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Quizá, de entre todas mis propuestas, ésta sea la más revolucionaria (sin necesidad de tomar las calles): limitar la propiedad intelectual al derecho de explotación. Las obras no pertenecen a sus autores. Ea.

Considerar que sí pertenecen nos llevaría a un círculo vicioso sin solución, porque los autores deberían pagar derechos de autor a las sociedades en las que se han formado, la creación “ex novo” no existe. La idea de una propiedad intelectual (heredable además) nos empuja a situaciones de agresividad que rayan el crimen contra la Humanidad: que un medicamento no pueda ser producido para todos los enfermos sin distinción de nivel económico es un asesinato, sin más paliativos. Éste es uno de los casos de la alienación que sufrimos más flagrantes, porque todos hemos asumido que la salud está vinculada al poder económico y si un hijo nuestro depende de una cantidad económica para salvarse del sufrimiento y la muerte, mientras el de enfrente se salva por dinero puro y duro, no se nos ocurriría pegar tres patadas y tomar una decisión, mientras que encontramos justificado defender a nuestra progenie sobre todas las cosas en cualquier otra circunstancia de agresión. El Tercer Mundo tiene una paciencia (o un sufrimiento inmovilizante) infinita; cuando nos preguntemos por qué nos miran mal, he aquí una razón insoslayable, entre miles…

Quiero aclarar algo, prefiero pasar por inocente o ingenuo y exigir cambios reales en la gestión política, que mirar hacia otro lado y con la excusa del “siempre ha sido así” convertirme en el conservador que llevamos dentro. A veces lo más manifiesto es lo que nadie quiere ver.

Lo que propongo no requiere mucha complicación: la propiedad intelectual sólo debería servir para gestionar contratos de explotación, porque nadie puede ganar dinero con el trabajo de otros sin permiso; pero si los fines de la difusión y el uso no son empós de la ganancia, entonces bastaría citar la autoría para estar en paz. Recordemos que el régimen de explotación actual ha llevado al absurdo de pedir cánones a quienes usan las bibliotecas públicas, atentado sustancial contra nuestra propia idea de la Cultura y su difusión; ¿cómo puede alguien negarse a que una producción suya se use en un contexto educativo?, sólo debe cobrar si quien realiza la difusión obtiene algún beneficio, y nada más; esto redefine ese invento de la piratería, esgrimido a veces justamente y otras por “artistas” que poseen islas privadas; vuelvo a recordar todo lo que tiene que ver con los fármacos o la tecnología… sin entrar en que toda producción humana tiene como objetivo al ser humano, es decir, no hay Arte sin público como no hay fármaco sin paciente, hay una interdependencia, y así se produce progreso del verdadero, no buscando unicornios.

¿Quién invertiría en investigación? Ya es hora de devolver ese poder social a los Estados, ya es hora de desvincularlo del interés privado, otra panacea que se ha demostrado promotora de la avaricia y de un consumo clasista, además de generar el desarme ideológico (y económico) de las Universidades públicas, centros verdaderos de la Ciencia y la investigación. No estamos “nacionalizando” las patentes sino revinculándolas a los intereses de la mayoría; no estamos suprimiendo la posibilidad del beneficio, sino limitándolo a la explotación comercial. Un europeo puede permitirse pagar (él o su Seguridad Social) la medicación para el SIDA, un centroafricano quizá no, ¿debe morir? Yo a esto lo llamo matar. Enseguida pensamos en la trampa, si en África el medicamento es gratis habrá tráfico, ganancias ilegales y pérdidas para los productores; sí, ésa es la realidad, por eso los códigos penales deben ser extremadamente firmes al tiempo que respetuosos con los condenados, pero inflexibles; por eso hay que coordinar los gobiernos con una constitución internacional garantista de los derechos (verdadera globalización); por eso hay que legislar prohibiendo la riqueza simultánea con la pobreza…

Ahora mismo gestionamos para el capital. Hay que gobernar.

Ésta podría ser una clave fundamental en ese enfriamiento de la economía mundial por la sostenibilidad; la dinámica loca de explotación y consumo y crecimiento ha de parar por necesidad, el miedo que usted siente (y yo) ahora mismo pensando que esto es imposible es lo que está destruyendo al planeta y nuestro futuro (y matando a un tercio de la población humana terrestre), hay que tomar decisiones. Teta y sopa…

Por otro lado, formar parte de la Historia de la Ciencia, el Pensamiento, la Literatura, el Arte, etc., debe implicar un poco de modestia, eso que llamaban sabiduría; esta dinámica de alabanza del autor-héroe que merece todo honor y toda gloria ha llevado a una desustanciación de disciplinas que están terminando por ser exclusivamente entretenimiento y negocio. Profesionalidad, lo llaman; pero es sólo “jeta ingeniosa”, cualquier papafrita se piensa que es Picasso porque no sabe dibujar, pero el Humanismo es otra cosa; prueba a vivir del Arte sin publicidad, grupos de presión, trabajando contra las modas, exigiendo al público intérprete, prueba a ser consecuente con tus principios… Bienvenidos a Irrelevancia (yo recibo).

Soy el primer interesado en cobrar (por fin) de mi trabajo, y no debería permitir que nadie explote mi esfuerzo sin exigir un contrato, pero si el pensamiento es sólo un oficio: entonces se debe a quien le paga… analicen las consecuencias: desprestigio de las Humanidades, extinción del periodismo, la Medicina como negocio, tecnología vinculada casi exclusivamente al consumo, sin hablar de los problemas con los herederos de los derechos que terminan siendo el titular redivivo pero sin talento; las sociedades deben mucho a la intelectualidad, tanto como ésta a aquéllas… Recuerden cómo era, sí… ¡compromiso!

Ahora gestionamos para el capital, pero hay que gobernar.

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es

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