Desgraciadamente una de las principales amenazas a las que se enfrenta Europa actualmente es la posibilidad de sufrir atentados terroristas indiscriminados como los que se han producido en diferentes ciudades: Madrid, Londres, París,… Estos hechos han provocado también un cambio en la manera de enfrentar este problema. Desde los atentados del 11S en Nueva York las principales herramientas para la lucha contra el terrorismo se enmarcan dentro de la denominada “guerra contra el terror”. De esta forma, la experiencia y análisis de la efectividad de esta lucha debería ser considerada para no caer en los mismos errores. Errores que pudieran estar presentes en la configuración de la actual situación. En relación a todo ello debemos preguntarnos, ¿es efectivo todo lo que estamos haciendo?, ¿de esta manera estamos protegidos?, ¿a través de las medidas propuestas se ven comprometidos los Derechos Humanos?, y si así fuera, ¿estaría justificado? La respuesta a todas estas preguntas es la clave, a mi entender, del éxito o el fracaso de la prevención del terrorismo y, por qué no, de la configuración de nuestras sociedades.

Para responder a la primera pregunta, primero hay que exponer lo que se está haciendo para la prevención, en este punto parece ser que la respuesta inmediata es la intervención militar, vía bombardeos, contra posiciones del Daesh, quien se supone que es el enemigo y responsable de todos los atentados. Parece ser que el bombardeo, sin un apoyo sobre el terreno y sin contar con los principales países de Oriente Medio, no será efectivo, sobre todo cuando puede que algunas de estas estas acciones perjudiquen a la población civil. También parece ser que se intentará el fortalecimiento de la cooperación policial y judicial a nivel global. Esta medida es necesaria, sobre todo porque la amenaza es global y su respuesta debe ser igualmente global. Por otra parte, se ha hablado del cierre de las fronteras y suspensión de la libre circulación de ciudadanos europeos a través del espacio Schengen. Medida que tampoco parece ser demasiado eficaz, máxime si tenemos en cuenta que todas las fronteras son permeables por muchas medidas de control que se quieran imponer, y hará que el propio Daesh obtenga mayor beneficio del tráfico ilegal de personas. Y, por último, el endurecimiento de la respuesta penal con una merma considerable de las libertades civiles de los “sospechosos” y dotar de poderes extraordinarios a las fuerzas y cuerpos de seguridad. Aspecto que tampoco parece ser muy efectivo a la luz de lo que conocemos a partir del 11S americano, porque una cosa es la aplicación rigurosa de la justicia y otra muy diferente el uso indiscriminado de medidas policiales, pudiendo tener un efecto de estigmatización y, por tanto, radicalización de una parte de la población.

Una vez vistas todas las medidas y su posible eficacia, es importante hablar de la necesidad de conocimiento profundo del problema, que creo que no se tiene en este momento, y no se produce por una sencilla razón: el problema es polimórfico, es decir, adquiere múltiples formas y su adecuada intervención necesita de múltiples aspectos. Además los diferentes gobiernos solo atienden a aquellos análisis que se fundamentan en la alarma social, sin entrar a considerar el problema en su conjunto. De esta manera será muy complicado que lo que estamos haciendo “a ciegas” pueda solucionar el problema, lo que puede hacer es enquistarlo aún más.

En contestación al resto de preguntas que se hacían al principio, se debe tener en cuenta que el tratamiento del terrorismo por sí solo puede causar una serie de “daños colaterales imprevistos” si no se enfrenta de una manera racional, pausada y contando con la opinión de expertos de todos los ámbitos sociales relacionados con el problema, además se debe considerar que las consecuencias pudieran ser permanentes; así, los principales daños pueden ser: el ascenso de los partidos ultranacionalistas y la opinión generalizada de que la intervención militar  mano dura (incluso extrajudicial) es la solución al problema. Si se cae en ello corremos el riesgo de renunciar a nuestro estilo de vida y hacer que los terroristas consigan su objetivo: la desestabilización total de nuestras sociedades. Otro daño añadido es la islamofobia, que parte de la visión túnel del problema del terrorismo: solo hay buenos y malos. Este problema hará que el terrorismo se nutra más fácilmente de  jóvenes dispuestos a “luchar”, y hará más fácil la captación y radicalización de los mismos. El último de los daños colaterales es la hipervigilancia de todos los ciudadanos, donde todos nosotros podemos ser potenciales sospechosos. El principal problema que se crea en este sentido es la extensión sin límites del Estado, sin atender al interés superior del ciudadano frente al propio Estado (no olvidemos que fue el fundamento de la Revolución Francesa y se supone que también de todas las Constituciones modernas).

Pero, una vez expuestos todos los problemas relacionados con su tratamiento y prevención, ¿cómo se puede ser más efectivo en la prevención del fenómeno terrorista?: considero que es un problema muy complejo y que se debe tratar sin alarmismo; contar con una base sólida de conocimiento del fenómeno presente, pero también pasado, del terrorismo; hacer pedagogía sobre aquellos grupos de riesgo (evitando en todo momento la dicotomía buenos versus malos); y racionalizar los controles internos y las intervenciones militares externas, potenciando el papel de los actores involucrados en Oriente Medio. Por último se debe realizar un llamamiento a los medios de comunicación para que, dentro del derecho a la información, sean conscientes del papel que juegan en la génesis de una alarma social que pudiera estar sobrerrepresentada en los medios y que, precisamente,  ayuda a conseguir otro de los fines del terrorismo: infundir terror.

 

 

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