Este viernes se va a materializar lo que ya se sabía. Rajoy va a salir derrotado en su intento de investidura. Lo que menos quería. Lo que le hizo renunciar a presentarse en marzo pasado. Ahora ya sabe lo que es el trago amargo del fracaso. Pero esta vez lo volverá a intentar una vez pasadas las elecciones en el País Vasco y Galicia. Porque lo que está claro es que Pedro Sánchez no lo va a intentar, por muchos cantos de sirena que le lancen desde Podemos. No tiene la mayoría suficiente. Y además, es improbable un acuerdo con los nacionalistas vascos y catalanes, los que tienen la llave de una hipotética “coalición de progreso”.

Pedro Sánchez tiene un problema en el seno de su partido. En pleno periodo precongresual, tiene que lograr los apoyos de andaluces y extremeños. Al “bellotari” Guillermo Fernández Vara, tal y como llaman coloquialmente al presidente de Extremadura y secretario general territorial, le separan más cosas que le unen. Fernández Vara, además, se ha mostrado partidario de la abstención para facilitar el gobierno de Mariano Rajoy. El enfrentamiento con Sánchez no es notorio pero sí evidente. Un acercamiento del secretario general federal a Podemos y, sobre todo, a los nacionalistas, podría ser su perdición en el Congreso.

Algo parecido ocurre con Susana Díaz sólo que con una diferencia. Es la secretaria general del PSOE andaluz, la formación territorial con más peso en un congreso federal. Si a ello unimos a Javier Fernández, que controla la todopoderosa federación asturiana, a Sánchez le queda escaso margen de maniobra. Si acaso el PSC, los aragoneses y los valencianos, pero ya está la organización demasiado dividida como para que acaben por romperse por tal motivo.

El PSOE ya mantuvo el debate sobre la organización territorial del Estado y no se sale de sus resoluciones. Quieren una España federal. Un sistema radicalmente opuesto al que quieren los nacionalistas. Sobre todo los catalanes del PDC de Francesc Homs, y de Esquerra Republicana de Catalunya. El dirigente de esta última formación, irracionalmente, pero también con cierto rictus de realismo, ya lo ha advertido: “antes que el referéndum, el PSOE votará al PP”. En tal sentido, los socialistas están perdiendo cierta capacidad de comprensión de lo que está ocurriendo en Catalunya y los seguidores de Pablo Iglesias están ganándoles la partida: partidarios de un referéndum en el que no está nada claro que vaya a ganar el sí a la independencia.

En Euskadi, las cosas se han complicado para los socialistas. Se están alejando del PNV, tal vez debido a la precampaña electoral. Pero los seguidores de Iñigo Urkullu han dejado claro por activa y por pasiva, que no les apoyarían en una hipotética coalición en Madrid si no cambian de idea respecto al “derecho de autodeterminación”.

Así las cosas, Pedro Sánchez ha hecho llegar otra idea a los afiliados socialistas. Cabe la posibilidad, y dice tener sondeos que así lo demuestran, de que recuperen votos en unas terceras elecciones. De ahí que su  nueva estrategia consista en eso, precisamente: en nuevos comicios.

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