Sencillamente, entrenando.

La creatividad se entrena, desarrolla, alimenta y pule. Ten en cuenta que hablamos simplemente de la capacidad de generar nuevas ideas o conceptos, partiendo de lo existente, de lo que ya conocemos todos. Por eso es fundamental salir a la calle, viajar, relacionarse con la gente y apuntarlo todo en una pequeña libreta mental o de papel: jerga, pensamientos, expresiones, maneras de vestir, caracteres, anécdotas, etc.

Para empezar debemos crearnos nuestro entorno creativo. El lugar de trabajo. Un espacio particular donde nos sintamos cómodos, libres y aislados del mundo y, a la vez, conectados a él mediante Internet. Puede ser nuestro cuarto, un lugar silencioso (por ejemplo, una biblioteca pública), la casa de nuestra tía abuela, la cabaña donde pasamos las navidades, una cafetería tranquila, etc. Lo importante es sentirnos libres, cómodos, liberados de cualquier interferencia molesta y con un pequeño portátil conectado a una red wifi.

Tu objetivo a partir de ahora ha de ser vivir para escribir pese a que no escribas para vivir. Cómprate un bloc de notas o ábrete una página de Office Word y escribe en ella frases, ocurrencias, refranes (ajenos o personales), expresiones, recuerdos, sensaciones, comienzos originales, finales impactantes, descripciones, visiones, sueños, pesadillas, etc. Todo puede serte útil cuando menos te lo esperes: en un microrrelato, poema, artículo…

1.- Interésate por el prójimo, sea quien fuere. Recuerda que casi todos los escritores han basado siempre sus grandes novelas en hechos reales, que luego han modificado a sus intereses. Federico García Lorca, Mark Twain, Truman Capote, Gabriel García Márquez, Miguel de Cervantes, Ernest Hemingway… Recuerda que la realidad siempre supera a la ficción Es una fuente inagotable de historias y estimula nuestra creatividad.

El mismísimo Juan José Millás reconocía en una entrevista que, como escritor, tenía mucho de voyeur: “Sí, mucho, es una condición casi indispensable al hecho de escribir. El escritor debe observar la realidad como hacen los voyeurs, desde fuera de ella, a través del ojo de la cerradura. Si la observa desde dentro se contamina. Ha de hacerlo desde la no pertenencia a esa realidad, desde el extrañamiento”.

2.- Pon en alerta tus cinco sentidos. Mira más allá de lo que te ofrece la realidad a simple vista. Por ejemplo, la luz del sol. La luz es fuente inagotable de sensaciones y sentimientos. Huélelo todo bien. Un mercado municipal, un árbol quemado, un caserón antiguo, el transporte público. ¿A qué huele la gente? Un abrigo mojado, el jardín de una urbanización cara, unos zapatos viejos, etc. Describir esto es ya literatura en estado puro. Escucha la vida que se agita a tu alrededor. Acaricia la textura de los objetos.

Te sería de gran ayuda realizar un trabajo de exploración sensorial. Cómprate un cuaderno de anotaciones y un bolígrafo. Lo primero que deberás hacer será activar el sentido de la vista mediante la exploración de un objeto, su situación o ambiente. En segundo lugar, investigar el sonido o el silencio que genera ese objeto. En tercero, palparlo, hurgarlo, acariciarlo con los ojos cerrados. En cuarto, saborearlo, siempre que sea posible, a fin de conocer las sensaciones que nos causa en la lengua. Finalmente, expresarás por escrito la impresión que ha causado el objeto en cada uno de tus sentidos.

Empieza por aquí a crear tu mundo, a ser creativo.

 

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