Regreso al Futuro

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Caos

Un sol mortecino ilumina un cielo de un lánguido azul  en el que, a pesar de no haber nubes, no se llega a ver el horizonte con claridad meridiana. Y eso que el mes de julio está ya en pleno apogeo. Desde hace un par de décadas, nada es igual. La tierra se ha vuelto un planeta agreste. La sociedad civil se ha ido al garete. Los derechos son algo del pasado. El único derecho reconocido es el del más fuerte. La propiedad individual tiene el mismo registro que el territorial de los animales. Si entras en una propiedad privada sin permiso, aunque sea por equivocación, lo más probable es que acabes con un tiro entre las cejas. Ya no hay indigentes por las calles. Quién tiene la desgracia de quedarse sin recursos económicos, mejor que emigre al desierto. Dormir en la calle es una condena segura a muerte. Ser pobre es una condena a muerte. Sólo los más viejos han oído hablar de las ONG’s. Ahora ya no tienen sentido. El estado ya no existe. Sólo existen gobiernos, muchos,  que imponen sus directrices. La Seguridad Social, sólo es un recuerdo. Nadie que no tenga recursos propios puede jubilarse. Las carreteras son privadas y sólo utilizables mediante pertenencia a la sociedad que las gestiona o a través de costosos peajes. Existen caminos por los que, mejor no adentrarse a riesgo de ser asaltado o de que te peguen un tiro por indigente o por cruzar por una propiedad particular. En caso de llegar a un río caudaloso, (complicado porque solo existen si hay lluvia torrencial) cualquier puente que quieras cruzar, te cuesta el salario de dos semanas. Para entrar en una ciudad hay que estar empadronado o que alguien que lo esté, te avale. Si cometes un error, te encuentran durmiendo en la calle o te dedicas al robo y te pillan, quién te ha avalado acabará con una soga en el cuello, colgado de una de las plazas para escarnio y advertencia.

La circulación por esas carreteras se ha convertido en un caos. No hay límites de velocidad ni normas. Quién tiene el vehículo más duro, tiene prioridad absoluta. Si tienes un accidente, date por muerto. Nadie vendrá a auxiliarte. Si tienes seguro con asistencia en carretera, y tu coche lleva GPS y dispositivo de auxilio, vendrán a buscarte y a llevarte a tu hospital privado. Si no, todos los días a los cinco de la mañana, el servicio de recogida de la carretera privada, llevará tu coche a la chatarra y tu cuerpo a una fosa común.

En la Autopista de Burgos, un reducido grupo de voluntarios, se juegan el físico diariamente socorriendo accidentados y llevándoles a su hospital de salvamento, para su recuperación. Son gentes que aún creen que los seres humanos no somos animales y que la civilización puede volver a recuperarse. Siguen creyendo que la existencia es el primer derecho de cualquier forma de vida. Además de contra el gobierno de turno, tienen que pelear contra canallas que no tienen nada mejor que hacer que recorrer las carreteras rematando heridos. Canallas que creen que la humanidad tiene el deber de auto controlarse. No hay agua, ni comida para todos y lo que se reparte a un indigente o a otro ser humano, es algo que se les está quitando a ellos. 

No existen las cárceles ni los jueces. La justicia se imparte en el momento y tiene más razón quién tiene la suerte de disparar primero. El mundo es global, no hay fronteras salvo en ciudades, pueblos, fincas, puentes y cortijos. Lo que empezó siendo apoyado por la mayoría de ciudadanos con el caramelo de reducir los niveles de delincuencia y de acabar con los impuestos, se ha convertido en un veneno infernal para la mayor parte de la población. 

Sólo los más fuertes, los que mejor disparan, han progresado. Una humanidad paralizada por el miedo, camina hacia su total aniquilación sin que sean conscientes de ello.


 

Regreso al Futuro

Recuerdo una de las escenas de la película Regreso al Futuro (creo que era la parte II, en la que los protagonistas deben viajar al pasado, para evitar que Biff le entregue el libro de apuestas a su yo de 1955. Cuando Doc y Marty McFly vuelven a Hill Valley en 1985, se encuentran con un mundo sórdido y violento en el que impera el mal). En esa gran película de éxito intergeneracional, se nos muestra que es lo que sucede cuando el poder (a base del dinero generalmente ganado con inmoralidad e ilegalidad) está en manos de los tiranos. La humanidad pasa a un estado caótico donde desaparecen los derechos y se vuelve a una época en la que las personas se comportan como animales salvajes y reaccionan como siervos ante el poderoso.

