Si quieres y no puedes escribir o los pensamientos bullen en tu cabeza de manera desordenada, no te preocupes. Bienvenido al mundo de la escritura. Ahí va la explicación: cuando escribes, tu cerebro se esfuerza en expresar las ideas correctamente, lo que a veces se traduce en esa extraña sensación de caos y confusión. ¿A quién no le ha ocurrido alguna vez algo de esto?:

1.- Perfeccionismo. Pasa cuando lo que escribes está bien, pero eres consciente de que podrías mejorarlo. Quizá con menos palabras. Así que te quedas paralizado delante del ordenador. Te levantas, das vueltas por tu cuarto, hojeas un libro, buscas aquí y allá, abocetas debajo de la frase imperfecta, pruebas con nuevas frases.

2.- Ímpetu. Das saltos de alegría, te frotas las manos, sonríes a la vida de estar vivito y coleando, te marcas incluso un pequeño baile, etc., cuando sientes que lo escrito (palabra, frase o párrafo) ha salido como querías. Y en cambio, ¡horror!, te vienes abajo, cuestionas el sentido de la vida, la ridiculez de la escritura, cuando no consigues expresas aquella frase o párrafo que tienes en la cabeza desde hace tiempo. Hasta te cabreas.

3.- Insistencia. Te detienes demasiado en los detalles de una expresión, una frase, un texto. Nada te parece suficiente. Todo es mejorable. Sigues escribiendo pero en seguida vuelves atrás. Quitas, pones, añades… Demasiado tiquismiquis.

4.- Indecisión. Nada de lo escrito está suficientemente documentado. Así que continúas buscando y rebuscando en Internet. Cada aspecto del personaje, carácter, dirección, relaciones personales, etc., lo sobredocumentas demasiado no sea metas la pata.

5.- Rapidez. Escribes deprisa sobre una idea, una escena, un personaje. Después te agotas y te quedas de brazos cruzados hasta la hora de comer o bien comienzas a escribir otra cosa. Y así siempre: a tirones y sin brújula.

6.- Vehemencia. Comienzas escribiendo como un torbellino guiado por una intuición, una idea, un recuerdo, una obsesión. Pero la mecha es corta, la pólvora te explota en las manos y acabas borrándolo todo. Eres tu propio kamikaze.

7.- Falta de previsión. Escribes a corto plazo, rápidamente y sin pensar en el siguiente párrafo. Cuando no puedes seguir, porque no tienes argumentos, lo dejas todo y empiezas otro texto. Demasiado instintivo.

Ahí los síntomas, aquí las soluciones.

Escribe borradores, nunca textos acabados. Deja que fluya tu creatividad escribiendo automáticamente (sin parar) sobre cualquier tema durante un tiempo determinado. No le prestes demasiada atención a los signos de puntuación, las dudas ortográficas, los elementos de estilo. Sólo escribe y no te preocupes por el resultado final. Ese primer borrador podría ser la base de un ensayo, artículo, cuento, microrrelato. O la primera página de un diario personal. En él vas a encontrar la esencia de algo, que habrá que pulir después. Aunque es probable que la reescritura de ese borrador te reduzca el texto en un 30 ó 40%. 

No empieces por el orden lógico (principio, desarrollo, final), deja para el día siguiente algo previsto sin hacer y confía más en tus posibilidades. Ya verás cómo gran parte de estos problemas desaparecerán.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

20 − 9 =