Cuando menos, es inoportuna la publicación del comunicado del Real Madrid en el que anuncia el fichaje del seleccionador español, Julen Lopetegui, que firmará por tres temporadas con el club blanco al término de la participación de La Roja en el Mundial de Rusia.

A tres días de su primer partido –contra Portugal– este anuncio puede herir susceptibilidades tanto entre los jugadores como en los aficionados, que ahora estarán pendientes también del protagonismo que puedan tener los jugadores del Real Madrid que forman parte del combinado nacional.

La profesionalidad que siempre han demostrado estos futbolistas y el técnico guipuzcoano puede verse ensombrecida por aquellos sectores que apenas necesitan excusas para lanzarse ‘a degüello’ contra los que consideran su objetivo y anteponen otros intereses a los que ahora deben primar, como es la lucha por una nueva estrella para la camiseta de la selección española.

En esta era de las redes sociales, tanto los responsables del Real Madrid como el flamante presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, debían haber previsto lo que podía ocurrir y que no es nada recomendable dar cuartos al pregonero sin ninguna necesidad.

Como precedentes podemos encontrar a dos ‘Luises’: Louis Van Gaal y Aragonés. El holandés afrontó el Mundial de Brasil de 2014 cuando ya estaba anunciado como entrenador del Manchester United, mientras el Fenerbahce turco comunicó el fichaje del ‘sabio de Hortaleza’ el día antes de las semifinales de la Eurocopa de 2008.

Pero en el caso de Lopetegui, la diferencia está en que renovó su contrato con La Roja hace menos de un mes en la que fue la primera medida que tomó Rubiales, lo que supone ahora al Real Madrid el pago de dos millones de euros por la cláusula de rescisión.

Ahora, la selección española va a ver aumentada la ya alta presión que supone jugar un Campeonato del Mundo y dedicar un tiempo en otras ocasiones innecesario para evitar herir susceptibilidades. Esto puede restar concentración en otros aspectos fundamentales, durante una competición de altísimo nivel e igualdad en la que muchos partidos se resuelven por un pequeño despiste en una jugada.

Un gol que La Roja ha encajado antes de bajar del autobús y que le obligará, si es posible, a dar todo lo que puedan en el campo con un ojo puesto en la espada de Damocles que una irresponsabilidad les ha colocado encima a tres días de su debut.

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