La petición de Esteban Ibarra, presidente del Movimiento es con motivo del crimen de Víctor Laínez en Zaragoza, el pasado 12 de diciembre, por el único motivo de llevar unos tirantes con la bandera española. “Esta agresión demuestra que en nuestro país se cometen crímenes de odio por motivos ideológicos”, explica.

Para Ibarra el papel que juegan las redes sociales es primordial. “Vivimos un clima de intolerancia especialmente alentado desde las redes sociales que dan cobijo a los peores discursos de odio facilitados por un anonimato calculado, también por ignorancia y sobre todo por la impunidad que disfrutan sus autores”.

El discurso de Ibarra no solo se centra en Internet y su anonimato, también en la política y en especial en esta crisis catalana. “En mítines políticos, en declaraciones a los medios de comunicación, o las tertulias que organizan “en las solo se trata de dañar la dignidad de las personas adversarias y a la verdad de los hechos, en especial con motivo de la crisis catalana, contribuyendo a un incivismo en donde crece un comportamiento que puede derivar en crímenes de odio.

En estos momentos, más que nunca debemos recordar las palabras del Juez que condenó el asesinato de Isaac Rabin que afirmaba que “aquellas ideologías que justifican el asesinato, acaban convirtiendo el asesinato en ideología”.

Por eso pide a los partidos políticos que condenen de forma absoluta y enérgica “este crimen de odio cometido en Zaragoza” y “alentamos” a la ciudadanía comprometida en los procesos electorales a “no votar a aquellos partidos o coaliciones que no condenen los crímenes de odio y por extensión, todas las conductas delictivas basadas en la intolerancia”.

Hasta el momento, único detenido por el asesinato de Víctor Laínez, es Rodrigo Lanza. Un activista okupa de origen chileno que pasó cinco años en la cárcel por un ataque a un guardia urbano en Barcelona en 2006 al que dejó tetrapléjico. Tras salir de prisión, se trasladó a Zaragoza. Entre otras ocupaciones, Lanza era “mecánico de bicicletas a domicilio” en una empresa que llamaba Último eslabón.

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