Cataluña

Cataluña, Estado de Derecho, democracia, Guardia Civil, independentismo. Éstas serían las cinco palabras clave si estuviéramos hablando de un trabajo académico sobre el desafío independentista que están llevando a cabo los responsables políticos con mayoría en la Generalitat.

Mucho se ha escrito sobre este asunto desde que se estableciera unilateralmente la fecha del 1 de octubre como día de la celebración del referéndum por la independencia de esta Comunidad Autónoma de España. Una situación de excepcionalidad y uno de los mayores retos de nuestra joven democracia, tras el que supuso el cada vez más lejano 23-F de 1981.

Sin embargo, sirvan estas líneas para realizar un llamamiento hacía la cordura y el civismo. Por parte de unos y otros. Y es que no debemos contagiarnos de lo que pretenden impulsar, la formación de dos bandos, la inoculación de la enemistad de quienes están a favor y en contra. Seamos sensatos. Y sobre todo que no se ponga a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el centro de la diana como escarnio público y acusación de los males o derribamiento de los planes. Los guardias civiles están cumpliendo órdenes, por un lado del poder ejecutivo y por otro del poder judicial. Esta situación de excepcionalidad pasará, y en Cataluña permanecerán miles de guardias civiles como hasta ahora, personas que han de convivir en el día a día y que desean volver a su vida anterior, a la vida de la normalidad y la tranquilidad.

No cometamos los mismos errores del pasado y que tanto sufrimiento ocasionaron en otras zonas de nuestro país, dividiendo a la sociedad en dos bandos, obligando a tener que elegir. Desde aquí, mucho ánimo y fuerza a los miles de guardias civiles y policías que estos días están realizando una labor encomiable y un sacrifico extraordinario para atender una situación extraordinaria.

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