Desde un ya lejano mil novecientos ochenta y cinco, todos los años, más o menos en la época en que las huertas empiezan a dar los primeros calabacines y cohombros, los poetas y narradores de mi pueblo dan sus frutos en un sencillo acto celebrado en La Casa de la Cultura. Este año también ha habido una buena cosecha de versos y prosas a pesar de las fuertes heladas mentales del pensamiento único y el incesante pedrisco de la televisión. Ajenos al desaliento y a la uniformidad reinante, nuestros artesanos de la palabra siguen creando artefactos literarios y eso es una  buena noticia en una época en que las malas noticias parecen cebarse con todos nosotros como una plaga bíblica..

Además de estar en medio de La Mancha que es el territorio literario más reconocido del mundo, el pueblo reúne buenas condiciones para que surjan poetas y narradores. Primero porque es de secano y eso hace que, al igual que los mejores melonares, los poetas arraiguen mejor y saquen toda la sustancia de la tierra que la tiene y mucha; segundo porque estamos en medio de una llanura casi desértica donde sólo existe el cielo y el suelo y en esas condiciones tan extremas se desarrolla muy bien la imaginación porque ésta tiene que realizar el extraordinario trabajo de poner lo que falta, que es casi todo. El pueblo es todo él un enorme aparato de gimnasia para la imaginación. Y tercero porque las temperaturas son muy extremas, con largos inviernos siberianos que obligan a recluirse en casa junto a la chimenea o la estufa, y unos no menos largos veranos africanos que también invitan a guarecerse como bichos tras los viejos muros de tierra o bajo los aparatos de aire acondicionado. Y esas largas reclusiones forzosas favorecen el ensimismamiento y la aparición de las musas. Si a todo esto le añadimos la escasa vida social, cultural y de ocio, conseguimos unas buenas condiciones para la crianza del  poeta y el narrador que necesita mucho tiempo libre y sosiego para meditar sobre sí mismo y lo que le rodea. Sólo después de largos periodos de recogimiento, el poeta y narrador descubre que el pueblo atesora una inagotable cantera de historias y desde ese momento emprende la tarea de darle forma a alguna de ellas, igual que el escultor clava el cincel en la piedra animado por la idea de que dentro de ese bloque hay una obra de arte que está pidiendo salir a la luz. Hago mías las palabras de Faulkner cuando decía que su tierra ocupaba en el mapa menos que un sello de correos pero no tendría bastante con una vida entera para contar toda su historia.

Además de esta ilustre cuadrilla de poetas y narradores del terreno que cada año nos muestra lo más granado de su obra, hay otros letraheridos que todavía no se atreven a salir del armario literario. Yo desde aquí les animo a que lo hagan sin ningún temor porque todos son necesarios, cuantos más mejor porque nunca por mucho trigo ha sido mal año. Decía el Che que  vivir no es necesario pero navegar sí y los poetas son navegantes solitarios que despliegan la vela del folio en blanco y se lanzan bolígrafo en mano, a modo de timón, a navegar por los infinitos mares de la imaginación. Siempre hacen falta poetas y narradores como hacen falta donantes de sangre o de órganos. Y ninguno sobra, porque todos, desde autor más sencillo que no se complica mucho la vida y encaja sus versos con rimas más o menos fáciles y festivas hasta el poeta más atormentado, oscuro e ininteligible o el cuentista más raro tienen una voz única e irrepetible que debe salir a la luz. Una voz tan personal como su huella dactilar o su ADN.

Necesitamos como agua de mayo sus reflexiones sobre el vivir, sus historias del corazón contadas con esa voz única y esa mirada rabiosamente personal. Para mí son verdaderos aventureros adentrándose en el misterioso e inabarcable bosque de las palabras, explorando los oscuros y laberínticos rincones de la conciencia, indagando con paciencia y tenacidad en la naturaleza de los sentimientos. Hay gente que tiene a los poetas y narradores por gente ociosa y floja cuando es la gente más trabajadora, valiente y tenaz que existe porque no hay tarea más titánica que desnudarse ante los demás, despojarse de todas las máscaras y enfrentarse no sólo a los demás, sino, y sobre todo, a uno mismo a pecho descubierto sin  prejuicios ni vergüenzas, dispuesto a todo por extraer un poco de belleza y verdad de este perro mundo.

No es tarea sencilla explicar y al mismo tiempo explicarse a sí mismo esta vida a veces tan tan infame y repulsiva, tan despreciable e indecente y a veces tan fascinante y prodigiosa, tan admirable, tan maravillosa. No es nada fácil ni inocuo, ni desde luego un juego inocente, un pasatiempo sin más,  ahondar en las emociones, meditar sobre la naturaleza del amor y del desamor, del placer y el dolor, del paso del tiempo; escarbar en los sueños y las pesadillas, en la soledad y en la muerte. No es nada fácil avanzar en medio de la intemperie existencial, del permanente conflicto del vivir, luchar contra los propios fantasmas, ángeles y demonios y después contarlo de la forma más bella posible. Vosotros, hermanos poetas y narradores, de aquí, de allá y de todas partes, hacéis posible el milagro de que al leeros podamos vivir otras vidas y así enriquecer las nuestras. Mi más sincero agradecimiento por mostrarnos los territorios de vuestra imaginación y ser guiados por vuestras palabras como un rastro luminoso que nos lleva a sitios donde nunca habríamos llegado por nuestros propios medios y desde donde, gracias a vosotros, encontramos nuevos caminos. Desde estas líneas os felicito y  animo a que sigáis escribiendo, a que sigáis desnudando vuestro corazón haciéndonos a todos un poco mejores. Que las musas sean con vosotros como viejas y sabias amantes que os quieren como sois  y os dan todo sin pediros nada.

Que por muchos años sigáis cada uno desde vuestro rincón buscando la belleza con pasión porque la belleza es verdad y la verdad es belleza y esa búsqueda sin fin es la tarea más noble a la que puede entregarse cualquier ser humano.

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