El lenguaje poético, como todo lenguaje, ha de ser comunicación; vehículo dominado y sorpresivo en aras de un mensaje inefable: la poesía. Su ámbito: la Belleza.

La Belleza, entiendo, es el ropaje íntimo de la Sabiduría. Si no es así, tras la Belleza del lenguaje encubrimos el vacío, espejismo enjardinado en el árido desierto de lo huero, que nos aboca al artificio literario: elemento fundamental del poema, pero nunca fundamento de la Poesía.

Creo que cuando la Belleza comprende a la Sabiduría de los sentidos, se da el Arte; cuando el Conocimiento contiene a la Belleza de la Verdad, se llega a la Sabiduría. Y cuando el Conocimiento y el Arte, la Belleza y la Sabiduría, en Verdad, se «cofunden», se entrañan, sin poderse apreciar continencias sin límites, se da el misterio: La Poesía.

Aquí, mientras me evado,

implosiva energía

trastorna de lugar algún misterio

y juego con el jugo del conjuro

o convoco las voces de la vida

en el punto omega

de lo eterno.

De luz a sol

es fácil comprender a los que viven.

Y me voy desvelando

enigma sideral en una lágrima.

De “Un día en la vida de un sueño”

Según Martin Heidegger: «Poesía es fundación del ser por la palabra». ¡Qué gran definición para el misterio poético, remitiéndonos a otro gran misterio: El Ser! Hace más de una veintena de años, pregunté a don Alejo –mi profesor de Filosofía- con la soberbia rotundidad que arropa la ignorancia: «¿Qué es el ser?». Y me respondió con serenidad, con ternura de maestro y, a la vez, con irónico gracejo de impotencia: «Cuando usted sepa lo que es el ser, será el mejor filósofo de todos los tiempos». A lo que, ahora, añado desde mi aumentada ignorancia: «Y quizás, también, el mejor poeta». Ardua y sobria misión la del poeta…. El poeta es, sencillamente, una persona en quien la poesía se manifiesta por palabras y por hechos; poesía de la vida y poesía vivida; que no es vivir de la Poesía –falso principio-, sino que la Poesía viva en ti.

Aquí me doy a mí para vosotros.

Aquí me ofrezco,

masticando presentes con mis actos,

en sacrificio humilde

como el cuerpo que visto

para escribir mi muerte con mi mente.

De “Sin nada que callar”

Juan Ramón definió a la Poesía diferenciándola de la Literatura: «Literatura es lo que habla de lo fable y Poesía, lo que habla de lo inefable». Definición que sostengo y que elijo para distinguir al literato del poeta. Aunque algunos de aquellos pretendan ampararse en una anquilosada casta y revestirse con un caricaturesco halo alambicado para difuminar y confundir la caótica oscuridad con el misterio lúdico del acto poético: indescriptible, incluso, para quienes lo experimentan; pero inconfundible cuando se conoce.

Si mi voz no contiene el canto de los pájaros

recreando en silencio la belleza y la dicha,

es hora de nacer, de dar cita a la muerte.

De “Un día en la vida de un sueño”

«En soledad –dice Hölderlin- es cuando el poeta crea, como representante del pueblo, la Verdad; y la crea, en verdad, para su Pueblo» . El verdadero poeta es elemento natural del pueblo. Aunque algunos escritores y falsos poetas nos lo quieran desvirtuar y distanciar de su pueblo, para erigirse en pontífices de las malas y superfluas artes que tanto aborrecen el poeta y el Pueblo. Y todo, por no poder alcanzar el misterioso lenguaje, transparente y profundo, de la sencillez; el lenguaje del pueblo y del poeta.

Para qué mi caminar,

si a cada paso que doy

tengo que considerar

si me acerco o si me voy.

De “Sin nada que callar”

 

El poeta –creador, para los griegos y vaticinador, para los latinos- no debe olvidar su origen ni perder su esencia: conjurar la Poesía a través de la palabra y predecir los aconteceres íntimos de la humanidad y su entorno, el universo.

