Las cosas cambian en cuestión de horas. Hasta este lunes, las posiciones de partida para el encuentro que van a mantener Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en torno a la investidura parlamentaria del primero estaban muy claras. El PSOE sigue diciendo “no” a un eventual apoyo al PP, aunque éste sea en segunda vuelta y en forma de abstención. “Y no es que es no”, insiste el portavoz socialista Antonio Hernando. Se aferra a la resolución del comité federal del Partido, el máximo órgano decisorio entre Congresos.

Todo parece claro de no ser porque, en las últimas horas, se han introducido elementos que pueden hacer cambiar de idea a Sánchez. Al menos en el sentido de aceptar la “apertura de un periodo de reflexión”, dado y como se está poniendo el panorama político en este país, cada vez más confuso.

Y es que a las elecciones en Euskadi, hay que sumar, para el mismo 25 de septiembre también, las gallegas en las que Alberto Núñez Feijóo pretende revalidar mayoría. No parece que tenga mucho que ver todo esto con la investidura de Rajoy. ¿O sí?

En las últimas horas ha corrido el rumor en los mentideros políticos de Madrid, muy mermados por el descanso agosteño, de que Mariano Rajoy puede anunciar a Pedro Sánchez y a Albert Rivera, con el que se entrevistará este miércoles, su intención de permanecer sólo dos años en el Gobierno si es que logra ser investido. Luego se convocarían elecciones anticipadas y él ya no sería el candidato. Núñez Feijóo es el delfín. Si sale elegido presidente de la Xunta tendrá dos años para preparar a un sustituto. De ahí las prisas por convocar comicios.

Rajoy puede revelar a Sánchez esta idea. Al mismo tiempo le propondría un gobierno en minoría, prácticamente “de gestión”. Las imposiciones de Bruselas, que van a venir y van a ser de gran calado, serán analizadas con los socialistas. Y algo mucho más trascendente: se buscará una solución conjunta para el panorama que se presenta en Catalunya, con un independentismo cada vez mas crecido y donde se utiliza como nadie el “victimismo” que se va a imponer tras las resoluciones del Tribunal Constitucional, sobre todo en torno a la figura de la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, la cual lleva camino de convertirse en “el emblema de la opresión de Madrid”.

Dentro de este “consenso”, Mariano Rajoy está dispuesto, incluso, a ofrecer la apertura de una negociación para llevar a cabo, en sus dos años de mandato, la reforma de la Constitución pretendida por la izquierda, dar mayor independencia al poder judicial y aceptar algunas reformas como es la de la normativa que se aprobó para Radiotelevisión Española.

De cara a la galería, Pedro Sánchez va a insistir en el “no”, pero dejará abierta la puerta a “un periodo de reflexión” que durará hasta septiembre. El secretario general del PSOE tendría, así, tiempo suficiente como para convocar extraordinariamente al comité federal y pedir un cambio de postura que le permita abstenerse.

Y esta puede ser la idea, que, a esta hora, se maneja en las dos partes para intentar salvar la difícil situación en que se encuentran ambos políticos. Dos elecciones autonómicas, dos posibles procesos de sucesión, una situación en Catalunya que puede llegar a convertirse en irreversible y alejar el fantasma de unos terceros comicios generales en un año son suficientes argumentos para “pactar el desacuerdo”.

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