Según la mitología andaluza, existen dos tipos de especímenes:

Uno, fácilmente detectable, conocido como “señorito”, lo vemos siempre bien vestido, pelo peinado hacia atrás, patillas anchas, hermano de cuatro, cinco o seis hermandades, fiel seguidor de los toros, la semana santa, el rocío, la feria… conocedor de los recorridos de semana santa, algo prepotente si no eres su amigo, señor de su casa, buen bebedor de vino y cerveza, habrá estudiado o no, es indiferente porque su familia le respalda. Fiel a sus creencias y a las costumbres.

El otro, es aún más reconocible, es ese hombre mayor, moreno, con pantalones de pana, marrones o verdes, pero de pana. Su ropa limpia, pero no nueva, zapatos bastos, manos grandes, fácilmente detectable cuando habla, porque difícilmente se le entiende, a no ser que seas familia. Ese hombre apenas sabrá leer o escribir, y será la burla de muchos jóvenes de fuera y dentro del territorio andaluz, este, conocido como “siervo” antiguamente, hoy “campesino”.

Dos especímenes que para mí bien podrían intercambiarse los nombres, pues el primero , el “señorito”, es “siervo” de los tópicos, es esclavo de una imagen predispuesta, antigua y anticuada. El segundo, el “siervo”, es “señor” del campo, de los animales, sabe si va a llover o no, controla los ciclos de la vida, entiende la naturaleza, vive de ella y la trabaja de sol a sol. Su piel es oscura, porque en verano, con 40 grados, tiene que ponerse bajo Helios, y trabajar. Y es cierto, que ni leer ni escribir sabe, porque nunca le hizo falta, ya que desde que recuerda sus manos han sido ásperas. Este señor, no merece risas, merece respeto hable como hable.

¿Y yo qué soy? No me gustan los toros, sé leer y escribir, estudié en la universidad, mis padres son licenciados, no bailo sevillanas, ni me gusta el Rocío ¿Seré manchega?. No, no soy manchega; soy ANDALUZA.

“hombres de luz que a los hombres, almas de hombres les dimos”. Esta frase del himno de Andalucía es una de las que siempre me ha puesto la carne de gallina, si solo existen esos dos andaluces ¿Qué luz damos?…

Soy esa andaluza que cada cuatro de diciembre recuerda a Caparrós y se estremece con las imágenes de aquel día, esa que lee a Lorca sentada en Puerta Jerez cuando llega el buen tiempo, esa que se pasea por el arenal imaginando el paso de Cervantes por su ciudad, esa andaluza que relee Ocnos de Cernuda cuando tiene un mal día, esa que reconoce la belleza de la semana santa sin ser religiosa y que la entiende como algo cultural, porque, es arte en movimiento, es ver una imagen de Juan Martínez Montañés o de Juan de Mesa moviéndose por la ciudad, con o sin música, pero como si estuviesen vivos. Si fuésemos capaces de extraer la religiosidad y dejar solo lo artístico, creo que los juicios y prejuicios disminuirían. Nos guste o no, el 80% del arte europeo es religioso y no por ello pierde su valor.

Soy esa andaluza que pasea por “un patio de Sevilla y un huerto claro, donde madura el limonero”, esa que ve en el teatro Falla, no solo unas murgas graciosas sino, para empezar, un teatro que lleva el nombre de un compositor andaluz, y un concurso que reivindica cantando todo lo que no se reivindica en la calle (por desgracia).

Esa andaluza que conoce lo bueno y lo malo de su tierra, que sufre el paro, que se preparó para trabajar con años de estudio y esfuerzo, que tuvo que luchar contra mucho para llegar hasta donde está. Esa que entiende que los bares estén llenos, llenos sí, pero con poca consumición, porque cuando hay sol… cuando la calle suena a primavera, cuando la tierra vibra y te llama, acudes. Aunque no tengas nada y te sientes en un parque con una botella de agua del grifo.

Soy esa andaluza que entiende ese “volver a ser lo que fuimos”, como que debemos volver a ser esos andaluces que ayudaron a Colón a llegar a América , sin temer caerse al infinito, esos que escribieron obras como soledades, noches lúgubres, la casa de Bernarda Alba o Campos de Castilla (entre otras) . Valientes como Mariana Pineda, como aquellos que formaron parte de “La Pepa”.

Para mí, ser andaluza es todo esto y mucho más, porque la historia de mi tierra no cabe en mil palabras.

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2 Comentarios

  1. Buen artículo Cristina, l@s andaluces somos mucho más que los típicos tópicos que siempre nos acompaña desgraciadamente, debemos imponernos que somos una comunidad llena de contraste y no sólo la charangas y pandereta.

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