El movimiento político Podemos, que no es un partido político en el sentido clásico tal como les gusta decir a sus líderes, nació al calor de las protestas del 15 de marzo de 2011. Más tarde, vinieron nuevas protestas y concentraciones en toda España denunciando el clima de corrupción galopante que vivía el país, la gravísima situación económica que machacaba a los sectores más débiles -jóvenes desempleados, pensionados y clases medias bajas- y los recortes y ajustes sociales llevados a cabo por un ejecutivo que tan solo seguía las instrucciones de la conocida troika para sacar a la nación de la crisis.

El “espontáneo” estallido de estas protestas, atizado desde la extrema izquierda de Izquierda Unida (IU) y otros sectores que hasta entonces no habían entrado en política, como los denominados “indignados”, llegó a la necesidad, una vez comprobado el éxito del movimiento de repulsa social, de conformar y vertebrar una alternativa política diferente a la de los partidos clásicos, pero especialmente a los dos grandes: Partido Popular (PP) y Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

conformar y vertebrar una alternativa política diferente a la de los partidos clásicos

En muy poco tiempo, el verdadero urdidor de toda esta trama política, Juan Carlos Monedero, fundó Podemos, recabó apoyos en el exterior, sobre todo procedentes de Irán y Venezuela, organizó a sus huestes y captó a la muchachada fiel a sus delirios políticos. Pero, sobre todo, tenía fondos, tal como se comprobó más tarde, para dar la batalla porque como decía Winston Churchill “para ganar una guerra solo hacen falta tres cosas: dinero, dinero y dinero”. Pero, precisamente, ese fue su talón de Aquiles y se vio inmerso en un escándalo monumental tras “olvidar” en su declaración a Hacienda informar acerca de una cantidad cercana al millón de euros percibidos por el mismo. Sin embargo, entre bambalinas Monedero sigue ejerciendo su poder como si tal cosa.

para ganar una guerra solo hacen falta tres cosas: dinero, dinero y dinero

Procedente de Izquierda Unida, Monedero llevaba años intentando organizar y conformar una nueva formación de izquierdas claramente antisistema a la que se le hubiera venido a unir el excoordinador general de esta formación Gaspar Llamazares. El invento no prosperó porque Llamazares a última hora se echó para atrás, en un gesto de cobardía política, y el intento terminó en la creación de ese engendro intelectual denominado Izquierda Anticapitalista, tan exitoso en la captación de cuadros intelectuales como tan fracasado en el ámbito de ser realmente una alternativa electoral y política a IU.

Podemos, llamado a ocupar el espacio de Izquierda Unida y arañar votos al PSOE

Aprovechando el descontento de aquel marzo de 2011, que ya venía de antes y fue creciendo como una marea hasta el 2014, Podemos supo extraer las fuerzas y los votos de una IU agónica, carente de una verdadera estrategia política y ya muy alejada de los nuevos movimientos sociales de protesta y, sobre todo, de los jóvenes. No muy lejos queda en nuestro recuerdo aquellas imágenes de los jóvenes indignados que participaban en un desahucio echando casi a patadas y al grito de “No nos representan” al coordinador general de la IU de entonces, Cayo Lara, y dejando bien claro que esa no era su forma de entender a la izquierda y que los tiros iban por otro lado. Desde entonces, la ruptura, la larga distancia entre el nuevo movimientos en ciernes, Podemos, y una agónica y decrépita IU, hija del ya casi desaparecido Partido Comunista de España (PCE), se fue agrandando.

los jóvenes indignados dejaron muy claro que aquella (la de cayo lara) no era su forma de entender la izquierda

El nuevo movimiento nacía como una fuerza antisistema, republicana, populista, laica y, sobre todo, muy enraizada y conectada con los sectores más jóvenes que habían quedado al margen del sistema durante años. Era un cambio político, pero también generacional, en el sentido que los más jóvenes en España estaban expresando su descontento por haber quedado fuera del sistema político y por no haber tenido encaje en los partidos tradicionales. En la franja de edad que va de los 18 a los 35 años, Podemos barre literalmente y se sitúa a mucha distancia de los dos grandes partidos -PP y PSOE-, mientras que a partir de esa franja su apoyo electoral comienza a decaer hasta llegar a la frontera de los 60 años, donde el PP comienza a recibir sus máximos apoyos e incluso lidera, aunque a duras penas, la intención de voto, tal como revelan casi todos los estudios de opinión.

El problema radica en que si Podemos quiere ser una alternativa a los dos grandes partidos, como siempre lo han pretendido sus máximos líderes, debería haber cambiado su discurso  político hace tiempo. Su intransigencia hacia determinados temas -Fuerzas Armadas, Constitución y forma de gobierno-, los gestos “góticos” y poco institucionales de algunos de sus alcaldes electos -como, por ejemplo, Kichi de Cádiz, Manuela Carmena de Madrid y Ada Colau de Barcelona-, por citar algunos ejemplos de los más conocidos, y la incapacidad para llegar a acuerdos con otras fuerzas, sobre todo por su por prepotencia ideológica y narcisismo congénito, les han situado en una posición donde solo consiguen captar votos de la izquierda crítica con el PSOE, la extrema izquierda y sectores descontentos con algunas fuerzas antisistema hoy en crisis, como por ejemplo Bildu, que pierde su segundo lugar en Euskadi en favor de Podemos.

Podemos no capta votos en los caladeros del centro y la derecha

Sin embargo, Podemos no ha conseguido calar en los sectores más moderados de la sociedad española, situada claramente en el centro izquierda, y está muy lejos de llegar un día a alcanzar la mayoría social. Aún en el caso de que Podemos llegue a un acuerdo finalmente con IU dudo mucho de que dicha coalición o confluencia llegue algún día alcanzar los resultados obtenidos por el PSOE en sus mejores años, como esos once millones de votos y 164 escaños cosechados por Zapatero en las elecciones de 2004.

Lejos de haberse abierto a otros “caladeros” electorales, que les hubiera dado la posibilidad de crecer quizá sin haber perdido lo que ya tenían, los líderes de Podemos se siguieron comportando como un partido radical, ajeno a los hábitos democráticos y poco enraizado en las vías institucionales, dando una imagen rupturista y generando el temor en numerosos sectores sociales -su rechazo sigue siendo muy alto en los sondeos publicados-.

Mucha gente les tiene miedo y prefieren lo malo conocido a lo malo por conocer

Los dirigentes de Podemos tuvieron la oportunidad de moderarse en estos meses transcurridos desde las elecciones de diciembre, pero no lo hicieron y incontinencia verbal les pasará factura con toda seguridad. Han sido demasiadas boutades y meteduras de pata para ahora poder rectificar y ser capaces de ampliar su techo electoral. Mucha gente les tiene miedo y prefieren lo malo conocido a lo malo por conocer, como dice el viejo adagio popular. Decía Groucho Marx que es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas.

Esa será la verdadera tragedia paradójica de Podemos: que habiendo sido un proyecto exitoso y revolucionario en sus inicios no ha sido capaz de convertirse en fuerza central y decisiva en el sistema político, algo que hasta Hitler entendió en su momento y le acabó dando el poder, al ganarse a las atemorizadas clases medias que temían al comunismo emergente más que al nazismo, por la vía electoral en la Alemania de los años treinta.

Podemos no ha sido capaz hasta ahora de captar votos en los caladeros del centro izquierda y la derecha, lo cual deja que su techo, por ahora, no vaya a ir más allá del 22-25%, en clara competencia con el PSOE por ese segmento pero muy lejos de llegar a ser una verdadera alternativa de gobierno como sus líderes hubiera querido.

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