Sevilla tiene mucho de especial. Su luz, calores, colores y olores impactan. Un Guadalquivir que la serpentea reparte historia, arte y monumentos que atrapan los sentidos y la curiosidad humana. Los sevillanos están orgullosos de su capital. Visitantes y quienes pasan temporadas cerca de La Giralda no descartan regresar cuando salen. A nadie deja indiferente.

Los prismas para contemplar Sevilla son muchos. La ciudad es llana, plana; perfecta para andarla o recorrerla en bicicleta. El río da oportunidad de navegarla desde el agua. Desde la cúpula de la Giralda oteamos la ciudad, barrios, polígonos y la campiña que la rodea. Distinta óptica es de la nueva Torre Sevilla. La pagó un banco catalán y diseñó el argentino César Pelli.

Disfrutar la ciudad desde un punto elevado hizo competencia entre hoteles y terrazas privadas. Nuevos edificios erigen los ‘pent-house’ anglosajones para ver Sevilla desde lo alto. Las antiguas azoteas donde se tendía ropa, guardaban trastos y erigen antenas ahora son huertos urbanos, espacios lúdicos y restaurantes donde se mira a Sevilla con mejores ojos.

2018 trajo buenas noticias para Sevilla. Lonely Planet la declaró ‘Best in Travel’ junto a Belfast. Travellers’s Choice declaró como segundo monumento mundial su Plaza de España más recomendable. El ‘Año Murillo’, que homenajea al pintor más universal sevillano junto a Velázquez, completan un ejercicio que entraña retos para atender los miles de viajeros que llegan a Sevilla desde los cinco continentes.

Es precisamente frente a la Plaza de España, el monumento más visitado de Sevilla, donde centramos hoy propuesta para el viajero más exigente y mejor gratificado. El Hotel Meliá Sevilla ha renovado integralmente su planta, añade servicios exclusivos sin perder la identidad del líder hotelero español, con 420 establecimiento en cuatro continentes bajo diferentes marcas. Meliá Hotels International cotiza, inclusive, en el Ibex 35.

El Meliá Sevilla es un clásico entre los 4* sevillanos que goza de excelente ubicación. A menos de 100 metros de estaciones de metro, bus, tren, taxi y carril bici está a 5 minutos andando del centro histórico. Aunque inicialmente fueron sus dos imponentes edificios previstos para sede corporativa y residencia de jubilados VIP de Cajal Rural hoy es un espléndido Hotel totalmente renovado tras su apertura hace décadas.

Concebido para el viajero de negocios y de ocio, cuenta con 3.600 metros cuadrados en un centro convenciones y 24 salones de distintos tamaños para reuniones de empresa y de otra naturaleza con capacidad para 2.500 personas, parking de 250 plazas, habitaciones con servicio Level, que es un 5* dentro por sus extras de servicio. El huésped tiene para elegir 365 habitaciones, de las que 54 son individuales más cuatro suites junior. Las habitaciones acogen diferentes tarifas (básicas, con vistas y Premium). Encontramos incontables ofertas, todo el año, para alojarse en el Meliá Sevilla a precios muy razonables.

 

LA QUIMERA, MATERIALIZADA

El diccionario nos informa que una Quimera o es un monstruo imaginario que encarna tres animales o una ilusión y fantasía que se cree posible pero que no lo es. Con ese ambivalente concepto nomina el Meliá Sevilla su nuevo restaurante, sito en la primera planta, con acceso directo desde la calle y que refleja la luz sevillana con vanguardista diseño en su mobiliario para ofertarnos la mejor mesa del comensal más variopinto.

Nos llama la atención la apuesta en Quimera por productos que su marketing denomina ‘kilómetro 0’. Es decir, fruta, verdura, pan, carne y pescado extraídos de lo más cercano a Sevilla. Ahí la despensa local la encontramos plena. La carta del Quimera satisface los paladares más exigentes. Muy recomendable su steak tartar de solomillo de vaca retinta elaborado en salsa. El plato se prepara bajo estándares del show-cooking.

Más Quimera materializada nos encontramos en lo que Meliá denomina ‘Food & Pool’. Aquí nos detendremos pues la intensidad de disfrutar la brisa, calidez y luz de Sevilla nos sitúa frente a la Plaza de España desde una atalaya sugerente. El nuevo snack bar se aloja en un espacio que comparte con la piscina del hotel.

En esta Quimera al aire libre, que en Sevilla puede disfrutarse casi diez meses al año, la oferta gastronómica es de nota. La mayoría son productos saludables que satisfacen cualquier apetito y hábitos alimenticios. El comensal puede elegir entre carnes o pescados a la barbacoa, productos de la huerta, frutas y pequeñas porciones que mezclan las excelencias de la gastronomía sevillana. La noche mágica de la Sevilla imperecedera hace el resto. La puesta de sol, el atardecer sevillano rodea a Quimera, repetimos, para hacer viable lo que parece imposible.

Disfrutamos en Quimera de un servicio muy profesional que explica los preparados y da opción al cliente para conducir sus apuestas gastronómicas en este nuevo concepto que sin duda reinventa la clásica ‘tapa’ que tanto éxito cosecha fuera del territorio sevillano.

La Plaza de España es el lugar hacia donde se dirige la mirada de quien disfruta del Quimera. Su parte posterior tiene el encanto del ladrillo visto maridando con cerámica local. El artífice de tal monumentalidad es el arquitecto Aníbal González. Supo aunar para el más emblemático monumento de la Expo Iberoamericana de 1929 un conjunto constructivo que la historia ya recoge como Regionalismo.

El monumento más visitado de Sevilla, la Plaza de España, es un inmenso semicírculo con dos torres laterales al norte y sur. La arcada circular representa cada una de las provincias españolas con dos puentes y puertas, la de Aragón y Navarra cuyas escalinatas son dignas de subirse para admirar de cerca la excelsa obra de González. En medio de la plaza hay una imponente fuentes que de noche se colorea y un canal donde los navegantes más enamorados deben rodearlo para reafirmar su cariño. Lo que vemos desde Quimera en la zona posterior central que aloja el mando militar del sur español.

Tras ese viaje a la ‘otra’ parte de la Plaza de España debemos señalar que en Quimera es harto recomendable su emulsión de salmorejo cordobés en dos servicios con bizcocho de aceite de oliva, mojama y habitas. Un pastel de espinacas y ‘tierra comestible’ –elaborado bajo fórmula secreta- de rechupete. Como la pastelería que remata la gastronomía del Quimera.

Nuestro viaje sensorial desde Quimera termina con unos excelentes combinados (el mojito es glorioso), infusiones y toda clase de bebidas que, con o sin alcohol, abarcan el gusto humano en todas sus modalidades. La luz de Sevilla, cuando desaparece en Quimera, da paso a esa lunita plateada que tantas veces cantamos porque en Sevilla ‘tuvo que ser’. Y en Quimera estuvimos encantados. Disfruten, por favor, el alma del Meliá Sevilla que capta el de la ciudad que le da nombre.

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