No hace muchos días hablaba aquí  de la indecencia en la entrega del Princesa de Asturias de la concordia a la UE. Esa unión que impide que las personas se muevan con libertad, que emplean ingentes cantidades de dinero en apoyar gobiernos feudales dirigidos por sátrapas que hacen de tapón y que consiguen que las pobres gentes que tienen que huir de guerras y miseria, acaben detenidos en un campo de concentración o hacinados en una balsa en mitad del Mediterráneo dónde acaban muriendo de inanición, cuando no ahogados.

Esa misma Unión Europea consiente que un barco fletado por indeseables homófobos racistas , campen a sus anchas con la intención de cometer delitos, porque la denegación de auxilio es un delito, mirando para otra parte mientras acusan a quién dedica sus recursos, su tiempo y su vida a realizar unas tareas de humanidad que deberían ser asumidos por los estados de la Unión y no por las ONG’s.

Caminamos a marchas forzadas, en una coyuntura que llaman populista o neo liberalismo pero que no es otra cosa que fascismo puro y duro. Estos nombres sólo son eufemismos de una situación cada día más intolerable. Una situación de fascismo real. Quizá los ciudadanos de los años 30 del pasado siglo en Europa, tampoco eran conscientes de lo que estaban viviendo. Hoy, como entonces, el ser humano ha dejado de tener esa pátina de invulnerabilidad sólo por el hecho de haber nacido, para pasar a ser un animal más, un bien a sostener dependiendo de la validez que se le preste. Si tienes la desgracia de nacer en un país cuyas riquezas son ansiadas por los indeseables, acabarás en un país con revueltas constantes. Si eso no es suficiente, vendrá la guerra, tu hogar destrozado por las bombas, teniendo que huir para salvar la vida y siendo tratado como basura que hay que limpiar. Si tienes la suerte de nacer en una familia con poderío económico, incluso aunque tus ancestros sean delincuentes de la peor calaña, acabarás siendo una persona de bien, reconocida y amparada por cualquiera de los gobiernos del mundo.

Quizá querido lector, estarás pensando que soy un agorero y que no es para tanto. Y eso es porque ni sabes, ni quieres saber cómo se siente un palestino en mitad del mayor campo de concentración del mundo, donde se le niega desde el agua, al trabajo, pasando por la libertad de movimiento. Quizá es que, aunque lo sepas, te importa un comino, porque tú no tienes la mala suerte (aún) de que te peguen un tiro, sólo por ir vestido distinto, intentar rascarte el tobillo o defender a tus hijos. Quizá tampoco conoces que miles de españoles (según el derecho internacional ) malviven en campos de refugiados en Argelia, porque el sátrapa marroquí se ha quedado con unas tierras que abandonamos, o quizá peor, que alguien de último gobierno del Dictador genocida, pudo venderlas al parricida, padre de este déspota actual que gobierna en Marruecos. Igual lo conoces y crees que no es de tu incumbencia. Pero tanto palestinos como saharauis son víctimas de este mundo global fascista en el que no importa lo criminal que seas, ni las víctimas que pesen en tu conciencia si eres amigo o sirves a los señores de la guerra.

Quizá, si logramos darle la vuelta, de nuevo a este mundo fascista, nuestros herederos, vuelvan a estudiar en la escuela que, durante las dos últimas décadas del siglo XX y sobre todo en las primeras del XXI, se estuvo generando una tercera guerra mundial económica en la que, la plutocracia imperaba en el mundo disfrazada de democracia. En la que los seres humanos sólo lo eran si tenían recursos suficientes y en las que una minoría provocaba guerras y situaciones de inestabilidad política, en nombre de la libertad, pero con el fin de incrementar sus cuentas en paraísos fiscales que ellos mismos crearon y sostuvieron adaptando la legislación mundial a sus intereses.

De no darle la vuelta a esto, quizá la terrorífica historia que hoy ilustra este artículo, sólo sea una visión de un futuro incierto y aún más aterrador.

Salud, república y mas escuelas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentahistorias freelance o mejor dicho un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Ahora participo activamente en PODEMOS, más que por convicción, por la necesidad de regeneración. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Subjetiva y probablemente equívoca, pero es mi opinión. Si me equivoco rectifico. Sólo el que rectifica aprende algo. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

2 Comentarios

  1. Terriblemente certero. La descripción que haces es la desembocadura a que inexorablemente vamos (nos llevan) si se siguen cumpliendo paso a paso los hechos que vamos constatando.
    A menos que “le demos la vuelta a esto”, claro.

    Magnífico..!!

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