Olvidados ya los tiempos en los que un periplo suponía cuando menos a priori la constatación siquiera efímera de una suerte de aventura, que otro de los elementos llamados a incidir en la certeza de que nuestro aquí y ahora se conduce por letanías más propias de una transición que de un momento de pleno conocimiento puede deducirse del hecho mediante el cual una suerte de prudencia mal entendida ha llevado al Hombre Moderno a esconder su miedo tras un velo de prudente renuncia, que alcanza su estertor cuando comprobamos hasta qué punto hoy ni la aventura, remanente conceptual adherido al periplo, es capaz por sí sola de incendiar el alma de un ente absolutamente embrutecido, amortajado por la felonía que se alimenta del peor de los venenos, a saber el que la resignación inyecta en el Hombre, predispuesto éste para la Política en tanto que ser social por excelencia.

Abrumado así pues no solo por las incógnitas que le producen la escucha de lo ajeno, como sí más bien por la cada vez más evidente incapacidad para volver inteligible las cuestiones que otrora le fueron propias; es por lo que el hombre moderno se lanza a una suerte de premura destinada no tanto a interpretar su presente, como sí más bien a negar su pasado; condicionando con ello de manera cabría decir que inexorable cualquier suerte de fortuna destinada a convertir en algo mínimamente práctico lo que desde tales presunciones cabe esperarse del futuro.

Renuncia pues el hombre moderno a la salvaguarda que de no volver a cometer errores ya cometidos podría librarle el no denostar porque sí las consideraciones que el pasado se halla todavía en disposición de hacerle; quedando así pues a la deriva en una travesía cuyas aguas se muestran hoy especialmente oscuras, reduciendo pues a las disposiciones que una mar tempestuosa pueda ofrecernos, el destino de una expedición en la que de una u otra manera, todos nos hallamos embarcados.

Fruto de esta renuncia, o más concretamente a partir de las consideraciones que para hacer comprensible la misma resulta imprescindible erigir; es por lo que el hombre se sorprende a si mismo presa de la incapacidad para reconocerse en la forma adoptada a la hora de definir los nuevos parámetros a partir de los cuales determinar la nueva concepción de la realidad; una realidad que por necesaria y absoluta (no olvidemos que procede de una reinterpretación de términos desde un proceder más cercano al hábito de los dioses que de los hombres), pues no en vano la renuncia al pasado supone en definitiva la renuncia a lo que en nosotros hay de humanos.

Y desde esa nueva perspectiva, es desde la que siguiendo tan incipiente lógica podemos asumir que la destinada a ser considerada como nueva realidad no puede ni debe ser extraída a título de corolario de ninguna reflexión previa es decir, no puede surgir a consecuencia de nada pretérito, pues de hacerlo bien podría resultar contaminada con preceptos o desde la semántica de lo que a todas luces se pretende aislar.

Vive pues el hombre moderno el éxtasis de su creación. Éxtasis y creación, conceptos propios de los tiempos en los que lo mítico se hallaba presente en todo, ya fuera de manera consciente o inconsciente, toda vez que la última explicación de lo desconocido, la que DESCARTES enuncia cuando resulta ya imposible retrotraerse ad infinitum; solo puede llevarse a cabo de manera cuando menos satisfactoria acudiendo a lo mítico.

No obstante, el paso del Mito al Logos superó en gran medida tales condicionantes, si bien creó otros, tales como los que proceden de hacer al hombre consciente de su propia incapacidad. La ruptura de esa senda, y la satisfacción que para el hombre (a partir de ese momento moderno) supuso la posibilidad de caminar solo, eligiendo incluso los entes competentes para causarle miedo, bien pueden simbolizarse con el instante en el que PROMETEO le regala su fuego. Un fuego destinado en principio a iluminar los recovecos del camino, pero que a la larga termina por insuflar en el espíritu del hombre un incendio que incomprensiblemente amenaza con destruir todo lo que le es propio ya que, en lugar de reforzar las tesis de su humanidad, no le sirven sino para reconocer en silencio el fracaso de la que siempre fue su empresa a saber, reforzar una y mil veces su condición de hombre.

Comprobamos entonces que el hombre moderno juega a ser dios. Renuncia a su pasado en un intento de afirmarse en la falacia que supone apostar por la eternidad; y se empecina en no reconocer lo concreto de los espacios llamados a contener su existencia, en la falsa creencia de que así apuesta por lo infinito. Pero lejos de esto, la realidad se impone. Una realidad cruel, llamada a poner de manifiesto sus errores no tanto por la naturaleza de los mismos, como sí más bien a partir de la puesta de manifiesto de la fabulación a la que puede ser resumido todo el bagaje que por tales medios se ha conseguido.