¡Ay, Tierra! redonda como un Oh

del ser creacional,

rodante rotadora en traslación constante,

pelota caprichosa de escarabajo mítico

encaramado al mundo.

En ti se dan los sueños,

En ti se dio la mente.

¡Qué maldición tan grande,

qué bendición tan pura!

De “Con único latido”

Así Prometeo, según reza en la mitología, robó y acercó el fuego, patrimonio exclusivo de los dioses, a los hombres; y murió por amor. Como tantos otros profetas, perdón, poetas: Buda, Zaratustra, Moisés, Jesucristo, Mahoma, Galileo, Leonardo, Baha ‘U’ Llá, Mozart, Van Gogh, Einstein, Picasso, Juan Ramón… Alejados, incomprendidos y algunos vilipendiados por su pueblo, siendo ellos corazón, pensamiento y voz del Pueblo.

Así como Tartesos, vivificado en mí,

contiene por completo

las intrigas y dichas de los pueblos terrenos,

a ti te veo, tierra, en el terrón del Tinto;

y en él, por ti veré, a fondo, el universo.

De “Con único latido”

De ello se encargó esa casta diferenciada y diferenciadora, encumbrada por ellos mismos, los decidores del Bien y del Mal, los fariseos de las religiones, de las artes, de los idearios y de las historias de todos los tiempos…

Me dicen que las torres

se miden por sus sombras.

Por las cuantiosas sombras

de grandes enemigos

se mide, me dijeron, la altura

de los hombres.

Me musitó el silencio:

Eleva la mirada…

El cielo y las estrellas

se miden por su luz.

De “Poemas Elementales”

Y es el momento de la sutil pregunta: ¿Y tú quién eres para manifestarte de tal manera? Por supuesto, no voy a responder con palabras de un Maestro: «Yo soy el que soy». Sin ánimo evasivo, expondré otra cuestión más acorde e importante: ¿Quiénes son hoy los verdaderos poetas? A lo que respondo: «Eso lo saben ellos, los que lo son; y nosotros lo sabremos con el tiempo».

Sueña la luz

soplo de soles solos.

Tal sopor que los siglos

soslayando ternuras

nos parecen mirada,

querencias tan sutiles

que anuncian la sonrisa

vital del universo.

Soplo de soles solos

la luz sueña.

De “Poemas Elementales”

Por todo lo anterior, no percibáis la poesía como feliz hallazgo de quien la escribe. La Poesía es la trascripción en palabras del sentir universal que emana de todos los seres, manifestando la armonía vital ahora y siempre. Lo único vinculable con el escritor poeta es la expresión literaria, inexactamente llamada expresión poética; ¿no sería más correcto expresión poémica o poemática, referida al poema? Pero dejemos estas disquisiciones en manos de los literatos, de los críticos y de los lingüistas; los que analizan, estructuran, seccionan, diferencian, desmenuzan, estudian y elucubran; es decir, los que se esfuerzan en racionalizar –por supuesto, para que los demás entiendan- lo que, ellos nunca podrán comprender: lo intuido en melismas de emoción y de asombro por el pueblo.

Alacena en la noche

mi alma sueña y vive.

A pan de orza huele

mi temor tamizado

por un lienzo de gozos.

De “Poemas Elementales”

Desde hoy y para siempre quiero que sintáis la ternura: la fuerza del misterio; la belleza de la verdad, la verdad de la belleza; la agonizante esperanza, la agonía esperanzada; la brevedad del tiempo, la infinitud de un momento; la soledad del todo y la dicha del vacío. Quiero que sintáis conmigo, copartícipe de este gran nosotros, la Poesía. Pero no con la inteligencia de los sentidos, sino con los sentidos de la inteligencia.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

O LOS SENTIDOS DE LA INTELIGENCIA.

Déjame que yo te nombre,

Juan Ramón, en mis adentros,

alma de Dios, lar, encuentro

de los seres con el hombre.

