Todos, en el Psoe, sabemos que hay que hacer algo. La clase política, los partidos políticos, y la política en general, están en crisis. Crisis de valores, de credibilidad, y de funcionamiento orgánico. Voy a ser sincero: me preocupan poco los otros partidos, pero el mío, el Psoe, me preocupa mucho. Ese es el motivo por el que insisto mucho en mis artículos sobre los conceptos que para mí son clave en la necesaria renovación.

El detonante de este artículo es otro que leí ayer en un periódico digital nacional sobre el alcalde de Linares, exmiembro del Psoe. El subtítulo reza así: “El alcalde de Linares se aferra al cargo y no dimitirá tras su expulsión del PSOE, gracias al apoyo de la derecha local”. El señor alcalde de Linares, en principio del Psoe, fue expulsado del partido por corrupción. Él se niega a dejar la alcaldía, y el propio Psoe plantea una moción de censura. La moción de censura no sale adelante porque aquellos que hablan falsamente de “limpieza”, de “lucha contra la corrupción”, etc, es decir, PP y Ciudadanos, son en realidad embusteros, farsantes, manipulares y aprovechados que no avanzan cognitivamente. Siguen convencidos de que a la gente se la puede engañar ad eternum, diciendo ahora, que es lo que toca, que son los adalides de la lucha contra la corrupción pues saben que la gente está harta de corruptos. Sin embargo, mienten. A PP y Ciudadanos les importa un bledo la lucha contra la corrupción. Lo único que les importa es que no los pillen a ellos, y si pillan a otro político de otro partido, sacar el máximo rendimiento electoral posible. Por eso no hacen caer a un alcalde corrupto, que es lo mejor para la ciudadanía y la regeneración política, sino que lo mantienen en el cargo para que el caso se vaya pudriendo hasta las próximas elecciones municipales donde esperan sacar la máxima rentabilidad electoral. Son unos desalmados. No obstante, y como dije al principio, a mí me preocupa poco lo que pase en otros partidos. Allá ellos ¿Qué es lo que está ocurriendo en el Psoe?

No sabemos ser selectivos con nuestros altos cargos. Aceptamos a cualquiera, y, lo peor, el criterio de selección no está basado en capacidad, talento y formación, sino en cosas como la confianza (maldita sea su estampa…), el amiguismo, el compadreo, y los acuerdos bajo mano (apóyame tú hoy, que yo te apoyaré mañana). Así es como pasan cosas como lo del alcalde de Linares. Ahora ¿cómo se lo explicas a la ciudadanía? ¿cómo le pides a la gente que vuelva a confiar en ti? Ya explicábamos en un artículo anterior denominado “Juan Alberto Belloch, y el Socialismo”, los criterios que, a nuestro juicio, deben guiar el funcionamiento interno para la selección de nuestros cargos. Haré aquí un pequeñísimo resumen: los candidatos deber ser elegidos por su valor específico (es decir, deben ser especialistas en aquello a lo que se van a dedicar), deben estar avalados (alguien tiene que argumentar a favor de su integridad moral, ideológica y personal), deben pasar test psicológicos que discriminen determinadas desviaciones conocidas, medibles, y muy peligrosas para el ejercicio político (psicoticismo, neuroticismo, psicopatía, falta de empatía, falta de sinceridad…); los candidatos han de serlo por poco tiempo, y no cobrar más que en su vida profesional, dejando claro que a la política no se viene a servirse de ella, sino a servirla a ella; por último, todos deben estar sometidos al rigor de un Comité de Garantías estrictico con el quehacer político, y el comportamiento personal: es decir, para asumir cargos políticos, hay que ser ejemplares. Si se hubieran tenido en cuenta estos criterios, casos como el de Belloch (que ahora va diciendo que los trabajadores tienen muchos derechos y hay que recortárselos), o el del alcalde de Linares, hubiera sido más difícil que ocurrieran, y en el caso de ocurrir, se habría actuado antes de que la sangre llegase al río. Además, elevar nuestro nivel de autoexigencia nos capacitaría para ser más exigentes con los demás miembros de otros partidos políticos, y no como ahora que tenemos que agachar la cabeza y dar la callada por respuesta. Pero hay más cosas.

Vivimos en una sociedad donde la participación se ha hecho connatural a la vida misma. No hemos sabido entender que hay que transversalizar la vida interna de los partidos. No se le puede decir a una persona cuya vida es participación en si misma, “ven al Psoe, pero ponte en cola hasta que te toque, porque cuando seas grande, comerás huevos”. En estas condiciones la gente se queda en su casa, especialmente la gente de talento. El partido tiene que abandonar la verticalidad, el hiperliderazgo, los comités, las jerarquías y el “carguismo” (acumulación de cargos). Debe hacerse más democrático y participativo para ser más aceptable por la nueva sociedad que quiere participar activamente de las tomas de decisiones. Se lo han ganado. Pero hay más cosas.

La transparencia, pues no se puede ejercer la democracia y la participación sin el conocimiento. Las aportaciones de la militancia deben llegar a buen puerto, y reconocerse su origen. Es decir, si en una agrupación se hace una aportación, debe saberse de dónde viene dicha aportación. Todo lo que no sea eso es caer en manos de un grupo que realmente decidirá lo que se hace, haciendo creer a la militancia que está eligiendo por ella misma. Asimismo, debemos saber cómo y por qué el partido toma las decisiones que toma, sin manipulación. Tampoco estaría mal una hoja de ruta política planificada y con criterio, pues resulta desolador ver a nuestros dirigentes cambiar de opinión, y de orientación, demasiado a menudo. Todos debemos formarnos y elevar nuestro valor específico, a la vez que aumentar nuestro nivel de comprensión, pues a la vista está la falta que nos hace. Pero hay más cosas.

No podemos agarrarnos, para construir el futuro, a conceptos denostados, vilipendiados, de fuerte carácter simbólico y personal, que lo que hacen es crear barreras entre la ciudadanía. Me estoy refiriendo al izquierdismo. Lo que transforma la sociedad no es el hecho de ser de izquierdas, sino el ser progresistas. El Psoe ha ganado las elecciones cada vez que ha sabido ser progresista. El ser de izquierdas, o de derechas, creas divisiones y lleva al enfrentamiento, y nosotros aspiramos a gobernar a todos los españoles y españolas. Seamos progresistas antes que nada, y que cada cual, en su fuero interno, sea lo que quiera.

Me he extendido mucho, aunque espero que estos elementos para la reflexión sirvan para algo. Un saludo, y hasta la próxima.

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