La época estival es un tiempo de relajación mediática, y temas como las ingentes olas de calor, los desagradables incendios forestales que año tras año asolan nuestro país, o sin ir más lejos esos movimientos que han ido tomando referencia a lo largo de este verano, los del tourist go home, cogen un cariz informativo desmedido.

Tal es la tranquilidad que se vive en las cabeceras de los periódicos, que muchos deben de acudir a cualquier comodín que avive el interés de la sociedad, para recordarnos que aunque estemos acomodados en una tumbona o trabajando para que otros disfruten, el mundo sigue corriendo.

Este verano los mass media han sacado un as bastante recurrente durante el año; Venezuela. Se busca dar una cobertura a la crisis política generada en el país latinoamericano, pero también usarlo como arma arrojadiza impregnada por el desconocimiento real de lo que allí acaece, facilitando un fácil ejercicio de segregación entre los españoles que están a favor o en contra, sin importar los matices y contextos.

Por este hecho de aclarar términos y evoluciones históricas, económicas y sociales, el periodismo tiene que dar voz y parte a todos los datos que busquen abordar una verdad, porque solo con el conjunto de ellas, podremos acercarnos a la realidad.

Para ello hemos charlado con el analista y codirector de El Orden Mundial: Fernando Arancón, que tratará de aproximarnos qué acaece realmente en Venezuela, con el fin de que el lector sea el que tome sus propias conclusiones.

 

¿Cómo se puede catalogar al gobierno de Venezuela? 

Actualmente puede decirse que Venezuela está viviendo una etapa transitoria desde un modelo democrático liberal imperfecto hacia un modelo de corte más autocrático y con rasgos de democracia socialista –el principio de “una persona, un voto” se sustituye por votos sectoriales, comunales o con otra organización–. En definitiva, lo que vemos hoy es una autocratización del sistema político y del Gobierno basado en la búsqueda casi a toda costa de Maduro de permanecer en el poder y a la enorme presión –incluyendo violenta– que desde la oposición se está haciendo para sacarle de la presidencia.

 

Dentro de un Índice de Democracia. ¿Venezuela que sería: Democracia Plena, Democracia Imperfecta, Régimen Híbrido o Régimen Autoritario? 

El Índice de Democracia de The Economist es un buen termómetro, ya que su metodología abarca cerca de 60 variables, repartiendo el peso de muchos factores. Con este índice en la mano, en 2016 –último año con datos disponibles– Venezuela era un régimen híbrido con 4,68 puntos –los regímenes híbridos son aquellos con la puntuación entre 4 y 6–. De hecho ese año era el primero en que su puntuación bajaba de los 5 puntos, ya que desde 2006 –año en el que se comienza a contabilizar este índice–, el país ha ido declinando progresivamente desde los 5,42. Por tanto, la catalogación como “régimen híbrido” me parece adecuada. No obstante, es previsible que de continuar la tendencia, en pocos años pueda bajar de categoría y empezar a ser catalogado como “régimen autoritario”.

Sin embargo, aquí conviene hacer una apreciación. Aunque Venezuela es el país latinoamericano que peor puntúa, solo por delante de Cuba, su puntuación está muy lastrada por el apartado de “Funcionamiento del Gobierno” –burocracia, corrupción, ineficiencias en la gestión, etc.– con 2,50 puntos, mientras que en secciones como en “proceso electoral” o “derechos civiles”, el país puntúa por encima de cinco. Sin que esto sea un eximente de la mala situación en la que se encuentra el país, y que muy probablemente empeorará con el índice de 2017, hay que ser conscientes de las limitaciones que tiene resumir una situación tan compleja en un único número. De igual manera, este índice valora la situación del país, no la acción de Gobierno como tal, por lo que en algunas variables tienen mucho peso actores no estatales –desde partidos políticos de la oposición a medios de comunicación, terceros países, oenegés, etc.–, en otras solo el Gobierno y en otras una responsabilidad compartida.

 

En los últimos 30 años ¿Cuándo ha vivido Venezuela los índices más altos de calidad democrática?

La calidad democrática suele ir muy relacionada con el nivel de paz y estabilidad de este –que el país no esté a punto de saltar por los aires–, y Venezuela no se ha caracterizado en las últimas décadas por la paz y la estabilidad, ya fuese antes, durante o después de Chávez. Por ello se puede decir que, en ese periodo, nunca ha habido un nivel de democracia sustancialmente distinto –ni mejor ni peor– hasta el giro autoritario que ha dado Maduro.

A finales de los 80 y durante la década de los 90 encontramos enormes conatos de tensión social como el Caracazo de 1989 –que se saldó con cientos de muertos por la represión gubernamental– y dos golpes de estado fallidos en 1992 –uno protagonizado por Chávez–, todo ello en una enorme crisis económica que depauperó el país, hizo aumentar los niveles de criminalidad, etc. Incluso con la llegada de Chávez al poder en 1998 Venezuela vivió otro intento de golpe de estado en 2002, también fallido. En ese sentido no se puede apelar a que “cualquier pasado fue mejor” porque en Venezuela ha sido durante décadas más o menos similar.

