Pues sí, de nuevo la ruleta electoral hace juego en el mar de la incertidumbre de una nueva cita electoral en donde lo previsible parece que será la repetición de unos resultados que pondrán de nuevo énfasis en el multipartidismo del bloqueo, ese nuevo modelo de la política española al que los denominados partidos emergentes parecen que han condenado a un parlamentarismo español sin capacidad de lograr acuerdos básicos para la gobernabilidad de España.

Se demuestra así, ante todo, la falta de relato histórico de una nueva hornada de políticos y políticas que han venido a ocupar los escaños de la carrera de San Jerónimo sin el mínimo análisis al recorrido histórico de la democracia en nuestro país.

Es curioso observar como una generación nacida en la democracia del acuerdo es incapaz de hacer del consenso y la palabra herramientas de unión a favor de los intereses generales de una ciudadanía que necesita con urgencia que sus problemas, los cotidianos del día a día, sean atendidos por quienes, en el ilustre salón de los pasos perdidos, sólo entienden la política desde la estrategia a corto plazo y el interés partidista dejando a un lado el valor del interés nacional para un país que necesita con urgencia un liderazgo claro y un programa político que sea capaz de atender aspectos fundamentales para el desarrollo económico y el progreso de una España famélica aún tras una crisis económica que ha conseguido destruir pilares fundamentales del bienestar y anclar el motor del desarrollo, dando lugar a mayor exclusión social, emigración del talento sin retorno y un desempleo estructural que nos sitúa en la cúspide de la pirámide del paro en el ámbito Europeo.

Y, mientras todo esto pasa, la cita con las urnas del 26J se presenta como una nueva reválida de quienes buscan mejorar unos resultados que parecen inamovibles, aún con las oscilaciones propias de la suma  – aún con grupos parlamentarios diferentes – del nuevo Frente Popular conformado por Podemos, IU, Equo, Mareas, En Común y Compromís, una suerte de conglomerado que por momentos parece más interesado en dar el “sorpasso” al espacio político del PSOE, arrinconando al socialismo español a un callejón sin salida en donde las opciones únicas sean conmigo o con el PP. Todo ello, siguiendo los postulados ideológicos del Visir de Córdoba Julio Anguita, padre putativo de esta hidra política que vuelve a transitar por los laberintos de una política que recuerda mucho a esa de la pinza en donde la IU de Anguita iba de la mano de la derecha de Aznar en su intento de eliminar al PSOE del espacio político nacional.

Surge aquí el primer escollo para hacer viable un proyecto de gobierno de Izquierdas en donde Podemos, con sus multiples aliados, seguirán deslizando su estrategia de erosión hacía el PSOE tanto si Iglesias logra con su alianza de partidos ser la segunda fuerza como si no; en el primer caso, queriendo obligar al PSOE a pactar un gobierno con Podemos en la presidencia – con todo lo que ello significaría –, o bien tender la mano envenenada del acuerdo imposible que permitiese al PSOE ocupar la presidencia del país en un pacto en donde las líneas programáticas exigidas serían de imposible aceptación para el conjunto del PSOE.

Y si imposible parece hoy el acuerdo desde la izquierda, poco probable se ve en la derecha de nuestro país en donde, la falta de números para la mayoría absoluta, – aún con la suma PP-Ciudadanos – unida al tapón generacional del Partido Popular representado en la figura de Mariano Rajoy, parecen condenar en gran medida tanto  la eclosión de nuevos liderazgos en el seno del PP como el acuerdo con  Ciudadanos e incluso el acercamiento a un PSOE que podría, llegado el momento, ver como útil tanto para el interés nacional como para su estrategia de partido, permitir una legislatura corta con un gobierno del PP en minoría controlado por una cámara mayoritariamente progresista.

Y, por último, la opción improbable de un gobierno del PSOE en minoría o con el apoyo de Ciudadanos, máxime con los probables votos en contra del PP y de Podemos, partidos convergentes ambos en su estrategia de oposición al PSOE, los primeros por lógica ideológica y los segundos por estrategia partidista.

Tal vez sea hora de valorar en nuestro país una reforma electoral integral que permitiese el gobierno de la lista más votada o, en todo caso, la celebración de una segunda vuelta electoral que viniese a dar la estabilidad lógica ante la imposibilidad de los consensos en una generación política en donde parece que la miopía se hace paso como elemento básico de la mediocridad, dejando de lado a los/as estadistas, esos hombres y mujeres con capacidad que parece que han sido devorados por las maquinarías internas de los partidos políticos en la España del Siglo XXI.

En definitiva, y como tenía oportunidad de escuchar esta semana de mano del histórico socialista Luis Solana, la clase política actual no tiene miedo a las consecuencias de la falta de acuerdo y la repetición de unas nuevas elecciones, fue el miedo y la necesidad de dar respuesta a una España a la deriva – me decía Solana – la que nos hizo, a nosotros en la transición, lograr los acuerdos que hicieron posible la democracia en España.

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