellos “Maldito Duende”.

Eso sí, el siguiente concierto fue mucho más movido. Río Babel asistío a la descriogenización de Alamedadosoulna, tras un par de años en barbecho. Con su muy bailable mezcla de ska, swing, reggae y soul, esta banda madrileña volvió a subirse con éxito a un escenario y contagió su ritmo a una audiencia que se notaba que los había echado de menos, y que no dejó de bailar a tope durante todo el concierto.

Fiesta con el combo Cat Empire + Crystal Fighters

Ya el segundo día (sábado), y tras sufrir a una Bebe que tenía poco que ofrecer, la cosa empezó a brillar con los australianos The Cat Empire. Esta banda de ska y jazz, que se caracteriza por su mezcla de estilos y sus influencias de la música latinoamericana, demostró que no hacen falta guitarras para transmitir energía al público y generar pogos por doquier. Con sus intrumentos de viento, percusiones, bajo y el carisma de su cantante dieron pie a un gran ambiente festivo, y pusieron una sonrisa en los miles de asistentes al festival.

Y la juerga continuó a lo grande con Crystal Fighters. Después de una década de rodaje y con tres discos a sus espaldas (y el cuarto en camino), cada vez tienen mejor dominado su gran espectáculo con el que convierten cualquier ocasión en la mayor de las fiestas. La introducción con el instrumento de percusión tradicional vasco txalaparta es su habitual manera de arrancar sus actuaciones, las cuales tras la aparición en el escenario de los miembros de la banda se convierten rápidamente en una locura de felicidad y exaltación colectiva. Esto es gracias a lo bien que funciona su música en directo, con una combinación de géneros explosiva y bien armada que incluye dance, pop, electrónica, folk bailable y elementos rockeros, entre otros ingredientes. Y también aporta mucho al show la interacción directa que consiguen con el público mediante los numerosos confetis que siempre caen en los momentos oportunos, las pelotas playeras que acompañan al temazo “Plage”, y muchos otros detalles. Quizás se les pueda acusar de que con cada disco se han vuelto más predecibles, pero nadie que asista a uno de sus conciertos puede negar que siguen siendo algo especial, ni de que son de lo más divertido que se puede ver hoy en día sobre un escenario.

Fue una experiencia agradable asistir a Festival Río Babel, como ya lo fue el año pasado. Es bueno que festivales de tamaño más reducido como este convivan en la capital con otros más grandes, para vivir experiencias musicales de todo tipo desde diferentes perspectivas. Un último apunte: tras la gran actuación de Goran Bregovic el año pasado, en esta edición se echó en falta algo de balkan de primer nivel; a ver si en 2019 vuelven a reforzar este estilo, que tan bien encaja en el festival. Confiamos en que Río Babel tenga una tercera edición el año que viene (ya han publicado un “Nos vemos en 2019” en sus redes sociales), en la que consolidarse definitivamente como un evento de referencia en Madrid.

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