Una palabra de nuestro rico y amplio lenguaje español que cuando la pronunciamos pone en marcha los mecanismos de autodefensa de algunos profesionales de todo tipo de sectores (públicos y privados).

A mí, estimado lector, escucharla me despierta los cinco sentidos, me motiva, me genera ilusión por la meta a alcanzar, me hace sentir satisfecho por el trabajo bien hecho, por la misión cumplida.

Lógicamente, como experto en asesoramiento estratégico de recursos humanos y organización, focalizo mi análisis, diagnóstico, e intervención estratégica, en el rendimiento: profesional, laboral, y organizacional, para mejorar e incrementar la productividad.

Nos dicen, desde algunas instituciones públicas, que debemos ser más competitivos, que debemos apostar por las innovaciones tecnológicas, por la economía del conocimiento, por las investigaciones de todo tipo. Muy bonito, bien expuesto, teóricamente desarrollado y en algunas ocasiones copiado), pero yo pregunto: ¿estamos concienciados con el rendimiento que dado uno debe aportar en el ejercicio de sus responsabilidades laborales?

Me sorprende, cuando algún profesor de Universidad, imparte sus charlas (como una actividad más) sobre cuestiones que profesionales liberales llevamos años fomentando, desde la valentía de la vocación profesional (con todos los riesgos que conlleva para un profesional independiente) conceptos innovadores en el ámbito de las ciencias sociales y de la organización científica del trabajo.

Al margen de si un funcionario de la docencia está autorizado para realizar tres o cuatro actividades (seis mil eurístas), lo que a los ciudadanos nos interesa es que el salario que percibe como docente se lo gane cada mes. Queremos conocer cuál es su RENDIMIENTO como docente. Si está impartiendo eficientemente las clases a sus alumnos.

Le preguntaríamos: ¿en qué actividad a las que se dedica es usted rentable para el Estado Español? También le preguntaríamos: ¿si usted además del sueldo de profesor, organiza cursos, charlas, y además colabora con una consultora (posiblemente de su propiedad), qué trabajo le damos a esa juventud tan preparada, si usted lo ocupa todo: público y privado?

Admiro a aquellos funcionarios, de todas las administraciones e instituciones públicas, que cada día practican el servicio público, que se ganan con creces sus sueldos por su excelente trabajo. Conozco a funcionarios que con su trabajo construyen país, que son ejemplo de integridad y profesionalidad.

Quienes desde lo público, se montan sus chiringuitos, están empobreciendo la calidad del servicio público, además de ocupar puestos de trabajo que podrían ocupar jóvenes bien preparados.

Considero muy necesaria, la modernización de los recursos humanos en las administraciones públicas para mejorar el rendimiento profesional (mejorando la calidad de vida laboral), y así incrementar el rendimiento del servicio público a la ciudadanía.

España necesita incrementar su competitividad fortaleciendo su tejido productivo y reorganizando sus administraciones públicas.

 

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