Perdonen mi osadía pero no puedo con Rafael Vera. Que el inculpado y condenado por el caso Marey y el del robo de los maletines, nos de lecciones de la lucha contra ETA me ofende. Esta semana, a raíz de la emisión por Telecinco de la miniserie El padre de Caín –basada en un libro de Vera Los hijos de Caín – hemos vuelto al debate y al enfrentamiento . Y se juzga ya desde medios públicos y publicados a quien considera, como yo, que el expresidiario no tiene legitimidad para hablar de la tragedia que supuso para España, en general, y miles de familias, en particular,  la matanza de 829 víctimas. Igual da que fueran miembros de los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado, que periodistas, polític@s, ciudadan@s de a pie, niñ@s y ancian@s, mujeres y hombres, jóvenes y adolescentes. Como a todas y todos, unos me afectaron más. La vida es así de injusta con respecto a estas cosas. Tod@s merecían el mismo trato, pero unos fueron para los medios, las instituciones y la sociedad, más víctimas que otros. ¡Qué injusto!

Pero los de los GAL no son mejor que los de ETA. Y cuando sus medios económicos y humanos salen de las tripas del Ministerio del Interior, siento vergüenza. No, Vera no merecía que su libro fuera una serie ni este minuto de gloria y popularidad.

ETA ha sembrado muerte, destrucción y sufrimiento. Ha generado odio y, para nuestra desgracia, provocó en los peores años de su actividad asesina la cobardía, en unos casos, y la indiferencia, en otros, de la sociedad. Esta es la historia. Yo ni olvido ni perdono, como tantas y tantos , muchísimos de ellos de mi tierra, Euskadi.

Desde el mayo de mi Comunión en mi Bilbao de 1975 soy consciente de lo que ETA representa. Frente a mi casa, sólo una plaza de distancia, la de Gordóniz de los cines Urrutia, donde su hija y mi hermana jugaban en ocasiones, ETA asesinaba a bocajarro de varios disparos al policía Fernando Llorente en el exterior de su portal. No fue el primero, lo sé, pero sí para mí.

Desde que he tenido autonomía he participado en concentraciones de Gesto por la Paz, he firmado manifiestos, he escrito contra ETA, he pedido perdón a las víctimas y sus familias desde mi columna en el ya tristemente desaparecido El Adelanto. Me ha tocado escribir la crónica de noticias como el asesinato del coronel Heredero y el atentado en el que perdió las dos piernas el entonces aún capitán Aliste. He llorado de rabia, pena e indignación. Como tantas y tantos. No tengo mérito alguno, pero esa es mi aportación a la triste historia de ETA. Me negaba a secundar la huelga en el instituto de Rekalde a favor de etarras que morían poniendo una bomba. En la UPV, desde mi entonces facultad de Ciencias de la Información, también tuve algún enfrentamiento con los batasunos.

Mi madre me aconsejaba entonces ser prudente, y hoy también me pide que no escriba este artículo. Le debo casi todo, pero me hice periodista para no callarme. Probablemente, como ya ha ocurrido, me silencien personas poderosas y poderes públicos, pero nunca de forma voluntaria. Es la rebeldía que me queda.

Sentí como propio el acoso y la angustia de vivir amenazado, en momentos suyos que marcaron mi vida, junto al periodista José María Calleja. Hoy, que tantos odios despierta entre personas y grupos políticos, me duele el alma. Porque, aunque discrepe con él en ocasiones, Calleja, como tantos periodistas amenazados, o incluso asesinados, que sufrieron atentados o una vida de escoltas y miedo, fue la voz de la libertad frente a ETA. Colegas de profesión, algunos muertos como José María Portell, JJ Uranga o José Luis López de la Calle, o víctimas de atentados como Gorka Landáburu, o amenazados, como el propio José Mari y tantísimos más, podrán decir como víctimas lo que les venga en gana. Ellos, las familias del resto de las víctimas, de los 829, y de los que no murieron pero sufrieron, tienen mi respeto. No tengo por qué coincidir con todos y cada uno en sus puntos de vista, pero ellos son víctimas, y yo les escucho y les recuerdo y les leo, y les homenajeo si me invitan.

Pero no será Vera quien me dé lecciones de compromiso. Porque este mismo año el exsecretario de Estado volvía a defender la utilidad de los GAL.

Lamento y duele recordar cómo vivían los guardias civiles en Intxaurrondo, y como morían también. Sería de malnacidos no hacerlo o reconocerlo. Pero no será Vera quien remueva mi conciencia. El cainismo de Vera tampoco va conmigo.

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12 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con este magnífico artículo de María José Pintor. Muchas gracias por esta acertada reflexión. Los asesinatos, atentados, extorsiones, amenazas… de la banda terrorista ETA no justifican el terrorismo de estado a través de los GAL y esta miniserie hace un guiño a esta justificación. Ese año fue terrible y las víctimas tienen todos los derechos del mundo, pero no hay que elegir entre ETA y GAL. Los dos son lacras para la sociedad y los que colaboraron con ellos o les dieron soporte deben responder ante la justicia.

  2. Mi padre fue víctima y yo odiaré siempre a los verdugos. Gracias María José por ser tan valiente y recordar a las victimas, pero los GAL no eran el tema

  3. Estoy total mente de acuerdo con María José , el artículo está muy bien armado y muy bien tratado, por lo cual mi más cordial enhorabuena a una gran periodista como María José Pintor

  4. Así es María José, el fin nunca justifica los medios.
    Ni Verá, ni otros condenados por los GAL, ni los que siendo responsables políticos o policiales, que miraron para otro lado y que no pudo demostrarse su participación, no deberían darnos lecciones de Ética. Por sus hechos los conoceréis.

  5. Así es María José, el fin nunca justifica los medios.
    Ni Verá, ni otros condenados por los GAL, ni los que siendo responsables políticos o policiales, que miraron para otro lado y que no pudo demostrarse su participación, no deberían darnos lecciones de Ética. Por sus hechos los conoceréis.

  6. Si alguien pone un pero a esta particular y valiente visión de esta columnista de Diario16 es que no sabe cómo se ha vivido esto desde las trincheras. Gracias María José

  7. Mis felicitaciones Mari José, artículo tras articulo se ve que es verdad que eres periodista en cuerpo y alma. No es osadía tu arículo, te descubres para hacernos llegar esa realidad que muchos hemos compartido y que no queremos que nadie la cambie de manera ilegítima. Gracias

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