“Venezuela está viviendo una etapa transitoria desde un modelo democrático liberal imperfecto hacia un modelo de corte más autocrático”

Si el índice de The Economist comienza en 2006 y no muestra signos de variación importantes hasta estos últimos años, Freedom House, otro de los centros de referencia en cuanto a calidad democrática, lleva registros desde 1999, y desde entonces siempre ha catalogado a Venezuela como país “parcialmente libre” con entre 3,5 y 5 puntos –el 1 es la peor nota y 7 la mejor– con la única excepción del presente año, 2017, donde aparece como “no libre”. Esto refleja la comentada deriva autoritaria, pero también ejemplifica que durante mucho tiempo la situación en Venezuela, si bien no era buena, no era distinta a la de su contexto regional ni a la de su propia tendencia histórica.

 

Basándose en los datos. ¿Qué país obtendría mejor puntuación en un Index Democracy: Venezuela, Qatar, Arabia Saudí o Corea del Norte?

Venezuela sin ningún tipo de duda. La situación política de Venezuela se ha distorsionado –involuntaria y voluntariamente– de tal manera que al emplear de forma tan insistente términos como “dictadura” para aplicárselos al país ha provocado que realmente se olvide qué caracteriza una dictadura y en qué países existen.

 

¿Podría desglosarlo con los datos y variables de los Indicadores?

Volviendo al índice de The Economist, Venezuela puntuaba en 2016 4,68 puntos –siendo además su peor registro histórico–. De los cuatro ejemplos, el siguiente que mejor puntúa es Qatar con 3,18 –que es su mejor puntuación–, un país que es una monarquía absoluta, donde existe un sistema de semiesclavitud –caso representativo es el de los obreros que trabajan en los estadios del mundial de fútbol de 2022– y con importantes carencias de derechos humanos. A este país le siguen Arabia Saudí con 1,93 puntos, país en el que existe una persecución política terrible, donde todavía sigue vigente la pena de muerte –157 ejecuciones en 2015 y 150 en 2016– y en el que los derechos de las mujeres son poco menos que inexistentes. Corea del Norte cierra la lista con 1,08 puntos.

Como decía, se ha naturalizado la idea de que Venezuela era desde hace años una dictadura cuando hasta tiempos muy recientes –desde hace un año o menos– no se puede realmente hablar de que el país tiene características de autocracia. Hasta las legislativas de 2015, momento en el que por parte de Maduro hay un claro giro, en el país había una separación de poderes, respeto de la ley, las elecciones eran limpias, etc. Se cumplían, no de manera perfecta pero sí con los estándares mínimos exigibles, los requisitos de un país medianamente democrático.

 

¿Por qué entonces Venezuela y no Qatar o Arabia Saudí?

Que por qué se habla de Venezuela y no de Qatar o Arabia Saudí viene a regirse por patrones muy similares. Es comprensible que Qatar o Arabia Saudí no generen tanta atracción en el público como un país latinoamericano, pero en muchos aspectos la crítica hacia ellos es escasa, y desde luego tiene un impacto y una atención infinitamente menor. No entro ya a valorar los intereses empresariales y accionariales entre determinados países y medios –y precisamente Qatar tiene algo más de un 8% de las acciones del grupo Prisa–, pero parece evidente que mediáticamente hablando –y por extensión a nivel económico– hablar de Venezuela sí es rentable pero de otros países no lo es o lo es mucho menos.

 

¿Cuáles son a su juicio las aristas que catapultan a Venezuela como tema relevante en la agenda mediática española? 

Aquí distinguiría entre interés y desconocimiento. Lo que ocurre hoy en Venezuela merece atención mediática porque es un tema política y socialmente grave. Por ello es totalmente lógico que en especial los medios estadounidenses y los españoles –además de los latinoamericanos, claro está– se hagan eco de la situación por una cuestión de lazos históricos, políticos, económicos y sociales.

Sin embargo, Venezuela ha recibido, especialmente desde los medios españoles, una “sobreatención” que ha acabado siendo tremendamente nociva para comprender adecuadamente qué ocurre allí. Por un lado tenemos el interés político en España por relacionar Venezuela y Podemos. Es una cuestión de agenda de los otros partidos, que conseguían que el espectador/votante asociase de manera rápida “Venezuela” –que ya tenía una serie de características afianzadas durante los gobiernos de Chávez– y el partido de Podemos, ideológicamente cercano a algunas posiciones del chavismo. De no haber nacido Podemos, o de no haber vivido dos convocatorias electorales en España en los últimos tiempos, muy probablemente la atención que recibe hoy Venezuela no sería ni por asomo tan grande como la que tiene, y sobre todo el nivel del análisis no estaría tan viciado como está. Hace cerca de un año la corresponsal de Le Monde en Madrid criticaba esa fijación por Venezuela con el único objetivo de dañar electoralmente a Podemos.

