La propia concepción movimientista del peronismo hace que coexistan diferentes corrientes en su seno, algunas de ellas contradictorias entre sí, que en general resuelven su conflicto apelando a la verticalidad y el seguimiento al líder, y en algunos casos de manera violenta, como comprobamos tiempo atrás con los casos de la Triple A y Montoneros.

Más cercano en el tiempo encontramos ejemplos de estas contradicciones. Los mismos que fueron privatistas en los 90, una década después se convirtieron en estatistas, dilema que se solucionaba a partir de la actuación del líder de turno que hacía virar a babor o estribor de acuerdo a la oportunidad del momento histórico.

Pero sin embargo no todas han sido contradicciones. Hay casos en los cuales ha habido coherencia en el accionar. La relación para con los militares es una de ella.

Quizás porque el propio fundador del Movimiento fuera un militar o quizás por cierto acompañamiento de la ideología predominante en las Fuerzas Armadas, la actitud del peronismo en su relación con la corporación militar y más puntalmente en lo que se refiere al accionar de muchos de sus miembros durante la última dictadura militar argentina ha sido de absoluta coherencia… aunque muchas veces se quisiera simular lo contrario.

Un rápido repaso de los principales hechos sobre la temática lo pone de manifiesto. En 1983 apoyaron la autoamnistía con el argumento de ‘son derechos adquiridos que no pueden ser removidos’ y en consonancia con esta postura no integraron la CONADEP que creara el Presidente Alfonsín para investigar lo ocurrido respecto a la violación de derechos humanos en la dictadura.

Mantuvieron la coherencia cuando en 1989 y 1990 el Presidente Menem dictó los indultos que liberaron, entre otros, a los responsables del plan sistemático de secuestro, desaparición y exterminio de personas, a los responsables de uno de los mayores genocidios de la historia argentina.

Años más tarde, mientras algunos de los dirigentes peronistas supieron estar a la altura de las circunstancias, fundamentalmente los enrolados en la Renovación Peronista, hubo algunos de sus cuadros que tuvieron posiciones sospechosamente cercanas a los movimientos carapintadas que se alzaron contra el gobierno constitucional y esto se correspondió cuando algunos de sus líderes terminaron siendo candidatos electorales del peronismo.

Y lo hicieron también, en el último gobierno cuando nombraron como Jefe del Ejército a un acusado de delitos de lesa humanidad, el General César Milani.

Como lo han hecho a lo largo de la historia, poniendo el giro a la izquierda y doblando a la derecha, con un doble rasero, haciendo algo y queriendo mostrar que se hacía lo contrario.

Pero el tiempo, y la justicia, ponen a cada uno en su lugar. El viernes pasado el juez federal Daniel Herrera Piedrabuena ordenó detener al ex jefe del Ejército César Milani, Sí, el mismo Jefe del Ejército, que además dirigía su propio equipo de espías federales, que nombró el gobierno que se autodefinía como el que más había hecho por el respeto de los derechos humanos mientras que simultáneamente desestimaban las denuncias de las Madres de Plaza de Mayo de La Rioja.

Ya se sabe, Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires, entonces como las Madres de la provincia andina no tienen la misma impronta que las de la Capital, mientras los familiares de desaparecidos denunciaban a Milani en La Rioja y Tucumán por violación a los derechos humanos por su participación en el plan sistemático de detención, desaparición y exterminio de personas, en Buenos Aires Hebe de Bonafini entrevistaba y se sacaba fotos junto al denunciado. Ella basaba su opinión en que ‘[La ex Ministra de Defensa] Nilda Garré y [el ex Presidente de la Nación] Néstor Kirchner no me hubieran presentado a un mal tipo. Garré me dijo cientos de veces que era mentira [la acusación] y él me mostró “adónde” estaba, con día y hora’.

La Justicia federal argentina no tiene el mismo grado de confianza que Bonafini y decidió encarcelarlo tras prestar indagatoria en una causa donde se investiga los secuestros de Pedro Adán Olivera y su hijo, Ramón Olivera, en 1977, y la detención ilegal de Verónica Matta, en 1976.

Ahora deberá dar explicaciones de esto, como de la desaparición del soldado Ledo, como de su excesivo y poco claro crecimiento patrimonial, explicaciones que evitó dar mientras el guiño marcaba giro a la izquierda…

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