Jordi Pujol, ex president de la Generalitat, y en la actualidad, vinculado a varios escándalos de corrupción, con cuentas en paraísos fiscales, y pendiente de declarar en más de un juzgado, amenaza con sacar a la luz pública dossiers que obran en su poder si acaba en la cárcel. Sigue el mismo comportamiento que ilustres condenados por delitos económicos como Mario Conde, el juez Estevill, y Javier de la Rosa los cuales amenazaron, en su día, con revelar “informaciones sensibles” que supuestamente obran en su poder y  que, según ellos, “pondrían en peligro las estructuras del Estado”.

Ninguno de ellos, hasta el momento, ha puesto en manos de nadie tales informaciones. En el caso del líder nacionalista podría suceder lo contrario ya que en su etapa al frente del gobierno catalán dispuso de su propio centro de inteligencia, conocido popularmente como “los Pata Negra”, espías procedentes del Cesid, actual CNI, que elaboraron durante años informes sobre las redes de corrupción, escándalos, y sus ramificaciones en todo el Estado español.

Son los famosos “espías de antena” que trabajaron para los servicios secretos españoles en Barcelona. Algunas de sus operaciones fueron descubiertas, como la que se llevó a cabo por orden del ministro de Defensa, Eduardo Serra, en torno a las andanzas de Javier de la Rosa. Posteriormente esta unidad fue disuelta por orden del gobierno de Aznar a petición de Convergencia. Muchos de sus miembros pasaron a la nómina de la Generalitat. Ahora, el entorno de Pujol dice que el ex president  guarda a buen recaudo los informes que le elaboraron estos agentes.

Al menos, resulta sospechoso  el trato que está recibiendo Jordi Pujol y su familia si se compara el volumen de casos en los que están involucrados. De hecho, durante su comparecencia en el Parlament, el 25 de septiembre de 2014, dejó claro que si se iba contra él “pondría en marcha el ventilador, y se armaría la gorda”.

Diario 16 ha podido saber que en los recientes registros en los domicilios particulares y oficinas del Clan Pujol las órdenes fueron estrictas: sean cuales fueren los resultados, no se debería proceder a practicar detención alguna, y los registros deberían realizarse sólo en las dependencias señaladas a tal efecto. Incluso cuando acudieron al domicilio Pujol-Ferrusola, donde se encontraba convaleciente de una operación quirúrgica en el hombro el hijo mayor, las indicaciones fueron muy precisas: sólo deberían acceder a las habitaciones de Jordi junior. No podrían buscar pruebas en otras dependencias de la casa.

Y es que en el Gobierno existe mucho temor a que los dossiers de que dispone Pujol sean de tal gravedad que hagan tambalear las estructuras del propio Estado y, por lo tanto, la democracia que no pasa por sus mejores momentos. Se dice que en las redes de corrupción figuran desde jueces y magistrados hasta altas instituciones del Estado.

De todas maneras hay que insistir en que también el juez Luis Pascual Estevill, que llegó a pertenecer al Consejo General del Poder Judicial, Mario Conde, uno de los más poderosos banqueros de finales del siglo pasado, y Javier de la Rosa, que incluso llegó a representar al todopoderoso Estado kuwaití, presumieron de poseer “habitaciones enteras con videos, grabaciones y dossiers” que, a pesar de las amenazas, jamás pusieron en circulación.

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