Este nombrar no es canción

ni romance ni soneto,

es ternura y emoción

en el espacio y el tiempo;

universo, eternidad

de las madres en los pueblos

encalando su bondad,

la exactitud del momento:

inteligencia, verdad,

la luz tras la mar de sueños.

29 de Mayo de 2008

Con estos sentidos, con los sentidos de la inteligencia, recibimos y escribieron los poetas hispanos: Ibn Hazm, Jorge Manrique, San Juan de la Cruz, Fernando de Herrera, Bécquer, Antonio Machado, Juan Ramón, César Vallejo, Borges, Octavio Paz, etc. Todos ellos crearon desde la

Poesía, en Poesía, Poesía. Domeñaron el lenguaje para familiarizar a los hombres con los obsesivos temores existenciales: Dios, Amor, Muerte, Tiempo, Belleza, Ser, Concepto…

Yo quiero ser un sueño mientras viva.

Yo suelo hablar de sueños con la muerte.

Y entre tantas palabras y deseos,

de nuevo, el hombre nombre,

con lamentos de eras,

a un ser. Y nazca un canto

en la sal contenida

tras romper el silencio de una lágrima.

De “Poemas Elementales”

En esta sociedad de múltiples y vertiginosos cambios, del culto a lo eventual y a lo útil, el poeta ha olvidado su origen y, por ende, desconoce su misión. Es por lo que la sociedad no acepta al poeta y vive alejada de la Poesía. Octavio Paz manifiesta: «No es posible una sociedad sin poesía. Aunque estamos en una etapa en que la modernidad no es moderna y la palabra posmodernidad no sirve, una etapa en donde la innovación tiene pocas oportunidades… Lo ideal sería que la sociedad se ocupara de la poesía y evitara que los poetas quedaran recluidos en unas universidades en las que predomina lo técnico».

Medid, medid la Tierra…

Que aquél que es más exacto

es el que más se equivoca.

Medid.., valorad y medid la cantidad… Que aquél que vea un árbol sólo sepa que existe una corteza de un tronco con quinientas una hojas sin raíces ni espacio; y tendréis que decirle que mañana es otro árbol. Medid, medid el árbol. No sólo el árbol, también el animal. El animal que tenga… ciento cinco rayas negras es la cebra, y corre; y el animal de cincuenta es el tigre: mata de un zarpazo, no más, no menos.

El hombre, animal sin rayas,

mata de trescientas cincuenta mil maneras,

con un siete con cinco de esperanza

y un uno con dos de inteligencia.

De “No fuimos lo pensado”

 

En suma, que los libros de poemas salgan de las vitrinas y de las estanterías; que el poeta y la poesía sean patrimonio del pueblo; y que sea el pueblo, una vez más, quien diferencie «las voces de los ecos». Aunque, como escribe George Steiner: «Hablar desde el silencio de la creación es peligroso. Hablar con el máximo vigor de la palabra, como lo hacen los poetas, lo es más todavía».

Nadie podrá vencer la paz del todo…

aunque quiera beberse la mar de un solo trago,

aunque quiera quemar la vida de los bosques.

Aquí la fuerza viva del presente,

su estela y su conciencia…

Con disfraz de guerrero

no construiremos globos ni balsas ni patines

en donde viajar nuestra inocencia;

la sencilla, genial y eterna sed de niño

que guardamos en el abismo blanco de la vida

con cierta incertidumbre.

¿Queréis que cante el hombre a nuestro hombre?:

el que exige justicia y no la cumple,

el que no grita pan para no dar un trozo,

el que sueña despierto por temor a la muerte,

el que duerme sin sueños por temor a la vida…

¿Y el hombre está pensando en ser feliz…?

Sintámonos los dueños de un mundo

colmado de apariencias.

Sintámonos partícipes

de un mundo roto por los codos

y a punto de estallar por todas partes.

Aunque, mejor, esperar de vacío; por si, acaso,

el destino y el hombre se cargan de verdad.

De “Poemas Elementales”

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