Me manda un correo una escritora de la que estoy siguiendo la redacción del libro que actualmente tiene entre manos, y me pregunta sobre redes sociales, si es necesario para tener éxito como escritor hundirse hasta las cejas en ellas, poner sonrisas que inevitablemente acaban siendo forzadas en ocasiones, al convertirse en obligación.

La respondo como sigue más abajo, con mi pequeña verdad:

Si no te divierte no lo hagas. Yo pongo cosas pero apenas las muevo. No creo en ello, es publicidad engañosa -lo de que son necesarias- para así tenernos más enganchados y trabajando gratis para los dueños de las compañías. Puedes contratar a un community manager, pero la eficacia real, me dice mi editor más habitual, es un porcentaje inferior a uno de cada diez mil seguidores.

Y lo de las redes lo dice todo el mundo porque lo han oído por ahí, suena todo el tiempo, y lo repiten como loros. El momento, en literatura, está más complicado que nunca y es un mundo dificilísimo. Conozco un tipo, un gay millonario, que invirtió alrededor de un millón de euros, compró páginas enteras de publicidad en el País y otros periódicos, el escaparate de la Casa del Libro de Gran Vía, y más cosas, pero apenas logró acabar la primera edición, de dos mil ejemplares, aunque también hizo una segunda y hasta una tercera.

Lo interesante es escribir. Y si sucede el milagro, sucede. Se puede comprar más o menos lotería, pero no hay garantía de premio a no ser que estés dispuesto a perder muchísimo más dinero del que se puede ganar. Disfruta con tus libros, a mí me está encantando este nuevo, y no le des demasiadas vueltas. El éxito social da igual. O yo lo veo y siento así.

Beso y sonrisa.

He decidido publicar mi respuesta al mail de mi colega y amiga porque creo que le puede interesar, ser útil, a más personas. Y he dejado al final el beso y la sonrisa, porque a cualquiera que le preocupe el tema, que se sienta presionado por la obligación de estar obligatoriamente en las redes sociales, probablemente le sentarán bien: el beso, y la sonrisa.

Nota: las palabras que he utilizado como título son las mismas que empleó mi amiga escritora para definir el asunto de su correo: Redes sociales y otros monstruos repugnantes.

 

(mecanografía: Lola)

 

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