El otro aspecto aquí es el del desconocimiento. Venezuela es un país extremadamente difícil de entender, especialmente a nivel político, ya que en general en América Latina no rigen las mismas lógicas políticas y electorales que en Europa, por lo que es fácil y frecuente caer en etiquetas simples –el término “populistas”, por ejemplo– que como tal no significan nada o el significado que se les da está muy lejos del que originariamente tenían. Así, Venezuela ha padecido –mediáticamente hablando– una bola de nieve: cuanto más se hablaba, más se forzaba a otros medios a hablar del tema, aunque no se supiese bien qué ocurría ni cómo abordarlo, pero se acababa entrando al trapo porque muchos grandes medios lo estaban tratando. Al final todo ha acabado reducido –por una cuestión de economía informativa– a unos lugares comunes y etiquetas en los que la mayoría de medios se mueven, trasladándolas al público general.

 

¿Puede Venezuela estar al borde de una Guerra Civil? 

No. Para que haya una guerra civil tiene que haber dos bandos con un nivel de armamento –o al menos la capacidad de conseguirlo– relativamente elevado. Eso a día de hoy no parece que pueda ocurrir en Venezuela, ya que todo el armamento está en manos del ejército, y salvo alguna unidad de manera puntual, no se prevé que haya una deserción o un trasvase de medios desde las fuerzas armadas a la oposición. Cabe recordar además de que si bien las muertes en manifestaciones son cifras escandalosas desde la perspectiva europea, Venezuela es el segundo país del mundo con más homicidios, y estos niveles de criminalidad llevan muchos años siendo tan elevados. En 2016, de media, hubo casi 78 asesinatos al día en el país. Es por ello que en una sociedad en el que el crimen y la violencia están tan presentes y de manera estructural, el horizonte de una guerra civil esté mucho más lejos que si esta situación se reprodujese en una sociedad más pacífica.

 

¿Por qué Venezuela tiene que importar petróleo si es el país con mayores reservas del mundo? 

El problema de Venezuela es que su petróleo es ultrapesado, es decir, un crudo de mala calidad y que requiere de un complejo proceso de refinado. Durante los gobiernos de Chávez, cuando el precio del barril estaba alto, este no se preocupó de modernizar PDVSA, la petrolera nacional, y adaptar su nivel tecnológico de refinado al que exige el crudo venezolano. En consecuencia, a día de hoy el país, a pesar de ser abundante en petróleo, no tiene capacidad para refinarlo. Por ello, desde hace tiempo se ha visto obligado a exportar ese petróleo ultrapesado a Estados Unidos y a importarlo refinado. Un negocio ruinoso.

 

¿Cómo influyen las deudas que Venezuela tiene contraídas con Rusia o China? 

Económicamente, poco; geopolíticamente, casi nada. Bien es cierto que hay que aclarar que entre la opacidad del Gobierno venezolano y la galopante inflación que tiene el país, no se sabe con exactitud el montante total de deuda externa que tiene Venezuela, como tampoco se conoce quiénes son los acreedores del país –no es exclusivo de Venezuela, es una práctica habitual–. El mayor problema que tiene hoy el Gobierno es la depreciación del bolívar, que le obliga a endeudarse más al comprar en mercados internacionales o a tener que recurrir a sus reservas, tanto de divisas como de oro, como así parece que está ocurriendo. Por el momento parece que los pagos los está salvando, pero si el barril de crudo continúa a precios tan bajos como los actuales, el año que viene o en 2019 puede tener serios problemas para no declararse en suspensión de pagos.

 

Para finalizar, podría darnos una visión generalizada del país latinoamericano. 

En líneas generales Venezuela ha acabado reducida a un juego de buenos y malos, obviando cualquier contexto histórico y cualquier factor –que son muchos– que no encaje en ese marco. Apenas se ha analizado a la hora de abordar e informar sobre el país, por ejemplo, el papel del chavismo crítico –como la fiscal Luisa Ortega–; el contexto histórico de los años anteriores; las diferencias entre Chávez y Maduro; quiénes son las caras más visibles de la MUD –Leopoldo López, Henrique Capriles, Henry Ramos, etc.– y su trayectoria o el propio proyecto político de la MUD –que viene a ser una plataforma cuyo único objetivo es conseguir la salida de Maduro, sin nada más detrás–. En definitiva, reconocer y tratarlo en consecuencia, la enorme complejidad del escenario político venezolano.

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1 Comentario

  1. ¿Estado autogratico?Por favor….Para empezar cada ciudano tendrà derecho a dos votos(¿Cuantos tenemos?El presidente de la republica se elije con un solo vot,compitiendo con cantidatos de otros partidos,por lo tanto el presidente no tiene poderes infinitos porque detràs està el parlamento y el cargo se obtiene mediante voto directo.¿Es mejor la democracia neoliberal en la cuàl se vota a un representante que solo representa a los intereses de una minoria cada cuatro años y el jefe del estado nace del derecho divino?En venezuela se va ha elejir un representante de tù comunidad y otro que representa los intereses de tu misma profesiòn,¿En el parlamento español o cualquier parlamento de esta europa tan democratica hay algùn representa de los medicos,por ejemplo,elejidos solamente por medicos?Eso si es democracia,lo que tenemos nosostros es un cachondeo que dura cuatro años.

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