Ya nos vendieron sus propuestas a priori. Ahora necesitamos escuchar los planes post facto. Ya no para decidir nosotros, que tuvimos nuestra oportunidad, sino para que se decidan ellos. Necesitamos oír un debate, no ruedas de prensa ni entrevistas, sino un debate en el que planteen opciones, sin rencores ni reproches, sino como cuatro amigos que deciden a dónde salir de fiesta esa noche. Y lo necesitamos YA.

Recién terminadas las elecciones, antes de los paripés con el rey y antes de los protocolos de despachos. Que Pablo le diga a Pedro: “A ver, Pedro, ¿tu programa a cuál se parece más? ¿al nuestro o al del Partido Popular? ¿Pues entonces por qué te vas a ir con ellos? Tal vez ese dilema en Prime Time le haga plantearse algunas cosas, que al fin y al cabo todos queremos quedar bien siempre, y no es lo mismo hablar en un sillón a puerta cerrada, que con medio país mirándote. Ahí es cuando uno queda en evidencia, o quiere alardear y aparentar. Por eso necesitamos ese debate post electoral.

Que Albert intente mediar, a poder ser sin decir las palabras “comunista, extremista, rupturista o Venezuela”. Que Mariano reconozca su declive y no intente vender esos intentos de profecías autocumplidas haciendo creer que siguen siendo primeros. Sí, en votos a favor, pero ¿y si hubiera votos en contra? El otro día leí a Beatriz Talegón dibujándonos un escenario donde en las urnas se votara “a favor de” y “en contra de”. No sé si se aceptaría pero me pareció interesantísimo y sobre todo revelador, ya que dejaría patente que el PP no sería el primero sino el último.

Me gustaría que hablasen y que no discutiesen, cada uno desde sus ideologías, sí, pero intentando ceder un poco, porque si no es así, iremos a unas terceras elecciones, y a unas cuartas, ya puestos, y éste de aquí no piensa ir a votar más si eso ocurriese, y como yo, imagino que millones de ciudadanos, y sí, no digo miles, digo millones, porque el hastío es la ideología más eficaz.

Necesitamos escuchar a cada uno reconocer sus errores, que Pablo explique el por qué de su evolución en el programa electoral en comparación con el de hace año y medio, que estoy seguro que tiene sus razones; pues que las explique. Que Mariano reconozca que 200 casos aislados se llama “sistémico”, que no pasa nada si se reconoce que has engañado a tu pareja ¿eh? se asume, se dice y se entenderá o no, pero la honestidad sería un halo de esperanza y haría que la decepción fuera más leve. Que asuma que ya no se puede confiar en él, que volver con tu ex tras una infidelidad magnánima y premeditada es imposible. Que Albert deje la ambigüedad y diga claramente con quién preferiría gobernar en relación a la ideología que esconde tras tanta retórica y tanto eufemismo; que le entenderemos perfectamente, que para algo sabemos convivir con todo tipo de ideas, y además sabrá explicarlo de maravilla, que para eso es uno de los políticos con mejor oratoria que he oído. Que Pedro confiese por qué está tendiendo más al acuerdo con la derecha, si tanto presume de un programa de izquierdas. Que si son factores internos del partido, o ultimatums de los barones, o intereses económicos internos, que lo diga. Que la transparencia sea la clave. Que nos hablen en formato .PNG. No pedimos que enseñen los cajones de sus mesas de noche, sus conversaciones de Whatsapp o sus historiales de internet. No pedimos grabadoras ocultas en despachos. Sólo un diálogo cercano, sincero y abierto. Que nos den alguna pista, que compartan con nosotros sus brújulas, que se preocupen por sus cómplices (los que les hemos votado) que nos tuteen como yo les he tuteado, que ya hay confianza, pero que hagan algo admirable por una vez, que no quiero que tanta confianza me dé asco.

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