Vivimos en una sociedad donde la preocupación por llevar una vida sana, aumenta año a año, hasta generar un negocio de cifras multimillonarias. Pero junto a este hecho, existe una fuerte contradicción publicitaria y de negocio que incita a nuestros menores a consumir productos que no son nada saludables para su salud, con el consentimiento y la vista gorda de las autoridades y de los propios progenitores.

Digo esto, porque ir a pagar con un niño en una gasolinera o en un hipermercado, se ha convertido en una batalla familiar donde los menores al tener que esperar o pasar hacia la caja se encuentran con un pasillo de las tentaciones, puesto deliberadamente a la altura de sus ojos, para que consuman todo tipo de bollería industrial, caramelos azucarados, chicles y golosinas varias, que con ofertas que no lo son tanto son un reclamo muy tentador que engorda la cuenta de resultados de esas empresas y deteriora la salud de nuestros pequeños e incluso la nuestra.

Alguno pensará que exagero, otro con hijos habrán sufrido y sufren la presión de los pequeños en esos lugares con la frase famosa “si solo es un euro, o dos… Pero ¿Sabemos que el 30 por ciento de los niños españoles padece sobrepeso u obesidad? Un 12 por ciento obesidad y un 8 por ciento sobrepeso. ¿Sabemos que el sobrepeso infantil está causado por unos malos hábitos alimentarios y por la falta de información y de concienciación de los padres y las madres?

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI a nivel mundial. Y son necesarias acciones urgentes por parte de todos. La magnitud del desafío se observa en los datos. En 2016, había 124 millones de niños y adolescentes obesos y 213 millones con sobrepeso. Un escándalo sin precedentes en la historia de la humanidad, que todavía es más grave si comparamos los cifras entre los años 1975 y 2016. En el año 1975, había 11 millones de niños y niñas con este problema de salud, mientras que en el año 2016 hay 124 millones de niños y niñas obesos. Concretamente, las niñas con obesidad pasaron de ser cinco millones a 50 millones. Y los niños, de seis millones a 74 millones. Según el Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En España, se ha cuadruplicado la prevalencia de la obesidad en el mismo periodo. Muchos son los factores. Por un lado, hay que destacar, para corregirlo, que los gobiernos de los países desarrollados han hecho más caso a los lobbies de las grandes compañías de alimentación y bebidas, que a la necesidad de introducir impuestos, regulaciones y restricciones industriales que favorezcan la salud de toda la población y especialmente de los menores.

Por otro, también nos encontramos con unos padres y madres que no tienen conciencia del grave problema de salud que supone la posible obesidad de sus hijos, y no les preocupa lo suficiente su exceso de peso. Sólo el 27 por ciento de los padres cuyos hijos tienen exceso de peso es consciente del problema.

Pero además, los que sí son conscientes del problema de la obesidad lo perciben únicamente como una situación pasajera y no creen que tengan que tomar medidas al respecto, como señalan los resultados del IV Observatorio Nestlé sobre Hábitos Nutricionales y Estilos de Vida de las familias.

Según los expertos, la obesidad infantil es una enfermedad compleja con una base multifactorial. Y cuando aparece a edades tempranas tiene tendencia a continuar a lo largo de la vida, con todos los problemas que ello acarrea: más posibilidades de aparición de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, hipertensión, hiperglucemia; incremento del riesgo cardiovascular, infartos, ictus, problemas de morbilidad y de mortalidad; y relación con peores resultados psicosociales y educativos.

La buena noticia, es que la obesidad y el sobrepeso se pueden prevenir. Por ese motivo, es fundamental dar prioridad a la prevención y combate de la obesidad infantil. Es preciso, ayudar a las familias a introducir en sus rutinas diarias hábitos alimenticios y de vida saludables para luchar contra la obesidad.

Ayudar especialmente a las familias con menos recursos. Implicar a los colegios tanto en la alimentación saludable como en la promoción de la actividad física. Tomar medidas por parte de los gobiernos, donde prevalezca la salud de los ciudadanos sobre la cuenta de resultados de determinadas multinacionales. Comprometer a las familias en sus costumbres diarias. Todo ello, mejorará la vida de millones de personas en el presente y en el futuro, a la vez que se ahorrará costes millonarios en el tratamiento de enfermedades que habremos logrado reducir.

Este es el desafío. Eliminar esta plaga, junto a la otra cara de la moneda que también es terrible, el bajo peso que sufren 192 millones de menores en el mundo. La infancia es única oportunidad única para mejorar la vida de las personas el resto de su vida y para mejorar el mundo. Hagámoslo.

 

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