Es entonces cuando la nada, esa de la que ya desde los clásicos viene huyendo el hombre, se reafirma ante nosotros adoptando la forma de abismo de la que NIETZSCHE ya nos alertara cuando nos advirtió de que todo hombre que se crea capaz de mirar en el interior del abismo ha de tener cuidado, pues el abismo también mirará dentro de él.

Proscrito del presente, aborrecido por el pasado, solo la apuesta por lo incierto del futuro le queda al hombre moderno.

Definida pues la huída hacia delante como único camino, la sentencia de inevitable que a partir de ese momento lo impregna todo, dota de incondicional sentido tanto a las acciones como por supuesto a los conceptos destinados a dotar de forma a lo que si no serían meros procedimientos y desde los que actualmente se construye la realidad.

Una realidad inmersa en el periplo, que se alimenta de la mera inercia generada del propio tránsito, y que solo a la vorágine encomienda su destino.

 

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Natural de La Adrada, Villa abulense cuya mera cita debería ser suficiente para despertar en el lector la certeza de un inapelable respeto histórico; los casi cuarenta años que en principio enmarcan las vivencias de Jonás VEGAS transcurren inexorablemente vinculados al que en definitiva es su pueblo. Prueba de ello es el escaso tiempo que ha pasado fuera del mismo. Así, el periodo definido en el intervalo que enmarca su proceso formativo todo él bajo los auspicios de la que ha sido su segundo hogar, la Universidad de Salamanca; vienen tan solo a suponer una breve pausa en tanto que el retorno a aquello que en definitiva le es conocido parece obligado una vez finalizada, si es que tal cosa es posible, la pausa formativa que objetivamente conduce sus pasos a través de la Pedagogía, especialmente en materias como la Filosofía y la Historia. Retornado en cuanto le es posible, la presencia de aquello que le es propio se muestra de manera indiscutible. En consecuencia, decide dar el salto desde la Política Orgánica. Se presenta a las elecciones municipales, obteniendo la satisfacción de saberse digno de la confianza de sus vecinos, los cuales expresan esta confianza promoviéndole para que forme parte del Gobierno de su Villa de La Adrada. En la actualidad, compagina su profesión en el marco de la empresa privada, con sus aportaciones en el terreno de la investigación y la documentación, los cuales le proporcionan grandes satisfacciones, como prueba la gran acogida que en general tienen las aportaciones que como analista y articulista son periódicamente recogidas por publicaciones de la más diversa índole. Hoy por hoy, compagina varias actividades, destacando entre ellas su clara apuesta en el campo del análisis político, dentro del cual podemos definir como muestra más interesante la participación que en Radio Gredos Sur lleva a cabo. Así, como director del programa “Ecos de la Caverna”, ha protagonizado algunos momentos dignos de mención al conversar con personas de la talla de Dª Pilar MANJÓN. Conversaciones como ésta, y otras sin duda de parecido nivel o prestigio, justifican la marcada longevidad del programa, que va ya por su noveno año de emisión continuada. Además, dentro de ese mismo medio, dirige y presenta CONTRAPUNTO, espacio de referencia para todo melómano que esté especialmente interesado no solo en la música, sino en todos los componentes que conforman la Musicología. La labor pedagógica, y la conformación de diversos blogs especializados, consolidan finalmente la actividad de nuestro protagonista.

1 Comentario

  1. Gran artículo, muy certero en estos momentos. Tal vez, la única posibilidad del hombre pase por rescatar el pensamiento mítico y conjugarlo con las luces surgidas del XVIII, haciendo caminar a nuestro lado a dioses y demonios. Tanto si las religiones mayoritarias tienen algo de cierto como si no (y, de ahí, la importancia del Antiguo Testamento y la interpretación, aunque arrastrada a ella por las masas, de la Iglesia católica), la necesidad del pensamiento mítico, que nos explica el mundo en forma de fábula y a la vez nos vacuna contra la literalidad de lo sagrado, es del todo esencial en nuestros días. Decía Chesterton que cuando el hombre deja de creer en Dios comienza a creer en cualquier cosa. ¿En la dieta vegana, por ejemplo? El principal pecado de las religiones, con sus hombres de buena voluntad y sus mefistófeles particulares, ha sido la literalidad, y no directamente, sino a través de la erradicación de la moraleja fabulosa del pensamiento mítico. Si sé que es mentira, lo interpreto de tal manera. O, en clave religiosa, si creo que es verdad, no puedo despreciar la verdad de las mentiras. El otro día me comentaba un compañero que el futuro de la literatura pasa por el género, inexplorado, de la Teología-Ciencia Ficción, la necesidad de dar cauce a esa dimensión mítica o espiritual que es innata al hombre, y que se muestra, como decía, en las clases de yoga, la dieta macrobiótica o la resistance a la caza de ballenas. Y puede que tenga razón. O no.

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