Después de las primarias del PSOE, hoy casi olvidadas como si los dirigentes socialistas hubieran cruzado el río Leteo del Hades que hacía que nuestra vida anterior desapareciera para siempre, parecía, como digo, que aquel escrutinio de las bases y la rotunda voluntad de cambio expresada por su mayoría, iba a sustanciarse en la implementación de un renovado rumbo externo y endógeno que resituase al partido en un espacio de coherencia ideológica y estratégica, como espontáneamente habían demandado las bases organizándose para ello en plataformas y propiciando asambleas en las que se debatieron cual debía ser la posición y función en la sociedad del partido desde una perspectiva de izquierda. Esta mayoría militante entendió que no de otra manera podía detenerse el declive de un PSOE que se movía en una realidad inexistente mediante un complejo de partido de Estado o del Estado que ya no era un instrumento útil para las mayorías sociales. El fin del bipartidismo suponía también el agotamiento de la alternancia mecánica del turno de partidos y la falta de una auténtica alternativa de izquierda convertía al socialismo en una inhibición.

Sin embargo, el cambio no llegó, ni la necesaria reforma del Estado, ni la refundación del partido para abrirlo a los nuevos tiempos participativos, ni la reafirmación ideológica de izquierdas, hasta concluir en el momento actual de un PSOE sin proyecto y con un seguidismo impropio de los planteamientos de la derecha en los graves problemas que vive el país. Todo ello ha llevado a lo que hace no mucho tiempo podía parecer impensable: que el sistema se haya configurado de tal manera que la alternativa a la derecha sea la derecha. Los dirigentes del PSOE parecen ignorar aquella advertencia de Camus cuando afirmaba que nada es una tragedia hasta que el héroe es consciente de su circunstancia. De esta forma, el PSOE hoy se ha convertido en un Sísifo feliz en la rutina de su propio castigo.

El Partido Popular, consumido por una corrupción estructural, artífice de un retroceso democrático que tiende cada día más al autoritarismo, con graves injerencias en el Poder Judicial, para el jefe de la oposición, Pedro Sánchez, no está tan mal y lo que ocurre es que se le subestima. Pero lo cierto es que el déficit democrático y la constricción de libertades y derechos ciudadanos aumenta en algunos casos con el “apoyo sin fisuras” del PSOE. El enunciado del Pacto de Ajuria Enea, en ausencia de violencia se puede hablar de todo, se incumple hoy, pese a haber sido firmado por todos los partidos. Tanto por el Gobierno, Partido Popular, como por la oposición, Ciudadanos, que rivaliza en el rechazo al diálogo político en Cataluña, también rechazado por la izquierda “de Estado”, el PSOE. Más aún, se acusa incluso de violencia a los dirigentes nacionalistas, se les procesa por rebelión y, además, se les encarcela preventivamente. En una palabra, son tratados como si hubiesen sido cogidos in fraganti con las armas en las manos. De tal modo que la Audiencia Nacional, e incluso el mismo Tribunal Constitucional, evocan el TOP de siniestra memoria. El Partido Socialista, en los graves problemas que tiene España, debe tener otra voz.

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