En el Caín de Byron, el fratricida protagonista se dirige a Lucifer para preguntarle si es feliz, a lo que Luzbel le responde que no, pero que es poderoso. El poder siempre configura una realidad absoluta en las sociedades débilmente vertebradas y en las organizaciones decadentes. Las primarias que ha de celebrar el PSOE son de una trascendencia sin precedentes porque de la interpretación y psicología del poder que representen las candidaturas en liza dependerá sobremanera el futuro del socialismo español. El PSOE llega a estos comicios internos en unas condiciones muy enturbiadas por el coup de force del 1 de octubre que como una esquirla de la quijada de asno también era una concepción de la fuerza como ejercicio morboso de poder. El segundo acto tuvo lugar en la presentación de la candidatura de Susana Díaz, donde el aparataje sepia de aquellos que han representado la interpretación más absoluta del poder orgánico e institucional configuraban la metáfora de que el poder, como afirmaba Tierno Galván, impregna de indiferencia todo lo que no es poder.

Era el daguerrotipo decadente de los que han hilado el tejido de las beligerancias clientelares, de la rutina orgánica que por cada resistencia al cambio tiene una escolástica lanar para precintarse del ruido de la calle, la confusión de la astucia con la inteligencia, de abominar de la ideología, de una burocracia beati possidentos pragmática y desclasada en busca de estatus; todos aquellos, en fin, que se han encontrado que el gran estorbo para la responsabilidad institucional, para mantener las hechuras de partido de Estado, es el socialismo mismo. Como consecuencia, el PSOE ha tenido que bogar desnaturalizándose hasta diluirse en la quiebra identitaria que supone ser el valedor de un sistema que niega cualquiera de los principios ideológicos que deben constituirlo. Esto representa que el Partido Socialista esté hoy más en cuestión que nunca, encarnando como ningún otro la crisis del régimen del 78. O partido de Estado o de los ciudadanos, es la encrucijada que padece en la actualidad el socialismo español impidiendo una coherente conjunción entre ambas opciones la extrema dualidad que genera el ecosistema fáctico del régimen. Pero la capacidad de vertebrar un modelo de sociedad alternativa a la actual ya no tiene sustitutivos creíbles.

Es posible que cuando escuchen a algunos dirigentes socialistas apelar a la moderación, que más que moderantismo es un acercamiento a la derecha, bajo ese chantaje permanente de los conservadores y su aparataje mediático de achacar a la izquierda veleidades radicales, importantes segmentos de la base sociológica de Partido Socialista, aquellos más agredidos y damnificados por el dual tratamiento dado a la crisis, han de sentir cierto desasosiego moral e ideológico. Porque ese derechismo que padecemos en España, elemental y zafio, tiene una cochura ideológica, moral y unas responsabilidades históricas que los socialistas no sólo no tienen por qué compartir sino que caen en la inanidad política y ética al compartirlas por mucho que hayan querido tradicionalmente los conservadores en identificarlas con el patriotismo español.

Por ello, amplios sectores de la militancia y votantes han tomado conciencia de que el auténtico motor del cambio no consista en pasar de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero, ya que el viejo socialismo desideologizado del poder minoritario y oligárquico, improvisa, se aferra al complejo de “partido de Gobierno” en lugar de procurar ser el partido de la sociedad, espera tiempos mejores interpretando una realidad que ha dejado de existir, la burocracia orgánica cambia el valor político de las ideas por la defensa tecnocrática de la excusa, reconoce implícitamente con su pragmatismo sin metafísica que los principios del socialismo son ociosos no ya para transformar la sociedad sino incluso para interpretar los antagonismos que en la misma sociedad se producen. Eso hace que solo aspire al poder como usufructo, mientras los militantes y la ciudadanía necesitan un socialismo que sea instrumento de emancipación, de libertad, justicia e igualdad.

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