Desconozco si fue Woody Allen o Groucho Marx, ya que ambos comparten un montón de citas que la gente, de forma anárquica, ha atribuido según su grado de desconocimiento. Quien fuera, finalmente dijo que las opiniones son como los culos, cada persona tiene uno.  

Sin ánimo de intentar equiparar el número de opiniones con el de culos, reconozco que mi predilección siempre será para ese trozo de carne perfectamente simétrico que denota más rasgos de nuestra personalidad que cualquier opinión, sentencia o principio. En lo que se refiere a las opiniones actualmente resulta más acertado decir que existen más opiniones que botellines.

Me preocupa que para la gran mayoría de las personas con culo, todas las opiniones resulten respetables. Todas sin excepción. Conviene aclarar que no es lo único respetable en este mundo, por ejemplo: cualquier persona que trabaje para ganarse el pan, me parece digna de respeto; un olivo cuyo fruto nos otorga la savia necesaria para los alimentos; cualquier tipo de obra artística que nos intenta transmitir algo; la vida de los otros incluso puede llegar a un grado de respetabilidad aceptable en función de su modus vivendi. Aún así a la cabeza de la respetabilidad se hallan las opiniones, respetamos más opiniones que personas, que actitudes, que animales, que ideologías, respetamos opiniones por encima de nuestras respetabilidades.

El respeto supone tener un miramiento o una consideración con algo o alguien, pero eso no significa que deba ser regalado. Hasta ahora sólo las opiniones han gozado de respeto gratuito.

Las redes sociales nos han proporcionado un altavoz para nuestro ego, generando cierto stock de opiniones.

No hay nada más peligroso que cuando una persona comienza una letanía con la frase desde el respeto…  Desde el respeto he oído auténticas barrabasadas: Desde el respeto que tengo a los inmigrantes, me parece fatal que cuando recogen alimentos de la basura, lo dejen todo desperdigado, ¿a que eso no lo hacen en su país?

Desde el respeto, opino que algunas mujeres se aprovechan de la credibilidad que le aportan las autoridades en casos de violencia machista. 

Por momentos ese desde el respeto parece el chaleco antibalas de los ignorantes y carentes de empatía.

Las opiniones deben ganarse su derecho a ser respetables, y no serlo sólo por el simple acto de su enunciación. Al expresarlas deberían comenzar su periplo hacia el respeto, ya que inequívocamente las estamos exponiendo a la controversia, a la disputa, a la refutación, incluso a la broma. Ellas también deben recorrer su camino del héroe, transitar por terrenos inertes, campos encharcados de orín, ciudades con socavones, acusar la violencia del antagonista, padecer el llanto del abandono, incluso reducirlas a la mínima expresión para digerirlas, pero eso mejor dejarlo en manos de Ferrán Adriá. Una vez pasadas estas lujurias y azoteas, sólo las opiniones más fuertes sobrevivirían, ganándose entonces el derecho a ser respetables. Algo semejante al  programa ¿Qué apostamos? en el que se enfrentaban los habitantes de un pueblo contra los de otro, un ¿Qué respetamos? ¿Qué respetamos? Opina lo imposible y no des marcha atrás.

Porque si a una opinión se la respeta sin más, únicamente por ser como es, la estamos tratando como si tuviera la sangre azul, por lo que nos tocará mantenerla y perdonarle sus veleidades. Al respetarlas porque sí, las estamos estancando, momificando, relegando a una posteridad que seguramente no soporten.

Existen más opiniones que culos, pero creo que en cuanto a patrimonio de respeto los culos poseen más hectáreas. Urge abandonar los blanqueamientos anales y comenzar a blanquear opiniones, lustrosas y puras para su uso. Es mi opinión sólo pido, por favor, que no la respetéis en absoluto.

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