He puesto en el reproductor del móvil la canción “Time is on my side”, el tiempo es mi aliado, el tiempo está de mi parte, el tiempo es mi colega… y yo quiero y cuido y mimo a mis colegas. Quiero a mi tiempo, pero el tiempo es como una prostituta: se va contigo por dinero y si no le das ni una moneda es capaz de pasarse veinte horas con el culo pegado a una pared haciendo nada, desperdiciándose a sí mismo. La primera versión que tengo en el esmarfon de Time is on my side es la de los Rolling, la misma que suena en esa película genial interpretada por Denzel Washinton, John Goodman y Donald Sutherland, y dirigida por Gregory Hoblit: FALLEN.

El diablo, exista o no, tiene a su favor el tiempo. A largo plazo el pulso con el Creador de la tierra donde vivimos y morimos lo ganará él. La tierra se irá al garete y el creador se quedará con un palmo de narices mientras el diablo echa humo de tanta risa; supongo que por eso es tan atractiva la figura de Satán para algunos escritores, cineastas y demás bichos raros cuya existencia permite la alegre masa borreguil porque resultamos entretenidos con nuestras cositas, nuestras chifladuras, que a veces les arrancan una carcajada o les hacen pensar o hasta olvidarse de sí mismos, sentir que el tiempo también está de su lado: Time is on their side. On your side.

Confieso, ¿por qué no?, que para la único que me interesa el dinero -aparte de para comer, sobrevivir y demás, pero eso son cosas que no valoro, porque las he tenido siempre- es para comprar tiempo. El dinero me interesa porque compra tiempo. La famosa frase de Emerson, o de quien fuese, que aseguraba que el tiempo es lo más valioso del mundo porque ni con todo el oro del mundo se podría comprar un solo minuto es una estupidez, que como muchas otras estupideces de tanto repetirse ha llegado a convertirse en una verdad inmutable, pero es mentira.

Cualquiera puede comprar un minuto.

Hasta se puede regalar.

Voy a hacerlo ahora mismo: que el lector deje de leer esta artículo y tendrá un minuto -aprox- para hacer lo que le dé la gana con él. Vamos, no sigas leyendo, te regalo este minuto, utilízalo como quieras.

Veo que has optado por utilizar el minuto en seguirme leyendo; gracias. Bueno, pues sigo: siempre he utilizado el dinero para comprar tiempo y poder usarlo a voluntad. Hace once años escribí durante un año un cuento cada día. El primer escritor de la historia. Pude hacerlo porque tenía tiempo, porque lo había comprado y lo gasté en eso. Pero no compré el tiempo, no ahorré el dinero que me permitió vivir sin trabajar para escribir un cuento al día durante un año o una novela, o rodar pelis; lo compré sólo para tenerlo. Y cualquiera puede hacerlo. Cualquiera puede comprar tiempo en lugar de malgastar, malbaratar, su dinero en otras cosas. Pero se acaba el minuto que te había regalado; aunque algún día conseguiré, lector, regalarte otro minuto para que hagas con él lo que quieras. Es más: acabo de hacerlo. Incondicionalmente: he borrado las siguientes veinte líneas de este artículo para que hagas con los próximos sesenta segundos lo que tú quieras.

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1 Comentario

  1. Jugando como siempre con el genio y el ingenio, maestro. Qué sepas que te vi el otro día haciendo el zuavo en la fundación de la mutua, y hasta he escrito sobre ello en tu propio periódico (con tu permiso, espero). En resumen, señor Puebla: que he vuelto. Walter Flores del Mal ha vuelto.

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