por Alberto Sotillos

Se van a cumplir 10 años de una de las mayores crisis del capitalismo. Una crisis fruto de la especulación, los paraísos fiscales y la cultura del enfrentamiento entre ciudadanos.

Tres pilares que cualquier socialista trae ya denunciados de casa, parte el viaje con ellos asumidos y que con su caída daban sentido y razón a la propuesta de una alternativa económica y social. Mejor momento no parecía haber para poner sobre la mesa que el mantra de que otro mundo es posible no sirve sólo para ser gritado en manifestaciones, sino que era materializable con cambios concretos frente a la debacle liberal.

Ha ocurrido lo contrario. El socialismo se ha desdibujado año tras año, perdido a la deriva por unas mareas de fondo -contradictorias- que le iban haciendo cambiar de rumbo de forma mareante. Bien es cierto que al inicio de la crisis ya llegaba borroso y no ya alejado de las tesis marxistas, más bien en las antípodas de las mismas en no pocas ocasiones, pero el desastre económico ademas acrecentó su entrada en el laberinto.

Una cosa es adaptarse a una sociedad de mercado desde las tesis socialistas y otra tratar de creer que una economía completamente descontrolada iba a ser compatible con las necesarias medidas sociales. Ya sea por ilusos o por una traición ideológica antológica, lo cierto es que con tales planteamientos la alternativa dejaba de existir de forma práctica.

Llegados así a 2016, un socialista hoy lo tiene más difícil que nunca para saber qué vota.

El PSOE tiene una militancia socialista, sí, y hasta nos sentiríamos cómodos con buena parte de su programa social, pero la dirección actual del partido no es precisamente una garantía de alternativa económica socialista. No hace falta irse a lo que votó o dejó de votar Pedro Sánchez con el 135, con la sucesión a la corona, con las Reformas Laborales. Basta con buscar cuándo fue la última vez que se habló desde ese partido de, por ejemplo, la necesidad de volver a nacionalizar los sectores energéticos del país. Complicado acordarse.

Las voces críticas internas, algunas tan reconocidas como Pérez Tapias, aciertan en la denuncia de tal deriva, pero no salen de su minoría política por una estructura orgánica interna esperpénticamente viciada que se obstinan en no ver y les hace seguir aternamente dentro.

Fuera estamos muchos. Quienes formamos el partido político Decide en Común defendemos con claridad las tesis de un socialismo económico adaptado a 2016 y unas propuestas sociales nitidamente de izquierdas, pero somos muy pocos. El trabajo es encomiable y la existencia de dicho partido demuestra además que es posible hacer política desde la ciudadanía de forma completamente democrática y participativa, pero el peso electoral a día de hoy es muy escaso.

Hay más. Compañeras como Beatriz Talegón trabajando desde Somos Izquierda, pero que no es un espacio electoral o nuestros buenos amigos de Alternativa Socialista que hacen desde varios años atrás una labor magnífica defendiendo parecidas tesis políticas, con lo que han cosechado buenos resultados locales a nivel municipal. En no pocos sitios recogen muchas voces socialistas del mundo rural y tienen una trayectoria asentada. A pesar de ello, siempre han estado de la mano de Izquierda Unida, especialmente a nivel electoral nacional y europeo. Así, queda de nuevo silenciada la voz de los socialistas bajo el paragüas comunista, por muy buenos y necesarios aliados que podamos ser.

De tal forma que existiendo no pocos socialistas, bien porque estamos demasiado divididos o bien porque no hemos logrado todavía recuperar el espacio perdido, el gran problema es la falta total de liderazgo político en el escenario actual. Nuestro discurso no está ni en campaña, ni en la agenda.

Así que no sólo se repiten elecciones, también se repite nuestra decisión ante la urna que nos lleva a volver a “lo menos malo” o a “lo que más se parece”. Que no está mal… y ahora hay más oferta que nunca…, pero sorprende que teniendo la mejor respuesta para la situación actual no tengamos la capacidad de poder plasmarla en una papeleta con opciones.

Mucho por hacer, sin duda.

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2 Comentarios

  1. Muchos ex militantes o simpatizantes socialistas vemos en este PSOE no sólo una triste sombra de lo que fue, sino, lo que es peor, un partido totalmente escorado hacia planteamientos neoliberales y reaccionarios. La socialdemocracia, con esas tendencias dominando en el seno del partido, está totalmente muerta en el PSOE de hoy. Lástima de PSOE. En estas circunstancias, mi voto, y me consta que el de muchxs otrxs otrora socialistas, no va más para el PSOE.

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